La policía autónoma de Escocia, Police Scotland, se enfrenta estos días al mismo examen de conciencia que tuvo que realizar el principal cuerpo de seguridad de Inglaterra, la Policía Metropolitana de Londres (conocida universalmente como New Scotland Yard) hace más de tres años. Una investigación interna, revelada por la BBC, ha expuesto cómo durante 14 años seguidos un agente atacó y violó a numerosas mujeres sin desatar ninguna alerta.
Alan Greer, de 47 años, casado y con un hijo, se suicidó en abril después de que la policía irrumpiera en su vivienda y llevara a cabo un registro del que extrajo numerosas pruebas de su doble vida y de sus presuntas actividades criminales.
La primera de sus víctimas fue una mujer que llamó a la policía en 2012 para denunciar un altercado violento en su domicilio. Dos agentes uniformados se presentaron en la vivienda para tomarle declaración y marcharse poco después. Greer era uno de ellos, y horas más tarde regresó a la casa para abusar sexualmente de la mujer y acabar violándola.
Trece años después, en 2025, la víctima se vio con fuerzas para denunciar. El caso pasó a manos de la Unidad Anticorrupción de la policía escocesa, que comenzó a rastrear en el tiempo el rastro del agresor, para poder averiguar de quién se trataba.
A partir de la llamada que ella hizo en 2012 pudieron identificar a los agentes que se personaron en la escena del crimen. Y después comprobaron que Greer, en las semanas posteriores a aquella denuncia, entró en el sistema informático de la policía para rastrear el historial delictivo de la mujer, con la intención, sospechan los investigadores, de averiguar si había revelado algo sobre lo que le ocurrió aquel día.
A lo largo de la investigación se pudo comprobar que Greer había atacado sexualmente al menos a otras ocho mujeres, de las cuales seis eran prostitutas. Las pesquisas revelaron cómo el agente había utilizado a lo largo de los años los servicios de cientos de estas mujeres, y todo sugiere que el número de víctimas podría ser superior al conocido hasta ahora.
En el registro de su domicilio fueron requisados hasta siete teléfonos móviles y una computadora portátil. Los miles de videos y fotos extraídas de aquellos aparatos confirmaron las actividades de Greer a lo largo de los años.
“Este agente abusó de un modo claro de su poder, cuando se decidió a volver a visitar a alguien a quien había conocido cuando estaba de servicio. La víctima, sin embargo, fue lo suficientemente valiente como para acudir a la policía, y eso sirvió como detonante de una investigación que nos ha permitido identificar al menos a otras ocho más”, ha explicado Lynn Ratcliff, la comisaria adjunta de la policía escocesa.
El sospechoso había nacido en Australia pero se instaló con su familia en el Reino Unido cuando tenía seis años. Ingresó en el cuerpo policial en 2009 y desde entonces, hasta ahora, su historial era impecable. Comenzó trabajando como oficial uniformado en la ciudad de Glasgow, pero siete años más tarde logró un puesto en formación de agentes para reforzar su seguridad, concentrado tanto en adiestrar a los policías que se hallaban en periodo de prueba o a los que necesitaban nueva formación.
Nadie, ni en su entorno familiar ni el laboral, sospechaba de la doble vida de Greer, según ha informado la policía escocesa, que insiste en que nunca se dieron señales o incidentes que hubieran alertado de su conducta y permitido una investigación más temprana.
El precedente de Wayne Couzens
El caso de Greers ha traído a la memoria de muchos de los implicados en la investigación el de Wayne Couzens, el agente que violó y asesinó a la joven Sarah Everard en 2021. Su crimen desató un movimiento sin precedentes en Londres de miles de mujeres, que reclamaron mayor seguridad, e impulsó una investigación interna sobre los métodos y actitudes de la policía metropolitana que reveló una profunda misoginia en el cuerpo.
A partir del caso Everard, violada y descuartizada por Couzens —hoy condenado a cadena perpetua—, algunas mujeres reunieron el valor para comenzar a denunciar otros casos de abusos policiales. A mediados de enero de 2023, David Carrick (48 años), conocido entre los compañeros del cuerpo como Bastard Dave (Dave el Bastardo, o el hijoputa) por su carácter agresivo, admitía ante un tribunal de Southwark, en Londres, su culpabilidad en más de 80 delitos, incluidas 48 violaciones a 12 mujeres, a lo largo de dos décadas.
El informe fue encargado por el alcalde de la capital británica, Sadiq Khan, a la baronesa Louise Casey, una figura independiente y respetada por años de trabajo en defensa de víctimas de abusos y personas sin hogar. El documento, de 363 páginas, resultó demoledor. Reflejaba una institución podrida y plagada de “racismo institucional, misoginia y homofobia” que ya no gozaba de la confianza y el apoyo de los ciudadanos británicos.
La policía escocesa se ha resistido hasta el momento a establecer comparaciones con aquel caso. “En esta fase de la investigación, no existen pruebas que sugieran algo similar [en el sentido de señales de alerta ignoradas], pero seguiremos revisando el asunto, porque en investigaciones internas como la llevada a cabo queremos asegurarnos de que se aprendan las lecciones necesarias”, ha dicho la comisaria adjunta Ratcliff.










