Noam Sohlberg, el juez del Tribunal Supremo que preside el Comité Central Electoral de Israel, ha pedido este jueves a los servicios secretos en Israel y los territorios palestinos ocupados, Shin Bet, investigar “graves alegaciones” de injerencia extranjera en las elecciones legislativas celebradas el martes. No menciona países concretos, pero la sospecha —sobre la que no se han difundido pruebas— es de financiación catarí en apoyo de un partido árabe, Ra’am. Benjamín Netanyahu (cuya coalición pierde la mayoría, con el escrutinio casi completado) la está utilizando para deslegitimar un pacto entre las formaciones judías y árabes de oposición que lo desbanque del poder. Qatar llama “ridículas” las alegaciones. Apenas han pasado 48 horas desde la jornada electoral, aún no ha acabado el conteo de votos y ya se habla de una nueva convocatoria electoral.
La investigación puede alterar el peso de las opciones —suma de la oposición judía y árabe, Gobierno en minoría o de unidad nacional…— que los partidos negocian desde este miércoles. Ni el bloque de Netanyahu, con 53, ni el bloque judío de oposición, con 48, pueden gobernar. Pero el segundo tiene el margen de maniobra de dejar de excluir a los partidos árabes, que les han extendido la mano para cambiar el Gobierno. El resultado del 100% del escrutinio se espera para este viernes.
“Han llegado a mi conocimiento sospechas graves de influencia indebida en las elecciones, ejercida mediante financiación proveniente de entidades extranjeras que actúan en contra de los intereses israelíes”, ha escrito Sohlberg al director del Shin Bet, David Zini. “No puedo dar fe del fundamento de estas sospechas, pero considero que existe una obligación de investigarlas a fondo, al involucrar entidades extranjeras. Solo así podemos garantizar la confianza pública en el proceso electoral y la integridad del proceso democrático”.
El Likud, la formación que lidera Netanyahu, considera que “ningún partido sionista” debería “formar un Gobierno peligroso” gracias a “votos comprados en efectivo” para las dos listas árabes (Conjunta y Ra’am) que representan a los más de dos millones de palestinos con ciudadanía israelí y que tienen la llave del poder gracias a un resultado inédito. El Likud, que basó su campaña en el miedo y el racismo hacia los árabes, se ha referido a las alegaciones como si fuesen un hecho probado y ha advertido de un intento de “islamización de Israel”.
El asunto ha agitado la resaca electoral. El presidente, Isaac Herzog, ha pedido no “manchar” la imagen de la comunidad palestina, que justo ha logrado 19 históricos escaños. Y el líder de Ra’am, Mansur Abbas, ha dicho que su partido cooperará en la investigación y “no tiene relación alguna con el asunto en cuestión ni con ningún otro caso similar”. También se ha burlado de Netanyahu, al llamarlo Abu Yair, como él mismo hizo en la década pasada cuando (entonces sí) trataba de cortejar el voto árabe. “A Abu Yair [Netanyahu], quien emplea a agentes cataríes en su oficina, le enviamos un mensaje en respuesta a la campaña de incitación y deslegitimación que está llevando a cabo contra los ciudadanos árabes: no encontrarán nada, porque no hay nada”.
División
El anuncio ha logrado, además, dividir a las formaciones judías de oposición. El líder de Israel Beitenu, Avigdor Lieberman, ha pedido investigar “con rapidez” una sospecha “grave y sin precedentes”. Gadi Eisenkot, el presidente de Yashar, que apunta a segunda fuerza política, ha lanzado un doble mensaje: sí a “examinar minuciosamente cada denuncia” para “salvaguardar la integridad de los comicios frente a cualquier intento de interferencia, manipulación o sesgo”; no a “permitir que los actores políticos se aprovechen de la situación para influir en la fecha de la toma de posesión” del nuevo Parlamento, en dos semanas. Es un aviso a Netanyahu para no aprovechar la situación para prorrogar el actual (en el que tiene mayoría), evitando la previsible sustitución de su presidente, Amir Ohana.
En cambio, el presidente de la formación progresista Los Demócratas, Yair Golán, firme partidario de una unión entre partidos judíos y árabes para desbancar a Netanyahu, ha acusado al primer ministro de impugnar unos resultados en los que queda en minoría a través de una “campaña de deslegitimización”.
Todo, cuando aún no ha acabado el escrutinio. El Comité cuenta desde esta madrugada los denominados “sobres dobles”, alrededor de 450.000 votos emitidos por quienes no podían acudir a su colegio electoral: soldados, diplomáticos, hospitalizados, desplazados de sus hogares por las guerras, personal médico, presos… La previsión es que se muevan algunos escaños entre partidos, pero sin alterar el panorama general que emerge: el Likud de Netanyahu gana (ahora mismo recibiría 27 escaños), pero pierde en las cuentas para mantener la mayoría parlamentaria con sus socios de coalición ultraortodoxos y ultranacionalistas, al caer de 63 a 53.










