Dos científicas recorren las rutas argentinas rumbo al sur para observar un fenómeno astronómico extraordinario. Sin embargo, el verdadero viaje ocurre mientras avanzan los kilómetros: conversaciones sobre amistad, ciencia, frustraciones, identidad, naturaleza y futuro convierten ese trayecto en una reflexión sobre el presente. Así nació YEN2, la primera creación original de la compañía integrada por Julieta Concilio, Josefina Boscaroli y la directora Denise Pochelú, que estrenó en el Teatro Border y propone una experiencia donde el lenguaje teatral dialoga con el universo de las road movies. Responden Boscaroli y Concilio: “La idea del viaje apareció desde el comienzo del proceso de escritura. Nos interesaba la poesía del trayecto, del movimiento y del proceso, en contraposición con la idea de que todo parece resumirse al destino final o al logro. En una época donde las redes sociales generan la sensación permanente de que siempre estamos llegando tarde, pensar el viaje fue también una forma de reconciliarnos con nuestros propios tiempos. La obra tardó dos años en llegar al escenario y muchos más en convertirse en una idea concreta. Esa experiencia terminó siendo parte de la dramaturgia”.
—Las protagonistas son dos científicas que observan un mismo fenómeno desde perspectivas diferentes. ¿Qué les interesaba explorar con esa decisión?
—Queríamos trabajar con la idea de los opuestos complementarios. Zeta y Cacha representan formas distintas de mirar el mundo. Una encuentra seguridad en los métodos y en el orden; la otra necesita preguntarse constantemente qué hay detrás de las cosas. Ambas estudian el cielo, pero desde disciplinas diferentes y con sensibilidades distintas. Lo interesante es que ninguna alcanza sola aquello que busca. Se necesitan mutuamente y eso también habla de cómo se construye el conocimiento y de cómo funcionan los vínculos.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
—La obra también parece preguntarse si todavía es posible construir una verdad compartida.
—Sí. Vivimos en un momento donde todo parece dividirse entre posiciones irreconciliables. En YEN2 nos interesaba mostrar que dos personas pueden pensar distinto y, aun así, escucharse. La empatía aparece como una herramienta para convivir y para revisar nuestras propias certezas. Más que defender una única verdad, la obra propone aceptar que existen múltiples miradas y que el diálogo puede construir algo más complejo y más humano.
—¿Qué Argentina aparece durante ese recorrido?
—Al principio el paisaje funciona como un fondo: barrios, rutas y bosques proyectados detrás de las actrices. Pero poco a poco empieza a convertirse en un personaje más. A medida que avanza el viaje, también aparecen las amenazas sobre esos territorios y sobre aquello que las protagonistas intentan estudiar. Esa transformación del paisaje termina dialogando con la realidad argentina actual y con preguntas que atraviesan a toda una generación.
—El humor ocupa un lugar muy importante. ¿Cómo evitaron que funcionara solamente como alivio?
—Nunca pensamos el humor como un recurso separado del resto de la obra. Forma parte de la manera en que los personajes habitan el mundo. Convive con el drama, los silencios, la contemplación y las contradicciones. Muchas veces la risa aparece justamente cuando los personajes están mostrando algo muy vulnerable. Eso permite que el público se reconozca en situaciones cotidianas sin perder profundidad.
—¿Qué les permitió el teatro que quizás no hubiera sido posible en otro lenguaje?
—Desde el principio imaginamos esta historia para el escenario. Las limitaciones de contar un viaje entero dentro de un auto terminaron obligándonos a encontrar un lenguaje propio. Mezclamos clown, teatro físico, mimo y actuación naturalista con imágenes filmadas por nosotras mismas durante distintos recorridos.
“Apostamos por la ternura”
J.Z.
—¿Cuál fue el recorrido durante el proceso de escritura?
—Lo primero que surgió fue el movimiento. Todos los recorridos que hicimos estuvieron atravesados por eso: a partir de improvisaciones escribíamos escenas que después volvían a modificarse con el cuerpo otra vez en movimiento. Pero el recorrido más importante fue el de la creación colectiva de una obra de teatro independiente, hecha en Argentina, entre cinco mujeres, que habla de temas que nos atraviesan como la amistad, las formas del amor, el miedo al rechazo, el perfeccionismo, las identidades sexuales, las mujeres en la ciencia, el cambio climático y la política social contemporánea. YEN2 no busca dejar al público pensando en un solo tema, sino abrir un abanico de diálogos sobre la profundidad humana.
—¿Qué significó poner a dos personas a conversar durante kilómetros de ruta?
—Fue una apuesta dramatúrgica. En un contexto donde todo pasa todo el tiempo y en todo lugar, elegimos mostrar a dos personas vulnerables que conversan cara a cara durante kilómetros de ruta, priorizando la escucha mutua, la contemplación en compañía y las conversaciones trascendentales. Después tendrán que enfrentarse a la naturaleza, aislada del mundo que no la mira, dispuesta ante sus propios ojos.
—¿Cómo dialoga esta primera creación de la compañía?
—Todas las generaciones sienten en algún momento que están rotas, que el mundo se va al carajo, que el país se derrumba. En un momento de tanta bronca acumulada y tantas desgracias azotando a nuestro país y a nuestro futuro como generación, apostamos por la ternura. Apostamos por una obra sensible, por una historia de amor. También por un posicionamiento político claro, con una lectura propia de nuestra realidad actual, luchando por causas que creemos necesarias a través del arte.










