Las noticias que llegaban de las oficinas del Real Madrid en la tarde del jueves invitaban al optimismo entre los aficionados blancos después de que en los dos últimos cursos el equipo no levantara un solo título relevante, tan solo la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes en 2024. El fichaje de Yan Diomande, uno de los extremos más codiciados del planeta, por 125 millones de euros y otros 15 en variables se anunció a las cuatro de la tarde. La renovación de Vinicius, una de las piezas más determinantes de los dos dobletes de Liga-Champions de 2022 y 2024 por mucho que un sector de la afición esté desencantado con él, se hizo oficial cuatro horas más tarde. Cuando parecía que solo faltaba la firma de Rodri Hernández para poner el broche a una de las plantillas más valiosas del mundo en términos económicos —unos 1.220 millones de euros, según el portal especializado Transfermarkt—, la entidad presidida por Florentino Pérez recibió una llamada de Pablo Barquero, el agente del Balón de Oro del último Mundial, en la que le comunicó que el mediocentro español agradecía su oferta, pero que había decidido firmar por el Barcelona.
Rodri cambia de dirección: de su acercamiento al Madrid a ultimar su fichaje por el Barça










