dos compañeros de colegio detenidos, el misterio del «poderoso» Max y un fiscal recusado

dos compañeros de colegio detenidos, el misterio del «poderoso» Max y un fiscal recusado

A dos meses del brutal crimen de la estudiante Cecilia Emilce Lazcano (16) en Alvear, Corrientes, el fiscal Facundo Cabral busca cerrar la acusación sobre la pareja de adolescentes que fue procesada como coautora del homicidio.

El funcionario rechazó una serie de medidas de prueba que pidió la familia para avanzar en la identificación de al menos una tercera persona que estaría al tanto del ataque y sería quien había solicitado fotos y videos del hecho que se consumó en la vieja estación de trenes en la madrugada del 16 de julio.

Este miércoles los padres de Cecilia, Raúl Lazcano y Corintia Vila, encabezarán una nueva marcha de silencio en reclamo del total esclarecimiento del homicidio. Será la tercera vez que la comunidad saldrá a la calle para reclamar un mayor compromiso de Cabral en la investigación. En Alvear todos están convencidos de que más personas participaron del crimen.

Los querellantes, que son representados por el abogado Juan Saucedo, recusaron al fiscal del caso por “pérdida de confianza y temor de parcialidad”. El pedido de apartamiento ya fue remitido al fiscal general de Corrientes, César Pedro Sotelo.

La semana pasada, durante la audiencia de revisión de la prisión domiciliaria de N., considerada coautora del crimen, el fiscal Cabral acusó a Saucedo de montar “un show mediático” y de revelar detalles de la causa, lo cual, a su criterio, “nos ha perjudicado la investigación”.

En su ataque, el fiscal acusó a la querella de “entorpecimiento” y calificó su investigación como “correcta, honesta, clara, legal”. En otro tramo de la audiencia, Cabral dijo que “Saucedo se ha parado directamente como enemigo, no solamente de la Fiscalía, sino de las distintas instituciones públicas”. Un quiebre que parece no tener retorno.

La recusación se produjo luego que Cabral rechazara profundizar la investigación sobre “Max”, un personaje que ambos acusados mencionan en sus mensajes de WhatsApp tras el crimen. También sostuvo que no había elementos para poner bajo la lupa al padre de N., que es policía en Alvear e intervino en los primeros momentos de la investigación, y los movimientos que el suboficial y su esposa tuvieron la noche del crimen.

En una entrevista radial, el fiscal especuló que “Max” es un personaje ficticio, surgido de los juegos en línea de los que participaban los adolescentes acusados del crimen.

En los últimos días, Saucedo puso a disposición de los investigadores la grabación de una periodista local en la que la madre J. dice haberse enterado que su hijo se comunicó con la madre de N., la novia, desde el centro de contención donde se halla alojado desde hace más de un mes, aunque aseguró desconocer el motivo del llamado.

Por su parte, el papá de J. le reveló en esa misma grabación que su hijo le mencionó a principios de año que su mejor amigo era “Max”, un joven que sería familiar de N. y residiría en la localidad de La Cruz, Corrientes. Y que estaba seguro de que el adolescente estaba encubriendo o protegiendo a alguna persona.

Cecilia Lazcano tenía 16 años y murió a causa de un profundo corte en el cuello que le habría provocado J., su compañero de curso.

Esa noche la víctima se quedó a dormir en la casa de una amiga, pero cerca de las 3 de la madrugada salió para encontrarse con el adolescente. Las cámaras de seguridad privadas registraron el paso de ambos rumbo a la vieja estación de trenes del pueblo.

En ese lugar la joven sufrió cortes en las muñecas y ambas manos, además de un profundo tajo en el cuello, situación que no le impidió caminar casi 100 metros para pedir ayuda en una vivienda.

Antes de descartar entre las malezas el celular de Cecilia, el asesino envió dos mensajes de despedida a las amigas de la adolescente. La intención era hacer pasar el crimen por un suicidio.

Chats reveladores entre los dos adolescentes detenidos por el crimen de Cecilia Lazcano

Consumado el brutal ataque, el homicida se cambió de ropas y retornó por un camino diferente y también fue captado por cámaras de seguridad. En el celular de J. los peritos hallaron mensajes reveladores. El crimen había comenzado a planificarse al menos dos días antes y N. no sólo estaba al tanto, sino que prestó colaboración.

Una de sus misiones era hacerle llegar videos y fotos del ataque a una tercera persona que aún no está identificada. En el intercambio de mensajes, los adolescentes hacen mención de que se trata de alguien “poderoso”.

En la mañana del 16 de julio, cuando la víctima era derivada al Hospital de Santo Tomé, J. le pidió a su novia que contactara a ese tercero para que “se deshaga” de Cecilia. “Es mejor decirle a él, que mueve un dedo y arregla todo”, fue la lapidaria frase.

El adolescente no se explicaba cómo Cecilia había sobrevivido a semejante corte en el cuello y se lamentaba porque tenía todo preparado “para que se coman el verso del suicidio”.

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