Iraima Andreina Acosta Moncada tenía 18 años y quería estudiar para ser policía cuando le metieron la cabeza en una bolsa con cloro, vinagre y talco. “En un momento le preguntaron que si quería ver a San Pedro y ella dijo que sí, porque pensaba que era un abogado. En eso le metieron la cabeza en la bolsa”, relata su madre, Yadimir Moncada. Lo hicieron varias veces hasta casi asfixiarla, antes de darle un disparo que le entró por la espalda y le salió por el abdomen y meterle los dedos en la herida que, cada mes, cuando le viene la regla, le duele hasta el desmayo. “Ella es una bebé. Cómo van a decir que mi hija es una terrorista, una guerrillera”.











