El Gobierno de Donald Trump intenta procesar a James Comey por una supuesta filtración de información clasificada ocurrida hace una década. Los abogados del exdirector del FBI rechazaron de inmediato la iniciativa, al considerar que carece de validez y que el plazo legal para la presentación de cargos ya venció.
Las acusaciones del Departamento de Justicia se dieron a conocer este lunes, tras la desclasificación judicial de documentos en un tribunal federal de Washington. Los escritos arrojan luz sobre una disputa que se ha desarrollado a puerta cerrada durante el último mes. Los fiscales buscan presentar lo que sería el tercer proceso penal contra Comey, un antiguo crítico y adversario de Trump, desde que el republicano regresó a la Casa Blanca el año pasado.
“Bueno, aquí están de vuelta, otra vez”, dijo Comey en un mensaje en video difundido después de que se hicieran públicos los documentos. “Casi sería gracioso si no fuera un abuso tan escandaloso del Departamento de Justicia, uno ante el que no podemos volvernos insensibles. Nada ha cambiado en mí. Sigo siendo inocente, no les tengo miedo y sigo creyendo en la independencia del poder judicial federal”, añadió.
Por su parte, el Departamento de Justicia afirmó que había presentado una acusación formal a través de la Fiscalía sin necesidad de una imputación por parte de un gran jurado, con el objetivo de interrumpir el cómputo del plazo de prescripción de diez años para iniciar el proceso.
“La presentación de una acusación formal para suspender el plazo de prescripción es una práctica ampliamente reconocida en los tribunales federales y ha sido avalada por varias cortes federales de apelaciones. Se trata de una investigación penal en curso y no haremos más comentarios”, señaló un portavoz del departamento.
Comey dirigía el FBI cuando Trump asumió la presidencia en 2017. Había sido nombrado para el cargo por el entonces presidente demócrata Barack Obama y, antes de eso, había ocupado puestos de responsabilidad en el Departamento de Justicia durante la Administración del republicano George W. Bush.
La relación entre Comey y Trump estuvo marcada por las tensiones desde el principio. Una de ellas surgió después de que el presidente le pidiera al entonces director del FBI, durante una cena privada, que le prometiera lealtad personal. La petición inquietó tanto a Comey que este dejó constancia del encuentro en un memorando redactado poco después.
Trump destituyó a Comey en mayo de 2017, en medio de una investigación del FBI sobre los posibles vínculos entre Rusia y la campaña presidencial del republicano. La pesquisa pasó posteriormente a manos del fiscal especial Robert Mueller, quien concluyó que Rusia había interferido en las elecciones de 2016 y que el equipo de Trump había acogido favorablemente esa ayuda, pero que no había pruebas suficientes para demostrar una colaboración delictiva entre ambos.









