Es un día de febrero de 2026, en La Habana. Mientras la cotidianidad de las familias cubanas se reconfigura, incierta, al son del bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump y la agudización de una crisis económica que ya venía lastrando sus vidas desde hace años, una mujer se sube a una escalera en una casona del Vedado. Lleva consigo un bote con pintura negra y quiere pintar una pared. La escena podría parecer intrascendente, si no fuera porque esa mujer es la actriz y dramaturga Nelda Castillo (Matanzas, 1953), y en esa pared pudo leerse, durante más de una década, la inscripción Grupo teatral El ciervo encantado, uno de los referentes más indómitos del teatro cubano contemporáneo y del arte del performance en la isla.









