Hace dos meses, el jugador neozelandés Timothy John Payne, de 32 años, no imaginaba que le iba a resultar difícil caminar por las céntricas calles de Asunción o ingresar a un centro comercial de la capital de Paraguay sin ser reconocido entre gritos de alegría. A cada paso que da, encuentra fans que lo rodean y le piden tomarse selfies y firmarles autógrafos. Él se presta de buen grado hasta que lo vence el cansancio. “¡I’m sorry! ¡Muchas gracias!”, dice mientras busca alejarse con una incómoda sonrisa, pidiéndole a los guardias que lo ayuden a huir de un acoso al que todavía no ha aprendido a hacer frente.










