La expectativa terminó. Son 12 obras maestras de la Colección Blaquier-Arrieta las que saldrán a subasta en noviembre en Sotheby’s Nueva York, por una cifra de 450 millones de dólares, según se estima por el conjunto. Una joya de Van Gogh, otra de Paul Cézanne junto a otras diez pinturas impresionistas y post impresionistas se exhiben desde esta mañana en la filial de Londres, la misma ciudad donde fueron adquiridas en la década de 1970.
Carlos Pedro Blaquier y Nelly Arrieta de Blaquier viajaban casi todos los años a Londres en busca de grandes obras de arte. Pissarro, Renoir, Degas, Monet, Gauguin y siguen las firmas. Todas piezas de museo, importantes en la trayectoria de sus autores, la mayoría lleva más de medio siglo sin mostrarse en público, fueron adquiridas en la galería Lefevre de Bruton Street.
Las obras se quedarán un día en Londres, para luego comenzar una gira global durante octubre que las llevará por Taipei, Hong Kong y París, antes de establecerse en Nueva York, donde de subastarán en la sede de Sotheby’s el 18 de noviembre, bajo el título Legendary. The Blaquier-Arrieta Collection.
“Hubo una época, en la que se podía entrar en una gran galería de Londres o de Nueva York y, con los años, formar una colección digna de un museo. Hoy eso es sencillamente imposible, sea cual fuere el costo”, dice Simon Shaw, asesor principal del arte impresionista y moderno de Sotheby’s, en un comunicado. “La colección Blaquier- Arrieta no parece una colección privada, parece un pequeño museo, un Musée d’Orsay en miniatura que abre sus puertas por primera vez”.
Un paisaje parisino e invernal, de Camille Pisarro. Realizada en 1898. Philip Hook, autor experto en Impresionismo, destaca el “aura de leyenda”, que rodea a la colección. “Comentada en voz baja y mantenida fuera de la vista del público, fue adquiriendo un estatus casi mítico en el mundo del arte, que se formó cuando aún era posible acceder a obras importantes de los grandes maestros”, destaca en el comunicado. Su reaparición –señala– marca un momento histórico para el mercado.
Joyas de catálogo
El último Van Gogh, el que abandonó el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy y se instaló en Auvers-sur-Oise, la localidad a una hora de París donde pasó sus dos meses finales, pintó Châtaigniers en fleurs (1890). Con vigor, empaste abundante y color intenso, la obra representa el período más intenso y expresivo de toda su carrera. Es una de las pocas que no está en un gran museo. Por ella se esperan cifras de 180 millones de dólares.
Otra de las perlas del lote es Arlequin, de Paul Cézanne, con una estimación cercana a USD 120 millones, considerada entre “las pinturas más magníficas y enigmáticas de toda su obra”, en las que plasma su interés por las tradiciones teatrales y anticipa la abstracción, y en las que posa su hijo Paul. Es una de las dos únicas piezas de la legendaria serie tardía de 15 composiciones con figuras del artista que no pertenecen a un museo.
«En Canot (Jeune fille à la barque)», de Renoir. Realizada en 1877. “Para una generación que solo las ha conocido a través de las páginas de catálogos razonados, estas obras han adquirido un carácter casi mítico. Ofrecer cualquiera de las dos sería un gran logro profesional. Poder ofrecerlas juntas, en una misma venta, es verdaderamente extraordinario”, señala Julian Dawes, vicepresidente y director de arte impresionista y moderno para América de Sotheby’s.
El conjunto se completa con una “visita guiada” por la historia del impresionismo y el posimpresionismo. Destacan En Canot (Jeune fille à la barque), de Pierre-Auguste Renoir, pintada en el verano de 1877, año en que los impresionistas adoptaron ese nombre, con una estimación de USD 25 a 35 millones; La Place du Théâtre-Français et l’avenue de l’Opera, soleil d’après-midi en hiver, una imponente vista parisina de Camille Pissarro, estimada entre USD 30 y 40 millones; y el pastel Avant la course, de Edgar Degas, estimado entre USD 20 y 30 millones. Todas obras que representan momentos cumbre en la carrera de sus autores y ninguna antes había salido a subasta.
«Arlequin», de Paul Cézanne. Realizada entre 1888 y 1890.Se suman los paisajes Le Jardin des Tuileries, de Claude Monet, y La Seine à Port-Marly, de Alfred Sisley, además de una rara naturaleza muerta de Gauguin pintada en sus últimos años en Tahití, un retrato de Toulouse-Lautrec, otra obra de Camille Pissarro y dos pinturas fauvistas precursoras de André Derain y Maurice de Vlaminck.
Habla la familia
Este lote puesto a subasta –que no incluye muebles ni objetos decorativos de origen europeo (desde platería francesa del siglo XIV hasta cajitas de tabaco y candelabros) que forman parte de la millonaria colección– se encuentra en un depósito especializado en Luxemburgo junto a obras de todo el mundo desde 2019.
«Avant la course», un pastel de Edgar Degas. Realizada hacia 1893. En ese momento, la familia decidió exportarlas por razones de conservación y seguridad, acción que se dijo había acarreado una multa de más de 7 millones de dólares que aún se adeuda al Estado nacional. Un miembro de la familia designado como vocero rectificó en diálogo con Clarín esa información, que no había sido desmentida hasta el momento.
A la licencia de exportación temporal con opción a venta que había otorgado la Secretaría de Cultura del gobierno de Mauricio Macri, le siguieron los pasos burocráticos de evaluación, tasación y su paso por Aduana y el Banco Central, antes de publicar la resolución en el Boletín Oficial. En el trayecto, los herederos deciden cambiar la licencia de temporal a definitiva y pagan casi 24 millones de dólares de impuestos. La venta de una obra de la colección, un óleo de la serie de Los Nenúfares (Les nymphéas) de Monet, cubrió los gastos.
«Fleurs dans une coupe», óleo de Paul Gauguin, realizado entre 1899 y 1901.Al año siguiente, de una denuncia de la Aduana por una “irregularidad administrativa” surgió la cifra de más de 7 millones, a raíz del cálculo de una multa potencial por el valor del conjunto de las obras exportadas, según la tasación. Ese reclamo administrativo finalmente fue desestimado, asegura el vocero familiar.
Nelly Arrieta de Blaquier, aseguran diversas fuentes, fue el alma de la colección, con un “ojo superlativo” y una destacada vida cultural y filantrópica, mientras que Luis Pedro Blaquier se inclinaba más por el arte criollo. Fue presidenta de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, integró el Consejo Internacional del MoMA de Nueva York y miembro del Comité Internacional de Amigos del Musée d’Orsay de París.
Decisiones patrimoniales y muchas consultas por las piezas motivaron esta venta inigualable. La subasta, que asegura los precios más altos, ofrece una cápsula del tiempo a otro mundo del arte y augura nuevos capítulos en esta fascinante historia de obras maestras que salen a la luz después de permanecer en secreto, bajo siete llaves.










