Vino a Buenos Aires para recibir el título de Personalidad Destacada de la Cultura, que la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le dio como merecido premio a su trayectoria internacional y a su rol como embajador del diseño argentino.
En su agenda están previstos unos días en Junín, en la provincia bonaerense, donde nació y tiene su familia -hermanos y sobrinos- pero Viva pudo entrevistarlo antes del viaje y escuchar una parte de su historia con la moda. Una historia que enhebra anécdotas con Manuel Lamarca, Susana Giménez, Catherine Zeta Jones, Eva Longoria y Maye Musk -entre otras celebrities- y un recorrido por capitales de la moda como París, Roma, Milán, Miami y Nueva York, donde tiene su atelier.
Cuenta que desde chico quería ser actor o diseñador de modas, que se escapaba de Junín en tren para Buenos Aires y que, en la gran ciudad, recorría todos los canales de tevé pero también calles emblemáticas como la Avenida Santa Fe. Justo en la esquina con Callao, vio una tienda de ropa y entró. Recuerda que lo atendió la dueña, la señora Mela y que, con 17 años llenos de ilusión y pasión, consiguió trabajo en esa casa de moda.
Mientras devoraba cada detalle del efervescente mundo fashion, la misma propietaria lo conectó con el diseñador Manuel Lamarca que tenía su atelier en Ayacucho y Parera. “Trabajaba desde la mañana y a las cuatro y media de la tarde iba a lo de Manuel, quien me enseñaba desde el trato con las clientas hasta la mínima puntada, el diseño o la terminación… Fue mi primer maestro, hace 40 años”.
-Tuviste el privilegio de tenerlo como maestro particular…
-Sí, porque después fue cofundador de la carrera de diseño de indumentaria en la UBA. Un lujo.
-Buenos Aires fue el primer gran paso, pero quedaba seguir viendo el mundo.
-Siempre tuve la idea de irme a Estados Unidos o a Europa. Mi bisabuelo, Enrico Dell’ Acqua fue pionero de la industria textil en Milán y luego en Sudamérica. Tiene un par de monumentos, se escribió un libro sobre él… Ya en la Argentina abrió fábricas en Retiro y Almagro, vivía en Belgrano. Tuvo dos hijos, una fue mi madre…
Y después de Manuel, me fui a Miami. Llegué, y como había hecho con los canales de tevé, recorrí las tiendas de moda. Llegué a Bal Harbour, que era un polo de alta costura y entré a Neiman Marcus. En el Couture Salon estaba la ropa de Thierry Mugler y Valentino que me encantaban, por las siluetas con cintura marcada y quedé enamorado.
Uno de los diseños de Cadile, donde el volúmen es protagonista.Volé al departamento de Recursos Humanos y a los tres días me contrataron como recibidor de mercadería de alta costura. ¡Yo no hablaba inglés! Recibía las cajas de Europa, revisaba las prendas, iban a planchado y cambiaba las etiquetas por la de Neiman Marcus.
Hice esto por 3 meses y fui a ver a la directora del departamento de alta costura para decirle que yo sería diseñador de moda. Explicame quién es y cómo es la clienta que te compra estos vestidos de alta costura, qué cuerpo tiene, a qué eventos va, le pedí. Me escuchó y me dijo ya mismo te venís a trabajar conmigo.
Era una francesa, Martine Anderson y hablaba español, francés e inglés. Puso mi escritorio junto al de ella. Me traía una chaqueta de Guy Laroche y me pedía que dibujara una versión propia. También me encargaba el desarrollo de eventos y desfiles cuando los diseñadores venían a la tienda, por ejemplo, el de Michael Kors.
-¿Cómo ingresás a estudiar moda en Miami?
-Primero tuve que ordenar mi documentación y tardó. Y un viernes, Martine me llevó al International Fine Arts. ¡Me habían becado para estudiar alta costura! Lo más gracioso es que yo le había mostrado un dibujo que había hecho cuando tenía 13 años.
Era de Eva Perón, con un vestido súper elegante con la bandera de Argentina y ella tirando monedas de oro. Y con ese dibujo me becaron. Ella había vivido en Junín, mi casa estaba enfrente y yo tuve acceso a los vestidos que le compraba a Christian Dior.
Sus vestidos combinan trabajo artesanal, sofisticación e identidad propia.-¿Podías trabajar y cursar al mismo tiempo?
-Iba y venía, de Neiman a clase. Llegó un momento en que la universidad me exigió mucho. Llevaban mis proyectos a las competencias de Air France, a la de Hispanic Designers que gané y viajé a Washington DC, con Narciso Rodríguez y Oscar de la Renta. Ahí la editora de moda de Vogue, que era Candy Price en ese momento, me entregó el premio.
-¿Cuándo decidís irte a Italia?
– Hice mi desfile de graduación con tres modelos. Uno de ellos, como ganador de ropa de noche de la universidad, se publicó en el Miami Herald, y un diseñador, el romano, milanés y austríaco príncipe Egon von Fürstenberg vio el diario. Llamó a la escuela y pidió conocerme.
Me ofreció llevarme a Italia, pero yo debía tres materias. Sin embargo, en la universidad me dieron el ok para que viajara y las rindiera a mi regreso. La misma directora consideró que era muy importante que un alumno hiciera experiencia en Europa.
-Y en su radar apareció Susana Giménez.
-Justo. Un amigo me avisó que Susana estaba en un hotel de Ocean Drive, filmando su programa en Miami. Corrí a verla con las fotos de mi desfile. Sabía que ella adoraba a Thierry Mugler y pensaba que, si le gustaba mi ropa, me haría una carta de recomendación para Mugler. ¡Mirá lo audaz de mi pensamiento!
No me dejaban entrar, pero en ese momento subían al ascensor Susana, con Jazmín y Miguel Romano. Lo agarré a Miguel del brazo, le conté quién era y a él le gustó lo que vio. ¡A Susana le va a encantar! comentó. Fuimos al camarín y nos presentamos. ¡Éste es divino, traémelo mañana que me lo pongo! dijo Susana. ¡Te imaginás lo que sentí en ese momento! Era 1997, yo tenía 28 años y explotaba de felicidad.
El diseñador apuesta por una silueta de inspiración clásica.-Susana se puso mi vestido con zapatos Gucci y sentí una emoción enorme. Le quedó perfecto porque la tela era un tipo de lycra, con cristales Swarovski. Además, el diseño era drapeado y la favorecía un montón.
Me agradeció y me dio toda la información para llegar a Madame Kouka, Directora de Alta Costura y Relaciones Públicas para Thierry Mugler, adonde yo quería llegar. (Kouka, argentina nacida en Flores, había sido modelo de alta costura).
-Cambió Milán por París.
-Sí, mi prioridad era hablar con Madame Kouka y pedirle trabajo. Me mostró toda la maison y los books con todos los vestidos de Mugler que ella desfiló. Y me dio su opinión. Yo no hablaba francés y sería más simple para mí hacer experiencia en Milán, donde ya tenía el contacto de Egon von Fürstenberg. Y me fui.
Él había cerrado el área de diseño de moda y estaba haciendo muebles en Sicilia. Me atendió Simona, que había quedado en el atelier milanés. Al verme tan decepcionado, me tranquilizó diciéndome que Egon regresaba en una semana. Durante esos días, me hacía ir al atelier -que estaba cerrado- a dibujar y preparar bocetos para Egon. Cuando llegó, tenía un board en la pared con toda una colección hecha.
Me inspiré en el hielo, en Ana Karenina -el personaje de León Tolstoi- porque Simona me dio el dato que a él le gustaba. Cuando vio los 60 modelos que le había diseñado me dijo, está bien. Vamos a hacer Donna Sotto Le Stelle, un desfile en las escaleras de la Piazza Spagna. ¡No lo podía creer!¡La que cerró ese desfile fue Romina Power, la hija de Tyrone! ¡Y en primera fila estaba Sofía Loren!
Con su trayectoria internacional, ayudó a posicionar el diseño argentino en el mundo.-¿Quiénes se enteraron de este suceso?
-No había celular y desde un teléfono público que me prestaban, llamé a mi mamá, mis amigos y gente de la universidad. Tenía que hacer una hombrera y no sabía bien cómo armarla, entonces llamaba a mi profesora de moldería para que me lo explicara… ¡Una locura!
-¿Por qué dejás Europa y volvés a Estados Unidos?
-Primero quise trabajar en las grandes marcas europeas. Gucci, Salvatore Ferragamo en Florencia, Prada en Milán. Fui a una feria de telas, buscaba géneros para Max Mara porque quería aplicar y se me acercaron unas personas, ponderando la selección de textiles que había hecho.
Eran de la compañía Perry Ellis y me ofrecían trabajo en Nueva York. No les había gustado lo que Marc Jacobs les había diseñado y me contrataron, con la dirección de Patrick Robinson ex Paco Rabanne. Además de diseñar, viajaba por distintos países para chequear las licencias de la marca. También iba a desfiles y llevaba a Nueva York las tendencias, los colores, los estilos.
-¿Y cuándo hacés tu primera colección en la Gran Manzana?
-Un amigo me presentó a una mujer que quería un vestido para su boda, se lo hice y me invitó a una fiesta espectacular. Vieron mi vestido, le mandaron una foto a la directora de Neiman Marcus de NY, Joan Kaner y me llamó. La veo, le cuento que había empezado en la firma, pero en Miami y me pidió un board de presentación para la empresa.
Entré a su oficina donde estaban todos los compradores de Neiman Marcus. Kaner vio lo que había preparado y dijo, este chico es alta costura. Y agregó que había un espacio vacante en el show room. Fue entonces cuando hice mi primera colección y se la vendí a Neiman Marcus.
Los bordados y apliques florales reflejan su trabajo artesanal.Por las mías, le mandé fotos de las prendas a Eva Longoria, que en ese tiempo hacía el éxito Amas de casa desesperadas. Ella estaba en Los Ángeles, en su oficina de prensa, y justo allí yo había mandado las fotos. ¡El universo conspiró a mi favor! A ella le encantó la ropa, volvió a Nueva York y empecé a vestirla. Iba a mi estudio mínimo, pero en el Garment District de Manhattan.
-Por Eva Duarte le dan una beca, por Eva Longoria…
-(Risas) Por Longoria me llama Catherine Zeta Jones que estaba en su casa de Bermudas y la había visto en una revista. Tenía una gala muy importante en Nueva York y los vestidos que había recibido no le gustaban. Me pidió uno, pero no podía probarse; tendría que trabajarlo solo con sus medidas.
Yo la había visto en Milán, en la red carpet de la película El Zorro. Ese día me enamoré de ella y le dibujé vestidos toda esa noche. Diez años después, sucedió la magia. Le mandé el vestido a un hotel, sin verla, se lo puso y siguió llamándome para otros eventos.
Después ya iba a su casa, en Central Park West, donde muchas veces su marido, Michael Douglas, elegía las telas. En ese momento Susana Giménez estaba con Mecha en Nueva York y me quiso ver. ¡Te venís conmigo a Buenos Aires para el Martín Fierro y me acompañás a la fiesta! Le hice un vestido azul y ganó.
Susana lució este modelo de Cadile en una ceremonia de los Martín Fierro.-Escuchándote, tengo que decir que el universo premió tu talento con mucha suerte.
-En pandemia, muchas clientas se mudaron a Miami. Pero encontré un lugar de lujo en el Aventura Mall de Miami y llevé todos los vestidos de fiesta y trajes de novia. Mi tienda se llamaba Altar y vendí muy bien. Pero, no tuve suerte con los despachos que hice para las grandes marcas, ninguna pagó. ¡Me devolvieron como 25 cajas! Una clienta que se casaba se quedó sin traje porque Bergdorf Goodman cerró por meses.
A las de la colectividad judía no les importaba la pandemia, seguían haciendo fiestas y se casaban. Venían a comprarme a mi casa de Nueva York donde puse una mesa de corte y una máquina de coser, donde cosía una modista que venía de incógnito. ¡Las clientas llegaban con barbijo y los maridos me pedían el certificado de vacunación para el Covid!










