En la botica de su padre, Emilia Sauri mira concentrada los tubos de ensayo y prueba introduciendo distintas hierbas cuando escucha que la puerta de calle se abre y Daniel, su amigo de la infancia, aparece corriendo. La pasión se enciende en su mirada de ojos negros y, dejándolo todo, se sube arriba del mostrador de madera, lo salta y corre a su encuentro. Daniel tira la bolsa que traía como equipaje y se abrazan, reconociéndose en cada caricia. Es la primera escena de Mal de amores, la serie de Netflix basada en el libro de Ángeles Mastretta, dirigida por su hija Catalina Aguilar Mastretta y que está teniendo récord de audiencia en América Latina.
Clarín habló con Ángeles Mastretta, quien, desde la Ciudad de México, contó la emoción que siente al volver a ver a sus personajes 30 años después de haber escrito una de las obras fundamentales de la narrativa latinoamericana.
Mal de amores transcurre en el México de 1910, en los años en que se estaba gestando la Revolución Mexicana y se mete en la vida de Emilia Sauri, una joven de Puebla que sueña con ser médica y se enamora de dos hombres al mismo tiempo. Los ideales revolucionarios se funden con la lucha de las mujeres por ser consideradas tanto en la política como en la ciencia y en la amistad y el amor en todas sus formas, imprescindibles para construir un mundo más humano.
–¿Qué sentiste cuando viste la serie, Emilia es la que te imaginabas?
–Emilia resultó tan vivaz, tan generosa y tan audaz como tenía que ser. Renata Vaca entendió muy bien al personaje, lo entendió de tal modo que lo asumió y así es ella en la vida real, fuera de su personaje: una mujer audaz, vívida, dispuesta a lo que sea. Me encantó Emilia, así como Diego Sauri (interpretado por Miguel Rodarte) y su mujer, Milagros (Diana Bovio). También los dos actores jóvenes, los amores de Emilia (Juan Pablo Fuente e Iván Amozurrutia) y la tía (Cassandra Ciangherotti). Los jóvenes estuvieron muy contentos trabajando con los que ya tienen mucha experiencia y yo creo que aprendieron mucho de ellos, pero también creo que ellos aprendieron de los jóvenes y sucedió una cosa muy rara que es que se formó una familia de verdad. Ahora mismo ellos se llaman los Sauri estemos o no delante de las cámaras. Y de repente Cassandra Ciangherotti (Milagros en la ficción) me manda flores y firma como Milagros. En una entrevista el actor que hace de Diego Sauri dijo que aprendió del personaje y agregó: ‘hay cosas de ese personaje que yo quiero tener’. Entonces yo lo agradezco porque me siento acompañada. Y, como lectora, lo sabes y yo como escritora lo sé, una es todos los personajes.
–¿Fuiste componiendo de esa manera a los personajes?
–Escribí Mal de amores de una manera muy rara, adivinando qué iba a pasar como si fuera yo la espectadora de una serie, de mi propia serie. Despertaba a ver qué iba a pasar. A ver a dónde iba a ir Emilia. Qué iba a decir, cómo se iba a parar frente a Sabalza a decirle, «Me voy a ir a buscar a Daniel». Me sorprendía yo misma con lo que iba pasando. Y luego los juegos verbales y las conversaciones estaban rondándome en la cabeza todo el tiempo.
CUL / Ángeles Mastretta
–La novela transcurre en el México prerrevolucionario, ¿cómo hiciste para recrear ese escenario?
–Quería que la protagonista fuera una mujer, ese fue mi primer instinto. Una mujer que se enamorara de dos hombres al mismo tiempo con la misma intensidad y la misma sin razón y la misma capacidad de amar a los dos. Me pregunté cómo hacerla y me dije, la voy a poner a vivir. Entonces pensé en qué año podría ser y se me ocurrió que naciera en la misma fecha en que nació mi abuela. Mi abuela era una mujer conservadora, que tuvo una vida conservadora, pues yo dije, quiero hacer una que tenga la misma edad y a ver qué le pasa. Entonces la puse a nacer en 1893 y fue así como tocó que Emilia Sauri tuviera 17 años en 1910, razón por la cual, pues la revolución se tenía que cruzar por su vida y ella por la revolución. Es un contexto que conocen los argentinos y lo sabemos los mexicanos y lo saben los chilenos y sin duda los venezolanos y los cubanos y los colombianos hace mucho tiempo porque nosotros vivimos en guerras civiles, incluso cuando estamos dentro de países democráticos o que quieren serlo, quienes vivimos en las zonas de paz, sabemos que también hay zonas de guerra. Esa familia Sauri, que vive en Puebla, sabe que hay una guerra fuera y dentro de la paz de su cocina y de la armonía de su familia, sabe cómo ir enfrentándola: teme al mismo tiempo que abraza la época en la que vive.
–La construcción de los personajes es de un humanismo tan hermosamente contado y tan necesario en los tiempos que corren. En la novela y en la serie se entienden y se respetan aun en las diferencias, ¿por qué ideaste esos personajes?
–En 1996, cuando lo escribí, me dije, yo quiero hacer un libro en el que no haya malas personas, donde ningún personaje sea malo, quería que todos estuvieran comprometidos con el bien, con el bienhacer, con lo verdadero y con la belleza. La belleza en todos los sentidos, la belleza que es comer delicioso, la belleza que es quererse, que es imaginar, que es regar las plantas, la belleza que es desafiar. Y partiendo de esas premisas e ideas, esas buenas personas se fueron encontrando con la verdad y con la belleza. Y en la serie, la directora consiguió que eso se vea, se toque, se sonría, se hable. Estoy muy emocionada con la serie porque incluso a mí me volvió a contar mi libro. Agradezco muchísimo que Catalina haya querido filmarla.
La escritora mexicana Ángeles Mastretta. Foto: gentileza.–Las dos, tanto Catalina como vos, cuentan historias, vos escribiendo y ella filmando, ¿qué sentís sobre esos universos?
–Ella quería ser cineasta, quería dirigir cine desde chica; no le impresionaban tanto los actores, sino quién movía las cosas detrás. Recuerda que viendo Mary Poppins le llamaba la atención que los niños estaban jugando y que bla bla bla, pero luego decía, ‘¿Quién está haciendo que se muevan los cajones?’. Cuando leyó este libro (no es que yo se lo haya dado, sino que ella lo tomó), pensó en hacerlo película.
–¿Recordás el momento en que ella finalmente te dijo que podía transformar la historia escrita en serie?
–Fue maravilloso cuando sucedió y yo no moví un dedo para que eso pasara. Esa es la magia que hizo ella, encontrar una productora que trabajara con Netflix. Y yo solo le dije que sí. Todo lo demás lo hizo ella. Siempre pedí permiso para ir al set porque respeto mucho a Catalina, y ella me respeta a mí. Finalmente, las mamás sí cambiamos de pronto el modo en que las hijas viven su libertad. Era algo que a mí no me pasaba con mi mamá, yo iba a dar una conferencia y no quería que fuera ella porque si iba, me equivocaba. Alguna pata metía, el atril me quedaba muy alto y nada más me salían las manos o algo me pasaba.
–Tanto en el libro como en la serie el humanismo es fundamental, los personajes transmiten una confianza por el futuro que ilumina este presente que estamos viviendo
–Creo que nos hace falta confiar en el humanismo y puede ser por eso que a la serie le esté yendo bien. Lo agradecieron cuando salió el libro, pero la verdad es que ahorita está coincidiendo con una actualidad oscura, complicada en todas partes y desde todas las miradas porque incluso quienes tienen el poder saben perfectamente que tampoco lo tienen ni para siempre ni para bien. Entonces, esta invisible oscuridad se desvanece por un rato con la serie y, como tú dices, es una serie para sentirse bien, por ejemplo, con la generosidad de Sabalza, que tiene un compromiso con su propia verdad, con su profesión, con su vida. Y por ahí pasa esta mujer que es una ráfaga y que carga con este novio de la infancia, que es al mismo tiempo como su hijo, su hermano, su pariente cercano, el sobrino de su tía más querida, o sea, es todo su pasado. Me parece que Zavalza no es un hombre débil sino muy sabio. Incluso más sabio que Daniel, sin duda, y menos caprichoso.
–Hay también una visión de la medicina como bien social, no como mercancía, así como del rol del periodismo
–Sí, como vocaciones de servicio antes que nada. Primero quieren curar, redimir, salvar aunque no puedan pagarles. Emilia monta hospitales de campaña a donde vaya, en el medio del campo, en las sierras, en donde esté.
La autora de la novela ‘Mal de amores’ Ángeles Mastretta posa durante una alfombra roja de la serie, en Ciudad de México (México). EFE/José Méndez–Y qué hermosa está recreada Puebla, ¿cómo lo consiguieron?
–Se ve muy bonita y fue un trabajo de muchísima gente, no solamente de la directora. Los músicos, los cantantes, el señor que hizo la reja, los carpinteros. Y eso se notaba en el set. Yo iba de casualidad y no es que alguien quisiera quedar bien conmigo, es que ellos querían quedar bien con lo que estaban haciendo. Estaban involucrados también, eso fue muy bonito y muy digno de elogiarse porque es un ejemplo de cómo puede haber acuerdos que nos conduzcan a hacer cosas buenas.
–¿Por qué elegiste que Emilia quisiera ser médica en un momento en el que estaba casi prohibido que las mujeres accedieran a esa educación?
–Era un mundo en que las mujeres no podían pensar más allá y entonces lo que es bonito es cómo la niña desde chiquita quiere saber, quiere saber dónde están las articulaciones y los ligamentos, qué los mueve y es hermoso ver cómo ella se compromete con su vocación. Y ya de más grande, a donde llega quiere curar a alguien. Su alianza con el doctor Zabalza tiene que ver con que además de que está enamorada de él, lo admira por su profesión.
–Otro personaje entrañable es el doctor Cuenca (interpretado por Humberto Zurita) y la relación que tiene con Emilia, de enseñarle medicina ya desde pequeña
–La serie empieza cuando la novela va por la mitad, entonces Cuenca, que acaba siendo un hombre lleno de ternura, pues es un hombre muy rígido al principio, que quiere que el niño (Daniel) se vuelva fuerte y que aprenda a ser hombre y lo mete en un lío del cual luego se arrepiente como papá. Yo escribí 200 páginas y Emilia todavía no nacía. Entonces, de pronto dije, pero a dónde va este libro, que ya llevo 200 páginas y todavía no nace el personaje que se va a enamorar de dos hombres al mismo tiempo. Estaba tan metida en la historia que un día iba en coche con mi mamá por Puebla y le dije, ‘Mira, aquí vivían Josefa y Milagros cuando eran chicas’, y mi mamá me dijo, ‘Pero tú hablas como si existieran’. Es un libro que terminé de escribir hace 30 años e inventé a esos personajes como si fueran una familia cercana, debo decirte que a veces pienso en ellos como si siguieran existiendo. Están en el territorio de lo que para mí es eterno, como mis muertos. Ellos ahí están, incluso más vivos que mis muertos y ahora que se convirtieron en personas, que son grandes actores comprometidos con quiénes eran sus personajes, pues ha sido como volver a verlos.
Ángeles Mastretta básico
- Nació en la ciudad de Puebla, México, en 1949. Periodista, poeta, y narradora, estudió comunicación en la UNAM.
La escritora mexicana Ángeles Mastretta. Foto: gentileza.- Fue directora de Difusión Cultural de la ENEP Acatlán (UNAM) y del Museo del Chopo.
- Su novela Arráncame la vida le ha hado reconocimiento a nivel nacional (Premio Mazatlán de Literatura 1985) e internacional, pues ha sido traducida la alemán, inglés, italiano, francés, danés, turco, noruego, portugués, hebreo y holandés.









