Por fin, después de tantos años a bordo de desniveles, Boca tiene un equipo que seduce a sus hinchas. Incluso en ocasión de las vueltas olímpicas que dio durante el ciclo de Juan Román Riquelme -siempre como vicepresidente-, el once azul y oro gusta, convence. Entonces, por más que todavía no haya ganado “nada”, como suele enfatizar Rodolfo Arruabarrena, tiene cinco frentes abiertos por delante y una gran expectativa.
No obstante, por encima de todo, hay un funcionamiento, argumentos que sostienen la candidatura. Y de cara al Superclásico, vale la pena repasar fortalezas y debilidades. Entre tanto ruido que fluye desde los márgenes, donde solo se escuchan llantos de uno y otro lado a partir del arbitraje, hablar de fútbol es justo y necesario.
La flecha hacia arriba tiene que ver con el arco y los centrales, cada vez más afirmados; la capacidad de desequilibrio de Lautaro Blanco; el momento de Leandro Paredes, líder dentro y fuera de la cancha; la recuperación que tuvieron algunos recursos humanos que estaban en un segundo plano con Claudio Ubeda y la contundencia. Nombres propios y rendimiento colectivo.
Hacia abajo apuntan algunas flaquezas defensivas que tienen que ver con la espalda de los laterales, la generación de situaciones que no siempre terminan en la red del rival y una tendencia a la posesión con menos cambio de ritmo del que requieren algunos partidos.
Alvaro Montero, Lautaro Di Lollo y Facundo Herrera están mostrando una notable solidez. El arquero colombiano había arrancado con algunas dudas, pero se corporizó en un hombre clave. Figura en las definiciones por penales, y sin ir más lejos el domingo ante Independiente, conservó el arco invicto en 14 partidos. Los jóvenes centrales ya se ganaron el lugar. Después de pelear el puesto con Nicolás Figal, Ayrton Costa y Marco Pellegrino, son indiscutibles. Jugaron 12 partidos juntos con 9 victorias, 2 empates y una derrota.
Blanco tiene un gran torneo. Jugó 23 de 24 partidos del ciclo del Vasco con 7 asistencias. La profundidad que le da al equipo, la sociedad que suele armar con Leonel Flores por la izquierda o Miguel Merentiel que juega más suelto, y los centros exactos que lanza y generan peligro, lo convierten en futbolista fundamental. Se notó el domingo, cuando Arruabarrena decidió su parate. Malcom Braida logró que brille por su ausencia.
Paredes es el jugador determinante. Por sus pies oscila el fútbol de Boca. Detrás de Federico Fattori, es el jugador con mayor cantidad de pases acertados con un promedio de 65,4 (89%) por partido. Sus pases filtrados, punzantes pueden forman parte de las virtudes de un equipo que descansa en él. Santiago Ascacibar y Milton Delgado, uno con más influencia en el área y otro como complemento, son buenos respaldos.
Merentiel y Flores están con altibajos pero no dejan de ser los jugadores de mayor impacto en el área adversaria. El uruguayo tiene 10 goles en su haber y el pibe 4, pero también 3 asistencias decisivas.
Sebastián Villa sería de la partida en lugar de Alan Velasco, uno de los futbolistas que Arruabarrena potenció. Entró en el segundo tiempo con Independiente y asistió con un córner a Jagger Herrera, que definió el clásico. Tiene 7 asistencias. En cuanto a la cifra global, es uno de los clubes que más grandes ocasiones produjo (86) pero también, de los que más falló (58). Quiere decir que Boca llega mucho pero no concreta en la proporción que genera. Contra el Rojo tuvo 6 situaciones claras, muy a pesar de que no tuvo una actuación muy lucida.
¿En qué sector de la cancha puede sufrir Boca? Detrás de Leandro Lozano -sobre todo- y Blanco. Será un interesante duelo con Marcos Acuña o Francisco Ortega y Gonzalo Montiel. En un 4-3-3, Ascacibar podría colaborar con el lateral uruguayo. Tal vez por eso tendría más sentido la presencia de Villa.
Arruabarrena tiene claro de que el equipo, por más que esté encumbrado, necesita ajustes. Lo dijo tras la victoria en Avellaneda. Para superar a River, deberá dar un plus, como marcan los clásicos.










