Casi cuatro días después del cierre de los colegios electorales, el escrutinio definitivo ha confirmado la victoria del bloque de centroizquierda en Suecia. Los cuatro partidos de la oposición, el Socialdemócrata, el del Centro, La Izquierda y Los Verdes, suman finalmente tres escaños más que los de la derecha. El bloque progresista ha ganado con una ventaja de 50.000 votos.
A pesar de la victoria, el camino de la líder socialdemócrata, Magdalena Andersson, para recuperar el poder está lleno de obstáculos. La formación de la ex primera ministra, la única mujer que ha ocupado la jefatura de Gobierno en Suecia, se impuso con claridad en las elecciones al obtener el 28% de los votos, pero firmó su peor resultado desde 1908. Andersson, que gobernó entre 2021 y 2022, afronta ahora unas complejas negociaciones para formar un Ejecutivo de coalición. Las líneas rojas fijadas por La Izquierda y el Partido del Centro sitúan a la dirigente socialdemócrata en una posición delicada y mantienen abierta la posibilidad de una repetición electoral.
Nooshi Dadgostar, la líder del partido poscomunista, hija de refugiados iraníes, insiste en que exigirá que su formación entre en el Gobierno, algo que jamás ha ocurrido. La Izquierda, el partido que más ha subido en las elecciones de este domingo, acordó en un congreso celebrado en abril que únicamente daría su apoyo a Andersson a cambio de varias carteras ministeriales.
“Si ceden ahora, tras un éxito electoral, ¿quién volvería a creerles la próxima vez que exijan puestos en el Gobierno? Es ahora o nunca para Dadgostar”, declaró el miércoles por la noche la analista Elisabeth Marmorstein en la televisión pública.
El Partido del Centro rechaza de plano la posibilidad de que los poscomunistas entren por primera vez en un Ejecutivo sueco. Esta formación, ecologista y liberal en lo económico, respaldó en el pasado gobiernos de derechas, pero cambió de bloque en 2022 después de que conservadores, democristianos y liberales rompieran el cordón sanitario al pactar con el ultraderechista Demócratas Suecos. A cambio, el partido liderado por Jimmie Akesson garantizó su apoyo parlamentario a la coalición tripartita encabezada por el conservador Ulf Kristersson durante los últimos cuatro años. En esta ocasión, la formación de extrema derecha exigió a sus socios varias carteras ministeriales en caso de que revalidaran su mayoría en el Parlamento.
“Suecia ha votado en contra de tener ministros de Demócratas Suecos”, escribió la líder centrista, Elisabeth Thand Ringqvist, la noche del miércoles en el diario Aftonbladet. “Quienes nos han votado han respaldado una política de centro. Ese es el mandato que tenemos que administrar en las conversaciones que ahora nos esperan. El período que se avecina exigirá pragmatismo y voluntad de varios partidos para encontrar soluciones que superen las viejas fronteras de bloque”, añadió la dirigente. Thand Ringqvist ha planteado estos días la posibilidad de explorar una coalición que incluya al Partido Liberal o al Cristianodemócrata, aunque las líderes de esos dos partidos se han apresurado a descartar cualquier acuerdo con Andersson.
Dentro del propio partido socialdemócrata han surgido voces críticas con el desarrollo de la campaña. “Hay que elegir entre un Gobierno encabezado por mí o con 12 ministros de Demócratas Suecos”, repitió Andersson durante la campaña. El diario afín Arbetarbladet resumió el diagnóstico con una frase tajante: “No se puede amenazar a los votantes”. Voces internas, recogidas por la radio pública, apuntan a que la ex primera ministra debería haber apostado con más fuerza por reivindicaciones clásicas de la socialdemocracia sueca.
Discurso migratorio
Durante los últimos días, en medios suecos de derechas se ha repetido con insistencia que la balanza en unos comicios tan ajustados se ha decantado con los votos de ciudadanos de origen extranjero. Akesson acusó en campaña a los socialdemócratas de haber empleado durante años la concesión de la nacionalidad como estrategia electoral a largo plazo. Mattias Bäckström Johansson, el secretario general del partido ultraderechista, apuntó el lunes a la propuesta de vetar el velo islámico y a los incentivos al retorno de inmigrantes como factores que pudieron movilizar el voto en contra.
En Rinkeby, un distrito del norte de Estocolmo en el que la mayoría de la población es de origen somalí, el bloque de centroizquierda se impuso con el 94% de los sufragios, y la participación subió 10 puntos respecto a la de 2022. Fue allí precisamente donde ejerció el voto el ultraderechista Akesson, quien comentó después que aquel barrio “no parece Suecia”.
En zonas como Rinkeby, no obstante, retroceden los socialdemócratas. Andersson ha ido endureciendo su discurso en torno a la inmigración desde las elecciones de 2022, acercando posturas con el Gobierno saliente en materias como expulsiones y restricciones a la ciudadanía. Ese desplazamiento ha empujado a buena parte de su electorado tradicional de origen extranjero a abandonar el Partido Socialdemócrata en favor de La Izquierda.
El paralelismo con Dinamarca es evidente. Allí, la socialdemócrata Mette Frederiksen sostiene un discurso migratorio incluso más duro que el de Andersson, y el resultado ha sido comparable: pese a perder apoyo por su izquierda, logró tras las elecciones de marzo los apoyos necesarios para un tercer mandato, aunque su partido firmara su peor resultado en 125 años.









