No pudo ser. Y habrá que seguir esperando para que aquel título de Gisela Dulko conseguido el 26 de febrero de 2011 en Bogotá deje de ser el último. Aunque, por lo menos, Nadia Podoroska rompió esa racha de 13 años sin una finalista argentina en el circuito WTA. La derrota de la rosarina en la final de San Pablo podría tener varias lecturas.
Una podría indicar que Podoroska desperdició una muy buena chance de ganar además su primer título y de convertirse en la séptima tenista argentina en lograr un torneo de la gira más importante para sumarse al cuadro de honor que integran Gabriela Sabatini (27 festejos), Paola Suárez y Dulko (cuatro cada una), Mercedes Paz (tres) y Federica Haumuller y Mariana Díaz Oliva (una cada una). Porque su vencedora fue la española Kaitlin Quevedo, de apenas 20 años y con mucha menos experiencia que ella. Y además porque venía de ganarle con mucha autoridad a Paula Badosa, quien estuvo segunda en el ranking mundial y de a poco va encontrando algo de aquella mejor versión que la llevó a ser semifinalista de Australia el año pasado.
La otra pata del análisis pasa por comprender que Podoroska, hace exactamente 13 meses, no sabía qué sería de su vida deportiva. “Quería contarles que, después de Australia, tuve una lesión en la cadera que me llevó unos cuatro meses de recuperación. Y cuando ya estaba casi por volver a competir, me apareció otra lesión en el hombro que viene siendo difícil de sobrellevar. No estoy teniendo mucho avance y, la verdad, sé que estuve un poco ausente en las redes, pero es porque viene siendo un proceso muy largo y difícil«, explicó su calvario vía redes sociales. Estaba inmersa en una nebulosa enorme y muy oscura. Lo cierto es que tuvieron que pasar 14 meses -el parte fue entre enero de 2025 y marzo de 2026- para que la rosarina volviera a jugar oficialmente y mucho, muchísimo tiempo más, para que pudiera alcanzar esa primera final luego de cuatro semifinales perdidas incluida aquella de Roland Garros 2020 que dio vuelta definitivamente su carrera.
Podoroska lucho, luchó y nunca se dio por vencida en toda su carrera que había tenido otro largo parate de diez meses entre Flushing Meadows 2021 y Wimbledon 2022. ¿La razón? También múltiples lesiones y molestias. Quizá por eso no pudo contener la emoción en la entrega de premios del lunes cuando se dio vuelta para mirar a su box y recordar el apoyo que tuvo -y tiene- de su equipo de trabajo, de su familia y de sus afectos más cercanos.
Lo suyo fue un trabajo muy profundo que realizó junto a Juan Pablo Guzmán y Emiliano Redondi, sus dos entrenadores que desde hace muchos años tienen su centro de entrenamiento en Alicante. Todo empezó con pelotas desinfladas, yendo muy de a poco, con semanas más intensas que otras ante la aparición de valores que fueron surgiendo por tanto tiempo sin jugar. Pero, de a poco, fue mejorando y una vez que volvió a sentirse lista a lo que más le apuntó fue (y es y seguirá siendo) a saber cómo jugar y qué hacer en los determinados momentos de un partido porque al haber estado tanto tiempo sin jugar perdió la sensibilidad. Los cuidados fueron intensos y muy integrales con su preparador físico y su fisio para tratar de estar todos un paso adelante de lko que le decía su físico.
En lo técnico Podoroska hizo un cambio con el saque por el hombro lesionado (tiene un tendón roto) y eso requirió mucho tiempo de práctica y de acostumbrarse a un nuevo movimiento con ritmo y confianza.
En el torneo paulista se la vio más acostumbrada a jugar los momentos importantes de un partido, los de nervios y tensión que da la dinámica de la competencia y allí se vio a una jugadora plena. Y sonriente más allá de la derrota.
Con Podoroska la rama femenina del tenis argentino que desde hace mucho tiempo vive a la sombra de los hombres, recuperó a una jugadora importante. Ahora, para llegar a ese título que le falta sólo es necesario tiempo. Y paciencia.









