de sentirse «fea e insegura» a brillar en series, cine y teatro

de sentirse «fea e insegura» a brillar en series, cine y teatro


Llegó en moto a la cita. Apoyó el casco en una de las sillas del bar y contó: “Tuve que aprender a andar en moto para una película que filmamos hace un par de años en la Costa Atlántica. Se lamaba Nancy. Me he pegado algún palo, pero después me di cuenta de que era un medio de transporte espectacular para la vida”.

La que habla es Camila Peralta, la actriz del momento. ¿Por qué? Porque está en todos lados. Producto que se estrena, está ella. A saber: En Yo, Narciso, último filme que dirige y protagoniza Adrián Suar. También en la película de Lucía Puenzo, Pepita, la pistolera, donde hace de una prostituta, amiga del personaje de Luisana Lopilato. A su vez, Camila tiene un rol importante en la serie Gordon, de Pablo Trapero, con Rodrigo de la Serna a la cabeza. El thriller de Netflix, recrea la década del ‘70 en la Argentina.

Como se ve, Camila no para. Pero no es una novata. Ella viene haciendo su trabajo de hormiga hace muchos años. De hecho, hace tres, que la rompe como protagonista de Suavecita. La obra, que ya se puede decir que es de culto, arrancó en el off, en el teatro Nun. Pasó por otras salas hasta llegar a la calle Corrientes. Se la puede ver el próximo martes, como fin de esta temporada en el Metropolitan, y volverá el año que viene.

La actuación me ha dado hacer cosas que de otra manera no me animaba.

Es realmente impactante el talento y versatilidad que despliega Camila en Suavecita. La obra, un unipersonal, es un éxito. Se pensó para ochenta personas y hoy está en una sala para 600. Estuvo de gira por Uruguay, México, Portugal y España. Escrita y dirigida por Martín Bontempo, trata de una mujer, Suavecita, que se gana el mango en un hospital público utilizando sus raros poderes sanadores. Por este rol, Camila ganó un premio ACE y un María Guerrero, como mejor actriz en unipersonal y fue revelación femenina en los Premios Trinidad Guevara. Este año, además, se llevó el PINTI como mejor obra del off.

– Además de andar en moto, ¿aprendiste otra cosa por la actuación?

– Aprendí a tocar la guitarra por una escena en Yo, Narciso. Aprendí a manejar autos manuales por la serie Gordon, porque eran autos de época. La actuación me ha dado hacer cosas que de otra manera no me animaba. Por ejemplo. si pienso que hoy tengo que actuar para 600 personas en el Metropolitan, no voy. Es como un miedo activo el que te genera. La moto también me la compré para ir a grabar En el barro. Yo tenía que ir hasta San Martín y no me quería tomar dos bondis. Todo el mundo me decía que tener una moto era peligroso. Pero mi padre, que es motoquero y mecánico, me apoyó.

– Hablando de familia, ¿alguno es actor o artista?

– Ninguno. Mamá es docente. Pero siempre me gustó la actuación. Nací en la ciudad de Balcarce. Siempre veía Chiquititas y Casi Ángeles. Yo quería ser una de esas nenas. Mi deseo era actuar. Me crié con Rebelde Way y Aliados. Y también con Cha cha cha y Todo por dos pesos, que consumían mis viejos. Eso era para mí una clase de actuación y de comedia y un poco me formó el deseo de poder actuar.

– Muy histriónica y payasa. Y de repente, a los 14, todo cambió. Empecé a sentir algo así como: ‘Soy un monstruo’. No entiendo por qué. Sentía que todos decían: ‘Pobre chica, es horrible’. Me re bajoneé.

– No. Con mi entorno era la de siempre. Tenía una validación externa, porque tenía novios. Vida normal. Nadie me decía: ‘Sos fea’. Yo no me encontraba dentro mío. Me costaba relacionarme con desconocidos. Eso me duró hasta que me vine a vivir a Buenos Aires.

– ¿Y cómo manejaste eso? ¿Pediste ir al psicólogo?

– No, no fui a terapia. No lo hablaba con nadie. Era algo como bastante solitario. Cuando me invitaban a algunos lugares, decía: ‘No tengo ganas’. En realidad, quizás me moría de ganas de ir a ese cumpleaños de 15. O en la escuela no salía al recreo. Mis amigas me tenían que ir a comprar el alfajor al kiosco. O para ir a la escuela agarraba el camino del Cerro donde no me cruzaba con nadie. Un delirio.

En Balcarce te conoce todo el mundo. Y yo no podía socializar con los que no eran de mi círculo.

-¿Y cómo lo superaste al llegar a Buenos Aires?

-Porque en Buenos Aires tuve la sensación de anonimato. Volví a ser feliz. En Balcarce te conoce todo el mundo. Y yo no podía socializar con los que no eran de mi círculo. Me daba inseguridad. Sentía que todas las chicas eran más lindas que yo. Y me vine a Buenos Aires con mi hermana Constanza, le decimos Coqui. Es chef y le había salido un trabajo. Seguí su impulso y me vine. Porque para nosotros Buenos Aires era un territorio desconocido y peligroso. Yo había venido una sola vez a los 13 años y nunca más.A mis padres les daba miedo.

– Entonces tu hermana fue fundamental para cambiar tu vida…

-Sí, mi hermana fue clave en mil cosas de mi vida. La amo. Toda la adolescencia fue la que rompió todas las cosas establecidas. Yo iba atrás de ella. Y acá alquilamos un departamento por Palermo. Yo empecé a estudiar Artes Audiovisuales en el IUNA (Universidad Nacional de las Artes). Quería ser directora, aunque en mi interior sabía que quería ser actriz. Pero no sabía si iba a poder. Seguía siendo ultra vergonzosa. Entraba al aula y me ponía colorada. Pero todo se me fue porque encontré un lugar en el mundo que es la actuación. Y la validación en eso. Porque si nadie me dijera que está bueno lo que hago, quizás seguiría en la misma. Ya no me importa ser linda, gorda, fea o flaca. Me gusta hacer bien mi trabajo, mi pasión.

– ¿Y cuándo lo descubriste?

– En mi primera clase de teatro con Ignacio Bresso. Entré con esa timidez, lidiando con la vergüenza, con el pánico y el miedo a la exposición. Con sentirme que era fea. Pero por dentro estaba en ebullición. Y esa clase fue como si me hubiera poseído y liberado al mismo tiempo.

Camila Peralta junto a Adrián Suar, en el filme Yo, Narciso.

– ¿Y te animabas a ir a castings?

– Sí. Primero de publicidad. Llegaba y veía que todas eran hermosas y se conocían entre ellas. Pero un día me animé a hacer uno de Beldent y quedé. Y pensé: ‘ No debo ser tan fea porque me eligieron’. Mi cabeza seguía en cualquiera. Pero de a poco empecé a estar más tranquila. Tiempo después, empecé como actriz.

– ¿Suavecita cambió tu vida?

– Totalmente. Fue una bisagra. Funcionó el boca a boca. Pasó algo mágico. Cuando me la ofreció Martín me fascinó. Me fascinó por cómo estaba escrita, por lo que contaba y las posibilidades actorales. Empezamos a ver cómo producirla..

–¿Fue díficil conseguir la banca?

-Algunos nos dijeron que no. Pero Kari Hernández, una de las dueñas de Nun, era fan de nosotros y dijo: ‘Yo quiero darles la guita para esto’. Hicimos algo barato porque era lo que podíamos. Y para mí la riqueza de la obra es contar una historia compleja con dos telas y una camilla.

Suavecita me trajo como una seguridad. Nos trajo premios y a la gente le gusta.

-Y hoy es furor y la han visto varios famosos…

-Sí, ha venido María Becerra, compañera de En el barro; Ricardo Darín. Suar también y me vino saludar al camarín. Antes pedía que no me avisen si venía alguien así, pero ya estoy un poco más curada. Incluso a veces eso me enciende.

– Y se ve tu lado sexy en la obra…

– Sí. Antes de eso, había hecho de un bichito en una obra. Y una amiga me dijo: ‘ Quiero verte más como mujer’. Y empecé a jugar con eso. Igual, el complejo de sentirse inferior y de pueblo, no lo siento ahora, pero en algún lado está. Suavecita me trajo como una seguridad. Nos trajo premios, a la gente le gusta, me frenan por la calle para hablarme de la obra. Y cuando me siento insegura, triste o rara con la existencia, digo: ‘Pará, tengo algo para sentirme tranquila y segura, que tiene que ver con mi trabajo y con mi esfuerzo y la gente lo aprecia’. Y eso me trae tranquilidad.

– ¿Cómo fue trabajar con Suar?

– Con Adrián fue bárbaro todo porque a él le divierten mucho los actores. Había estado en Envidiosa, pero no me crucé con él. Gordon es una producción de Suar, donde hago de una abogada que está con los militares. Bastante hija de puta y forra. Pero bueno, en Yo, Narciso, tuve escenas con él y era un desafío. Me encantó porque a él le divierte lo que vos proponés. Cantar una canción en una escena fue una propuesta que le llevé y le gustó. Es generoso como productor y director.

-¿Y cómo fue la experiencia de filmar con Lopilato?

– Buenísima. Hago de amiga de Luisana en Pepita… Somos un grupo de prostitutas que ella empieza a unir para trabajar en un lugar que monta. Yo tengo una hijita. Fue hermoso ese rodaje. Fuimos a Mar del Plata y estuvimos un tiempo ahí. Con Luisana me llevé espectacular. Es muy graciosa, muy copada y muy buena compañera. Y Lucía Puenzo, la directora, es una genia absoluta.

Camila, en una escena de Pepita, la pistolera.

– Te mirás y decís: ‘Mirá adonde llegó la Cami de Balcarce’ …

– Sí, es muy loco. Fue tan paulatino. Porque no es que de repente hice truc (sic) y me pusieron acá y salí famosa. Fue todo trabajo. De repente estás en lugares o trabajando con gente que amo y admiro. Es muy espectacular. Y lo vivo de un modo natural. Cuando voy a Balcarce, sí me hacen notar: ‘Almorzaste con Juana’. Que para ellos es como haber llegado. Mucha gente del pueblo se emociona.

-¿Qué dicen tus padres?

-Ellos están orgullosísimos. Vienen a todos los estrenos que hago. Y son copados. No pesados. Y a ellos les escriben amigos diciéndoles que les gusta mi trabajo.

-¿Sentís como que te subiste al trencito…?

– Sí, pero sabés que puede frenar en algún momento. Porque yo vengo del teatro independiente, donde tener laburo no es fácil. Nunca te la creés. Me dicen: ‘Llegaste’. Y no. Porque vos podés estar hoy protagonizando un mega producto y al año siguiente no tener un puto trabajo. Por eso es importante sostener las obras de teatro independiente que después te pueden generar otros trabajos.

– ¿Podés vivir de la actuación?

– Ahora sí. Al principio, no. Fui boletera, niñera y trabajé en un bar. Por suerte desde que empecé a actuar pude vivir de esto. Tengo muchos amigos actores que no pueden. Entré en un lugar de privilegio muy grande y lo agradezco siempre.

Camila Peralta está filmando una serie corta, que hace Charo López.  Foto: Cristina Sille.

– Y en lo personal, ¿estás en pareja, pensás en la maternidad?

– Estoy en pareja, muy feliz hace cuatro años. Y no quiero ser madre. Sí, pienso en la idea de adoptar un niño de 10, 12 o 13 años, a mis 45. No tengo el flash de tener una panza de embarazo. Sí, soy muy maternal con mi familia y amigos. Me encanta cocinar y me encanta tener la casa linda. Y pienso que si existe una personita sola en el mundo y yo le puedo dar un poco de amor, genial. Primero quiero tener una estabilidad para darle. Eso sí, me gustaría.

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