El sonido de los martillazos y las canciones de música regional mexicana anuncian que Altadena está renaciendo. Donde hace poco más de un año solo quedaban cenizas tras el incendio Eaton, hoy se multiplican los esqueletos de madera de las casas que poco a poco recuperan su forma. El fuego, uno de los más devastadores de la historia reciente de California, cobró 19 vidas, arrasó miles de viviendas y dejó un barrio entero reducido a escombros. En una de las nuevas obras, Ian Hernández, el encargado, tiene una tarea que va más allá de supervisar a los trabajadores. Antes de llegar, revisa las redes sociales para cerciorarse de que no haya agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los alrededores. Esa mañana, asegura, comprobó que el terreno estaba despejado.














