La hemos vivido antes. La han practicado. Con denuedo y hostigamiento. Intencionada, ergo, dolosamente. El cálculo político sucumbe a la mediocridad. Apenas hay país que quede indemne. El retroceso intelectual, ético y moral continúa, sin apenas margen para la esperanza. El mundo bascula hacia los extremismos, henchidos todos ellos de demagogia. Probablemente la peor de las formas de gobierno como nos enseñaron los griegos. El espejo más fiel de una sociedad indolente, atrabiliaria y permisiva con todo. Tal vez inconsciente y pasivamente todos la hemos facilitado y permitido. En nuestro día a día, con nuestros comportamientos pasivos y aceptaciones de un statu quo que nos ha debilitado como ciudadanos. Categoría esta última que en no todos los países existe siquiera. O tal vez, por qué no, hemos insuflado a esa pira brisas despechadas, avivadoras de viejos fuegos.










