China y Estados Unidos, las dos grandes economías del mundo, son países rivales, pero más les vale entenderse. Este ha sido el mensaje que han repetido, directa e indirectamente, los respectivos presidentes, Xi Jinping y Donald Trump, durante su cumbre este jueves en una engalanadísima Casa Blanca, que ha hecho derroche de boato para recibir a su invitado y en la que los dos han querido hacer alarde de sintonía. “Pekín y Washington no deben abstenerse necesariamente de competir. Pero esa competición debe de ser amable y sana, no una lucha en la que el uno pierda y el otro gane”, ha subrayado el líder chino, que ha considerado que los dos países cuentan con la “capacidad y responsabilidad” para gestionar la inteligencia artificial de manera eficaz.
Mantener la relación estable y evitar que alguno de los muchos, y profundos, desacuerdos entre los dos rivales pueda hacerla descarrillar era el gran objetivo del encuentro, que Trump ha descrito como “una reunión muy buena” y que ha durado en torno a una hora y media. A primera vista, poco tiempo para analizar una relación tan amplia y complicada como la de Pekín y Washington. Pero los asuntos delicados ya se habían abordado previamente, en dos encuentros entre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, el domingo y el miércoles. Ambas dieron como resultado sendos -y modestos- acuerdos para prorrogar dos meses más la tregua comercial entre los dos países que expiraba el 10 de noviembre y para explorar un mecanismo de comunicación en caso de incidentes de inteligencia artificial que afecten a la seguridad nacional
Los dos líderes, que comparten una buena relación personal, han roto con el protocolo al término de la reunión de dos horas en el Despacho Oval: el estadounidense ha llevado al chino a los jardines de la Casa Blanca para que se subiera a su helicóptero presidencial, el Marine One, viera el nuevo helipuerto y las obras de construcción del nuevo salón de baile de la residencia presidencial. Xi “es un experto en piedra, entre muchas otras cosas, y aprecia el buen granito”, ha sostenido el republicano, ante una media sonrisa de su invitado.
Poco antes, Xi había hecho su propio alarde de bonhomía, al anunciar la próxima llegada de una pareja de pandas gigantes chinos, Ping Ping y Fu Shuang, al zoo de Atlanta, en una nuevo episodio de la “diplomacia del panda” a la que suele recurrir Pekín.
Los dos líderes tenían previsto abordar durante su encuentro todo tipo de temas, desde la guerra en Irán a Taiwán, pasando por la inteligencia artificial y el comercio bilateral. Todos ellos asuntos tan fundamentales como espinosos en la relación entre los dos colosos. Según la agencia de noticias china Xinhua, Xi abordó el asunto de la isla autogobernada, que Pekín considera parte de su territorio, para resaltar que “la posición de China sobre la protección de la unificación nacional y la integridad territorial es inequívoca”. El líder chino “expresó la esperanza de que Estados Unidos mantenga su posición correcta de oponerse a la ‘independencia’ de Taiwán y gestione el asunto con prudencia”.
China ha venido presionando a Estados Unidos para que deje de suministrar armamento a Taiwán, aunque Washington está obligado por ley a ese apoyo a la isla democrática. Tras la cumbre de mayo en la capital china entre Trump y Xi, la Administración republicana pospuso una venta de armamento por 14.000 millones de dólares. Trump ha descrito la venta de armas a Taipéi como “una herramienta de negociación muy buena” para tratar con Pekín.
La IA también parecía estar al frente de las preocupaciones de los dos líderes en el encuentro. Ambos se refirieron de manera expresa a esta tecnología, de la que sus respectivos países aspiran a ser líderes. “Tanto China como Estados Unidos son grandes potencias en inteligencia artificial; tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA de forma eficaz, garantizando que su desarrollo permanezca bajo control humano y beneficie a la población”, declaraba Xi en su alocución al comienzo del encuentro. Inmediatamente antes de recibir a su invitado, Trump había escrito en su red social, Truth, que la IA sería “un gran asunto sobre el que debatir” pero que él quiere “dejarla exactamente como está”. “Esta es también la posición de China”, añadió.
Los dos gobiernos consideran que los avances en esa tecnología son fundamentales para su competitividad económica y militar. Estados Unidos ha acusado en varias ocasiones a China de desarrollar sus modelos aprovechando los estadounidenses. El domingo, el vice primer ministro chino, He Lifeng, y Scott Bessent, el secretario de Estado del Tesoro, acordaron formalizar un diálogo sobre IA, estudiar un canal de comunicación para incidentes que afecten a la seguridad nacional y volver a reunirse en noviembre durante la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen (sur de China).

En vísperas de la reunión, Estados Unidos había anunciado una solución temporal a otro de los grandes desacuerdos en la relación. La tregua arancelaria pactada entre los dos gobiernos el año pasado y que vencía el 10 de noviembre quedará prorrogada hasta el 10 de enero, para dar más tiempo a las dos partes a negociar algo más duradero, según explicó Bessent, después de una reunión fuera de agenda con el viceprimer ministro chino, He, el miércoles.
Para paliar el resto de desacuerdos y estabilizar una relación tan fundamental como complicada, los dos países han recurrido a una medicina muy del gusto de Trump: la pompa, el agasajo y la deferencia. A lo largo de este jueves, ofreció a su invitado una ceremonia de bienvenida, una inspección de tropas, una exhibición militar, un sobrevuelo de los aviones de guerra más modernos de Estados Unidos y -el homenaje de homenajes, a ojos de Trump- la supervisión de las obras del Salón de Baile. El boato continuará en las próximas horas con una cena de Estado a la que están invitados algunos de los gigantes de la tecnología estadounidense, desde el director general de OpenAi, Sam Altman, al consejero delegado de Apple, Tim Cook.

Al principio de la cumbre, Xi invocó la conveniencia de fomentar la “estabilidad estratégica” entre ambos países en un momento de gran inestabilidad geopolítica. “Los intereses de China y EE UU están profundamente entrelazados”, dijo.
Trump, por su parte, fue un poco más allá en su entusiasmo al definir la relación que, según él, une a ambos presidentes: “Tenemos una amistad verdaderamente grande”, sentenció.
El de Xi fue el miércoles un recibimiento extraordinario: antes de Trump, la última vez que un mandatario estadounidense había acudido al aeropuerto a recibir a un líder extranjero para una visita de Estado había sido en 1962, cuando John F Kennedy se desplazó también a Andrews para dar la bienvenida al primer ministro británico Harold McMillan. Eran los tiempos de la “relación especial” entre Londres y Washington.
Desde entonces, la norma protocolaria sobreentendida que indica que un presidente estadounidense recibe a los líderes extranjeros en la Casa Blanca o, en caso de verlos fuera de Washington, en el lugar donde vayan a reunirse y no en el aeropuerto solo se ha saltado contadísimas veces. El año pasado, Trump dio la bienvenida a Vladímir Putin, el presidente de Rusia y teóricamente adversario, en la base aérea Elmendorf-Richardson en Alaska, antes de la cumbre que ambos celebraron en esas instalaciones. Pero aquel encuentro no tuvo el nivel de una visita de Estado.

Los dos mandatarios aspiran a mantener la “estabilidad estratégica” a la que aludieron en mayo y seguir adelante con la tregua comercial pactada el año pasado en su reunión en Corea del Sur, sin que los altibajos en la reunión bilateral les distraigan de sus problemas internos particulares. El presidente chino quiere calma para centrarse en la alicaída economía de su país. Trump tiene sobre la mesa la guerra de Irán y unas elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, el próximo noviembre.
Es la segunda vez en que los dos mandatarios se ven en lo que va de año, después de su reunión en Pekín en mayo. Habrá otras dos más antes de que termine 2026. Ambas tendrán lugar una vez que Estados Unidos haya celebrado sus elecciones de mitad de mandato y haya quedado claro si los republicanos mantienen el control absoluto de los poderes estadounidenses -o si, como apuntan los sondeos, los demócratas consiguen hacerse con el control del Congreso.
Xi y Trump, ambos convencidos de que la clave de la estabilidad en la relación bilateral es mantener un contacto habitual entre los dos, tienen previsto volver a verse en noviembre en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico en Shenzhen y en la cumbre del G20 en Miami, en diciembre.








