Las palabras, a veces, nos permiten vislumbrar qué piensa una persona, cuál es su visión sobre el mundo que la rodea, qué ambiciona y a qué le teme, cómo se ve a sí misma y qué piensa de sus interlocutores. Incluso cuando exagera, se equivoca, selecciona ciertos datos por conveniencia o miente, sus palabras pueden revelar qué quiere destacar u ocultar y qué considera una amenaza. Y el presidente Javier Milei no es la excepción. Su paso por Wall Street y las últimas entrevistas que concedió resultan sintomáticas.










