Putin finiquita unas elecciones plagadas de irregularidades y abre un nuevo capítulo de la guerra | Internacional

Putin finiquita unas elecciones plagadas de irregularidades y abre un nuevo capítulo de la guerra | Internacional


El presidente ruso, Vladímir Putin, quería que sus elecciones legislativas fueran una demostración de apoyo a su invasión de Ucrania. Una partida al solitario en la que excluyó a todas las formaciones que abogaban por una tregua. Su partido, Rusia Unida, obtiene un 57,5% de los votos con el recuento al 13,9%, según el Comité Electoral Central. Todo, en medio del que las autoridades locales consideran el mayor bombardeo que ha vivido la capital rusa desde que se desató la gran invasión del país vecino en febrero de 2022. Y ahora, pasado este trámite, los rusos se preguntan cuál será el siguiente paso del mandatario.

Este resultado de Rusia Unida supera el objetivo del 55% que el Kremlin fijó a su Administración Presidencial para tener una supermayoría en la Duma Estatal, el Parlamento. En segundo lugar con un 13,67% quedaría el Partido Comunista, también leal a Putin, seguido por otras tres formaciones satélites más del presidente.

Pintar consignas en la papeleta electoral puede suponer la apertura de un caso penal en Rusia, pero el presidente del partido Yábloko, Nikolái Rybakov, hizo este gesto de desafío frente a cámaras y policías al introducir su voto este domingo. “Yábloko, por la paz” y “por un acuerdo de alto el fuego”, había escrito en verde, el color de su partido, y rojo, el de la sangre, sobre las papeletas que deslizó en la urna.

El Kremlin celebró sus elecciones sin la presencia de ningún candidato que defendiera un alto el fuego y con al menos 2.188 presos políticos en sus cárceles, según la organización defensora de derechos humanos OVD-Info. Además, los pocos miembros de Yábloko que se permitió en circunscripciones únicas estaban condenados por el recuento opaco del voto electrónico, un sistema que ha tachado de fraude hasta el fiel Partido Comunista.

No muchos rusos confiaban en que las elecciones fuesen limpias, pero aún así acudieron a las urnas. “Es necesario, tenemos que demostrar que hay gente que no está de acuerdo y que el régimen no tiene un apoyo ciego y universal. Es un sistema totalitario, está construido en el silencio”, decía una votante a la salida del colegio electoral 373 de Moscú. “Es necesario que las autoridades tengan en cuenta que hay gente que no está de acuerdo cuando tomen sus decisiones”, remarcaba de forma anónima.

En los pasillos del colegio electoral había una fila de máquinas para introducir el voto electrónico —un sinsentido pues este puede hacerse desde casa— y tenían de atrezo una cesta de plástico como si fueran urnas reales. La oposición, e incluso partidos leales como el Partido Comunista, denuncia que la votación por Internet es la principal herramienta del Kremlin para manipular los comicios.

El sistema de Moscú es diferente al empleado en el resto del país, el sistema DEG, aunque en ambos casos solo las autoridades tienen acceso a sus entrañas. Los comités electorales solo recibieron los resultados finales, y su código no era público: nadie sabía si los votos pueden ser manipulados o espiados por el Kremlin.

“Las autoridades están promoviendo el voto electrónico con premios y concursos. No es como con urnas, todo se puede cambiar en un segundo y nadie puede probar nada”, afirmaba Alina, observadora de Yábloko.

“Todo aquel que quiera una papeleta de papel debe firmar un formulario”, agregaba la observadora. “No podemos investigar nada con la votación electrónica, no deja rastro en el proceso. Cuanta más gente vote electrónicamente, más difícil será comprobar la falsificación”.

Asimismo, la ley federal N.º 67 recoge una serie de garantías para los observadores, pero esta supervisora denunció su incumplimiento en ese colegio electoral durante los tres días de votación.

“Nos obligaron a todos los observadores a abandonar el centro mientras los miembros de la comisión se retiraban a una oficina. Permanecieron allí tras el cierre del colegio”, lamentaba Alina, que también observó una serie de errores en las copias que recibió del voto por correo.

La responsable de aquel colegio electoral declinó comentar la marcha de los comicios con este periódico. También evitó pronunciarse el observador de Rusia Unida. “Sin comentarios, hasta luego”, declaró.

Observadores y ciudadanos rusos compartieron en Internet otras presuntas irregularidades. En algunos centros de Moscú, como el número 1546, no entregaron papeletas de papel con la excusa de un “error” informático. Además, un edificio entero de la calle Kólskaya no pudo votar al no haber sido incluido en el censo electoral.

Presuntas irregularidades

En el colegio 60 de San Petersburgo cambiaron los precintos de las urnas por la noche; en la república de Komi tenían paquetes con decenas de papeletas con el partido de Putin ya marcado; y un diputado del Partido Comunista difundió un vídeo en el que una miembro del colegio 343 de la región de Cheremia inundaba de votos una urna cuando los observadores se marcharon.

El Kremlin volvió a excluir a los observadores independientes de la OSCE, pero trajo en un viaje organizado a un grupo de occidentales a los que ya había invitado a comicios anteriores. “Estas son unas de las elecciones más transparentes, participativas y plurales que he visto”, contaba por teléfono Lois Pérez Leira, miembro hispano-argentino de Sovintern [Red Socialista Internacional Soviética], una organización promovida por un partido leal a Putin, Rusia Justa. Su jefe, Serguéi Mirónov, era íntimo amigo del jefe del grupo de mercenarios Wagner, Yevgueni Prigozhin.

“[Las autoridades] nos han explicado el funcionamiento del proceso electoral. Hay aspectos que no controlamos ni conocemos. Digamos, este tipo de críticas que tú me dices”, explica Pérez Leira al preguntarle sobre las denuncias de los propios comunistas sobre el fraude del voto electrónico y las exclusiones y detenciones de sus miembros.

“Estuve reunido con Rusia Justa, pero en el tiempo que estoy acá no tengo la posibilidad de entrevistarme con los distintos partidos políticos. No es que uno esté 15 días”, señala Pérez Leira, quien está en proceso de fundar “un partido español prorruso”, llamado Izquierda Confederal, junto con Javier Madrazo, excoordinador de Ezker Batua.

“El mal menor”

Tras el veto a Yábloko, la oposición volvió a dividirse por la estrategia a seguir en los comicios. Algunos disidentes en el exilio, como Maxim Katz y el equipo del fallecido Alexéi Navalni, elaboraron una lista de candidatos alternativos que podían erosionar la victoria de Rusia Unida. Yábloko, sin embargo, argumentó que votar a formaciones leales al Kremlin era votar a favor de la guerra, y recomendó que cada uno escuchase a su conciencia.

“Hemos elegido el mal menor”, decían dos mujeres al abandonar el colegio electoral 373 de Moscú. Ambas habían marcado en sus papeletas el Partido Comunista. “Al menos este partido expresa su desacuerdo y es el más ruidoso”, suspiraba una de ellas.

La oposición en el exilio llamó a votar a las 12 del mediodía del domingo para ilustrar con largas colas las críticas al régimen, como en las presidenciales de 2024. Aquellos comicios tuvieron lugar justo después del envenenamiento del líder opositor Alexéi Navalni en la cárcel, pero han pasado dos años y la propia oposición se ha fragmentado. Este año se contaban con los dedos de las manos los votantes que se pasaron a esa hora por el colegio número 373. Lo mismo sucedió en muchos otros colegios electorales de Moscú.

“He secundado la protesta y estaba jodidamente sola”, contaba Anna desde otro colegio. “¡Las acciones de la oposición rusa son efectivas!“, añadía con ironía, aunque la disidencia logró mostrar algunos centros electorales donde las colas fueron relativamente largas.

Cualquier otra acción de protesta podía suponer un riesgo serio. “Un mensaje antibélico puede ser interpretado como una acción para desacreditar al ejército ruso”, remarcaba a El País Dmitri Anisimov, portavoz de OVD-Info.

Yábloko repartía en su sede central un folleto que simboliza los tiempos que vive Rusia: Difusión de propaganda electoral de Yábloko: Normas básicas de seguridad. “El partido utiliza el lema Por la paz y la libertad desde 2022 [inicio de la gran invasión de Ucrania]. En este tiempo no se ha procesado a un solo voluntario″, decía la formación.

“Todos sabemos que estas elecciones son un referéndum y hay que demostrar que estamos en contra de las políticas del gobierno actual”, decía a este periódico Irina [nombre ficticio], de 22 años, antes de sus primeros comicios en una vida que solo ha conocido el putinismo. Tampoco participó nunca en ninguna protesta, y su formación descarta convocarlas por ser un momento “peligroso para la gente”.

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