La lectura como forma escénica puede convertirse en un artefacto que unas temporalidades irrecuperables. La estructura dramática que guía la lectura performática del libro El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza (Random House – 2021), instala un presente escénico en la figura de la actriz Carolina Saade, que lee los pasajes que componen el diario de Liliana Rivera Garza, protagonista de la trama de un libro que es una especie de crónica sensible e introspectiva del femicidio que terminó con la vida de Liliana en el año 1990. Podríamos decir que la presencia joven de Carolina Saade remite a esa mujer que comenzaba sus estudios de arquitectura en México.
En la pantalla, la estampa de un libro donde se señala el subrayado de textos leídos por Maricel Álvarez (directora de esta lectura performática) a partir de una voz en off, apela al fuera de escena y del tiempo, pero también al punto de vista de la autora, Cristina Rivera Garza. Por momentos sentimos que operan como el pensamiento del personaje de Carolina Saade, que permanece leyendo el libro en silencio.
La lectura y, más precisamente, el subrayado de un texto, que da cuenta de la voluntad fragmentaria, del proceso de síntesis al que Maricel Álvarez sometió al material escrito para adaptarlo al formato de una lectura performática, es también un ejercicio que encuadra los modos de apropiación de un texto al momento de leer: qué decidimos marcar, de qué modo intervenimos el material al subrayar o hacer anotaciones.
La lectura se convierte en una acción de selección, donde el texto se divide en las secuencias que el lector o lectora eligió para establecer su propio recorrido, su manera de determinar la relevancia, el impacto, el modo en que ciertas frases parecen dialogar con nosotros, hablarnos directamente.
Si el procedimiento de lectura toma relevancia es porque Maricel Álvarez eligió un armado escénico donde la emoción no es el recurso que guía el relato ni una intención narrativa.
El invencible verano de Liliana obra de Cristina Rivera GarzaLa historia queda expuesta en su faceta de thriller, de investigación y reconstrucción, como de denuncia. Cristina Rivera Garza, al contar el femicidio que llevó a cabo Ángel González Ramos, se pregunta por el lenguaje, por los modos de decir una violencia que se vive de manera cotidiana, pero no siempre se identifica como tal.
Si bien los treinta y seis años que separan el momento del crimen marcan una distancia sobre cómo el asesinato de una mujer era visto y catalogado tanto desde el plano policial como social (se hablaba de crímenes pasionales y no existía el concepto de femicidio), la autora mexicana entiende que su hermana no había encontrado el lenguaje para poder transmitir esa violencia, contársela a su entorno y pedir ayuda.
Un novio que la perseguía
Liliana tenía un novio que la perseguía y la hostigaba, que no aceptaba terminar una relación que tal vez la joven nunca se tomó del todo en serio en esos años de adolescencia, donde lo que primaba para ella era el sueño de ir a la universidad y de disfrutar de esos días de estudio con sus nuevos amigos.
El hombre que la acorralaba, que no le permitía decidir sobre su deseo de continuar o no con la relación, era para Liliana (según imagina, sospecha, pero también releva Cristina Rivera Garza en los testimonios de sus compañeros) alguien con quien debía negociar, ceder o cavilar para intentar llevar su vida hacia el lugar que ella quería y no doblegarse ante el acoso.
En el relato de Cristina Rivera Garza reconocemos una forma de ultraje que parece invisible, que a veces se confunde con un amor desmedido, pero que encierra una afirmación masculina donde la mujer debe responder a los propósitos del hombre, donde lo que ella quiere no tiene incidencia en esa relación que es, en realidad, una suerte de emboscada.
Maricel Álvarez elige poner en primer plano la vitalidad de Liliana, reconstruir esa frescura, ese encantamiento juvenil hacia la vida, ese momento en el que el tiempo está de nuestro lado.
En el cortometraje realizado por Natalia Labaké, que podría oficiar de testimonio, los integrantes del Grupo Besa (Maga Clavijo, Tomás Masariche, Viki Masariche, Eva Palottini, Felipe Saade, Max Suen y Casandra Velázquez) continúan con el dispositivo de lectura para realizar un retrato coral de Liliana en los días de facultad: cómo eran sus reuniones, las horas de estudio, los proyectos y conversaciones, cómo la veían, cómo gravitaba la presencia de Liliana en ese grupo donde ella era una figura a veces solitaria, siempre integrada a la vida estudiantil, magnética, clara y elocuente en sus ideas y en su manera de expresarlas.
Hacia el final, la voz de Cristina Rivera Garza toma el lugar de la voz de Maricel Álvarez. La autora reemplaza a la actriz, que podría estar asumiendo su rol, para establecer una lectura política del hecho, una suerte de actualización o revisión teórica de ese feminicidio sobre el que escribe para pensar a su hermana en la línea de los femicidios recientes en México.
La lectura performática de El invencible verano de Liliana se presenta el lunes 21 de septiembre a las 19 en el Malba. Foto: gentileza.Un asesino libre
El asesino de su hermana quedó libre y ese dato, sumado al hecho de que él en ningún momento buscó ocultarse, que le dio a su presencia en el departamento donde se alojaba Liliana cierta espectacularidad, permite inscribir esta muerte en un marco político.
No es solo un caso policial, sino una lógica de funcionamiento que intenta decirle a la sociedad en general y a las mujeres en particular algo sobre los comportamientos. Son acciones que buscan advertir y restringir las posibilidades de las mujeres para decidir sobre su propia vida, mecanismos aleccionadores que intentan instalar el terror.
La escritora Cristina Rivera Garza en el escenario de ‘El invencible verano de Liliana’. (EFE/Sergio Pérez)Maricel Álvarez decide narrar esta historia que va del registro testimonial y la crónica a una forma narrativa que contempla recursos de la ficción, el diario personal y la reflexión filosófica, en planos diferentes, en una yuxtaposición de tiempos, pero también en una delimitación narrativa de los modos en que la situación es descrita y pensada.
Un ejercicio escénico donde la capacidad del teatro de suscitar la aparición de una vida que ya no está apela a la conformación, la unión y la síntesis de todos los elementos de la escena y la escritura para que la emoción, la dimensión de lo sensible, quede del lado de los espectadores.
La lectura performática de El invencible verano de Liliana se presenta el lunes 21 de septiembre a las 19 en el Malba, en el marco de la Fiesta de la lectura.










