En la intersección de las calles Hill y Pool aún no se ha borrado la sangre de Johan Sebastián Durán Guerrero, el colombiano de 26 años que murió por los tiros de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) el lunes pasado en la ciudad de Biddeford, en el Estado de Maine. En el asfalto, pintado con tiza, se puede leer “This is blood (esto es sangre)”, al lado de las manchas que tiñen la calle. En la esquina, los vecinos han montado un altar. Flores, carteles contra el ICE y mensajes de cariño para la víctima -quien deja una mujer y una niña de tres años- muestran la indignación de una comunidad que cree que la muerte de Durán Guerrero debía haberse evitado.
“Esposaron a un muerto”: Biddeford exige respuestas por la muerte de Johan Sebastian Durán Guerrero










