Nasry Asfura llegó a la Presidencia de Honduras con una promesa que marca el curso de su administración: reducir el Estado para hacerlo más austero y “eficiente” en un país de 11 millones de habitantes. En una toma de posesión sencilla, el 27 de enero, tras unas elecciones marcadas por denuncias de irregularidades, el nuevo mandatario, respaldado por el presidente estadounidense Donald Trump, pidió que lo juzgaran por sus hechos y prometió ponerse a trabajar de inmediato. Seis meses después, con un balance salpicado por la ineficacia y el descontento, su Gobierno se prepara para enfrentar la inminente llegada del expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos e indultado por Trump.
Honduras bajo Asfura: entre recortes al Estado, violencia y la sombra de Juan Orlando Hernández










