BADA cerró sus puertas en el Pabellón Verde de La Rural, este domingo, con menos ventas y más afluencia de público. Sin duda, la Feria de Arte directa del artista al comprador se ha convertido en un paseo convocante, sobre todo de un público joven interesado en aproximarse a las artes plásticas y con intención de comprar a precios más accesibles.
La recorrida de Clarín, el último día de BADA, arroja varios datos: ya está instalada en el calendario cultural porteño como un evento masivo, hubo menos ventas de obras de mayor precio, se registraron más ventas de obras de precios bajos, y fue una edición recesiva, es decir, no se desmarcó de la situación económica general que solo sortean, con desigual suerte, los espacios gastronómicos siempre a full.
El valor de las piezas en los stands de los 300 artistas iba desde los 60 dólares a los 4.000 y más, dependiendo de los materiales y las dimensiones.
A los artistas invitados –entre otros, Sofía Wiñazki, Sara Stewart Brown, Barbara Lanata (hija del inolvidable Jorge Lanata), quien expuso por primera vez su obra fotográfica– se les pidió que tuvieran 10 obras a 100 dólares y luego podían vender por distintos precios.
Tres artistas jóvenes
A lo largo del recorrido solo una artista nos dijo que vendió “como loca”. Sofía Wiñazki –hija del célebre filósofo Miguel Wiñazki–, que, luego de revisar su cuadernito, nos contó que le compraron alrededor de 40 obras.
“Vendí un promedio de dos millones de pesos por día”, nos dijo con los ojos iluminados, mientras la seguían requiriendo más eventuales compradores en el stand que compartió con “Kiwita” Stewart Brown (quien fue pareja de Jorge Lanata). El promedio de las obras vendidas por “Sofi”, como la conocen, estuvo entre 100 y 400 dólares.
Barbara Lanata, hija del periodista Jorge Lanata, expuso por primera vez su obra fotográfica. Foto: gentileza.La obra de Stewart Brown es muy vibrante. Un mural inmenso de su autoría fue colocado en el primer tramo del recorrido de la Feria. Sara dejó atrás los papelitos diminutos en blanco que incluía en su producción artística para pasar a los colores vivos, también en pequeños cuadraditos que incorpora en soportes de distintos tamaños.
Una parte de las obras integraron su exposición en el espacio Barrakesh (vale la pena visitarlo) el año último. Kiwita vendió seis obras de 250 dólares cada una. Comparando con el año anterior, que había vendido todo lo que llevó a BADA, la diferencia este año fue notable.
La organizadora de BADA, Ana Spinetto, señaló que este año hubo artistas de diez países diferentes y que se presentaron para participar unos 5000 artistas. Hubo, además, arte digital interactivo y arte con inteligencia artificial. Discutible este último.
“Se está vendiendo muchísimo y estamos ya arriba de los 100 mil visitantes. Hubo un crecimiento en la compra de fotografía y en arte textil. En BADA se vende mucho por la diversidad de disciplinas”, subrayó Spinetto ante una consulta de Clarín, quien agregó que se vendió mucha obra de pequeño formato, y que también hubo una venta por 16.000 dólares.
Claro que su palabra no coincide con las voces que recogimos en numerosos stands. Incluso lo confirmamos con los lunares rojos pegados en las paredes de cada stand, con los que se da cuenta de las ventas: un número escaso en muchos de ellos. Nadie mejor que los protagonistas que se pasaron horas, durante cinco días, en sus espacios explicando sus procesos creativos, para dar testimonio de la edición de este año.
En BADA, el 50% de los artistas participantes llegaron por primera vez y la otra mitad ya había participado en otras ediciones. Es una Feria federal, pues hay artistas de todo el país. Un 40% de los artistas fue de la Ciudad de Buenos Aires y el 60% del resto del país, incluida la provincia de Buenos Aires.
La artista y galerista Sara Stewart Brown. Foto: gentileza.Este año la Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Leonardo Cifelli, seleccionó nueve propuestas para el stand institucional.
Surgieron del Concurso de Artistas Jóvenes. Fiel al “no hay plata” (salvo excepciones elegidas a dedo por el Gobierno) los gastos de traslado, alojamiento, viáticos, embalaje, transporte de obras, seguros e insumos para el montaje fueron responsabilidad exclusiva del artista. O sea que la única ventaja de los artistas fue que no pagaron el stand. Este año los espacios costaban entre 2.000 y 4.000 dólares. Además, la Feria cobraba entrada.
Entre los artistas seleccionados por Cultura estuvieron Samuel Paiva, de Jujuy; María Alejandra Etcheverry, de San Luis; Stefania Cartasegna, de Córdoba, y Agustina Villalba Palomino, de la provincia de Buenos Aires.
BADA 2026: más de 100 mil visitantes, menos ventas y un fuerte interés por las obras accesibles. Foto: gentileza.De camino al stand 174, donde nos esperaba la artista Angeles Estrada Vigil, nos encontramos con Ginette Reynal. Espléndida en su espacio y rodeada de sus pinturas conceptuales, le comentó a Clarín: “Vendí poco. Pero estamos hablando de la Argentina, que en todos los rubros vende menos. Tengo 20 años conectada con la pintura y yo sigo apostando al país y a BADA. En algún momento se revertirá. La gente viene y se sorprende cuando me ve como artista. Yo pinto cosas guardadas en mi alma. Esta serie que traje se llama “Tu sombra es tu luz”. Tengo obras en acrílico, acuarela y pintura fluorescente. Mis obras están entre 200 y 600 dólares, pero hoy bajo todos los precios a la mitad. Quiero que estos “hijos” circulen y la gente se los lleve.”
Una artista singular
Y llegamos al stand de Ángeles Estrada Vigil, donde nos esperaban sus tres series sorprendentes. Se titulan “Abundancia”, “Folk Pop” y “Humano Cero”. “Las tres series que construyen universos diferentes comparten una misma pregunta: ¿qué queda de lo humano detrás de los objetos, las imágenes y los rituales de la vida contemporánea?”, dice Ángeles, rodeada por sus obras y acompañada por su marido, como carta de presentación.
La artista Ángeles Estrada Vigil presentó en BADA tres series sorprendentes: “Abundancia”, “Folk Pop” y “Humano Cero”. Foto: gentileza.Nacida en Viena, la artista ha vivido en distintos países (China, entre otros) y viaja constantemente por su trabajo como fotógrafa para la ONG IISD (International Institute for Sustentable Development).
En “Abundancia”, los objetos, los símbolos populares y las figuras protectoras se acumulan y se transforman en pequeños universos cargados de deseo, memoria e ironía. La serie reúne fotografía, dibujo, modelado 3D y resina, llevando la imagen hacia una dimensión escultórica.
“Folk Pop” despliega un territorio vibrante de flores, animales, palabras y referencias a la cultura popular, a través del color, el collage y el gesto pictórico.
“Humano Cero”, en cambio, es una serie con una fuerte carga social. Son esculturas vaciadas de color y despojadas de rasgos individuales, congeladas en gestos de supervivencia cotidiana.
Por ejemplo, en el stand, es dominante “108” (sí, como la línea telefónica de atención social inmediata en nuestra Ciudad), una figura humana debajo de una manta con sus pliegues y sin rostro, en color blanco yeso. También tiene, entre sus miniaturas expuestas en el stand, otra figura revolviendo un contenedor de basura y varias más. Es la que da nombre a la serie que habla de la indiferencia, la fragilidad y el aislamiento. Son cuerpos que, ante la mirada social, se vuelven invisibles.
Ángeles comenzó su trasiego artístico trabajando con una cooperativa cartonera, en un proyecto que se tituló “Producción Ciruja”. Es diseñadora industrial, lo que le permite trabajar con modelos 3D y distintas materialidades que luego vuelca en sus esculturas y pinturas.
Un hombre en situación de calle
“Lo increíble que me pasó con fue que vino una señora a la Feria y me preguntó el precio, porque le gustaba para decorar el jardín. Le pregunté si estaba segura y le expliqué el contenido de la obra, que era un hombre en situación de calle”, nos cuenta la artista, todavía perpleja.
La artista Ángeles Estrada Vigil presentó en BADA tres series sorprendentes: “Abundancia”, “Folk Pop” y “Humano Cero”. Foto: gentileza.En las Ferias de libros, de arte y de cualquier otra disciplina, siempre circula un público variopinto. Precisamente allí están los artistas para contar sus procesos creativos, los materiales que usan y el significado de su producción.
Los mundos que Ángeles lleva a cuestas permean su obra, rica en colores y en sentidos. Nos dice: “Por un lado, mis obras cuestionan la realidad. Por otra parte, te invitan a conectar con lo que deseas y a concretarlo. Hay trabajos como los de “Folk Pop” que solo puedo pintar si soy un canal abierto de felicidad. Y por suerte tengo muchos momentos felices”, matiza, sonriendo con frescura.
Cuando nos habla de “Humano cero” nos dice que el cuestionamiento de esas piezas no es solo social y económico. “En el mundo hay carencia emocional, falta de empatía, no hago solo una crítica a los demás, sino también a mí misma. Hay una falta de visibilización de muchas situaciones”, nos comenta.
La artista Ángeles Estrada Vigil presentó en BADA tres series sorprendentes: “Abundancia”, “Folk Pop” y “Humano Cero”. Foto: gentileza.Las piezas de Ángeles tienen un valor que va de los 60 dólares a los 8.000 (es el valor de “108”). Accesibles, frescas algunas, interpelantes otras, con una iconografía pletórica de significados (desde la cosmovisión latinoamericana hasta la oriental), y una materialidad muy expresiva, su obra recibió muchas consultas.
Para Estrada Vigil fue importante estar por primera vez en BADA. Cuando le consultamos qué le parece la Feria, nos responde con mucho tacto: “Yo necesitaba un espacio para mostrar mi obra. Es muy difícil entrar a una galería cuando no te conocen. Me pareció importante exponer mi trabajo a la mirada de otros. Quería ver qué les genera la obra expuesta. Así logro interpelar a los visitantes y recibir su devolución. No recupero lo que invertí en el stand (2.500 dólares), pero valió la pena estar en BADA.”
La artista Ángeles Estrada Vigil presentó en BADA tres series sorprendentes: “Abundancia”, “Folk Pop” y “Humano Cero”. Foto: gentileza.Vimos en BADA mucha obra de calidad diversa. Todos los estilos, formatos, materialidades, soportes y géneros imaginables. El ingreso de la inteligencia artificial en las artes plásticas abre un debate urgente. Lo mismo que en la literatura y el cine. La escena artística tiene la palabra.









