Nos gusta imaginar un balance del año con toda la furia, pero que, con una vuelta de hoja, deviene un inicio fresco y despejado. Se lo ve en la agenda ajada y la nueva de un blanco impoluto; en la trivialidad de lo viejo que se incendia y lo nuevo por venir: ya desvalido en nuestra acre imaginación.
Pero abrevar de estas ficciones permite, como si fueran de verdad, cortar con la mala onda e ilusionarse con la buena vibra del porvenir. Esfumar los anhelos frustrados, con la esperanza de poder realizar nuestras vidas con deseos renovados.
Es que la pasamos tan mal este año. Atados a las cotizaciones del dólar y los vaivenes de la inflación; las jugadas de la política y las trampas a la vista; el descubrimiento de los negociados corruptos- cantados- y todo por tu bien, aunque no lo percibas como tal.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Estar impactados a diario con la impronta de las guerras que se despiertan aquí y allá, las que no cesan, los millones de nuevos refugiados que lo pierden todo, quizás para siempre. Sentir que toda fragilidad, traición o grieta puede llevar a lo peor: que a veces se llama guerra civil y en otras esfumar la historia de la humanidad en una lluvia de misiles o el fulgor nuclear.
El constante flagelo de los números en falta que se nos cierran antes de tiempo, de las aspiraciones para nuestros niños, que se tornan en claudicaciones. La sensación penosa de “no poder dar más” a quienes amamos, a nuestros amigos y a nuestra comunidad: no poder ser suficientemente solidarios y generosos. Mientras no podemos evitar el convivir con familias enteras penando sus vidas en el despojo de habitar en las calles. Una vida que no es vida.
Los jóvenes siguen viviendo con y de los padres hasta edades insultantes para su propia autoestima, perdiendo su tiempo en realizaciones imposibles, gastando lo poco en caras fiestas electrónicas, recitales, zapatillas y éxtasis. Nuestros mayores, que se sienten decepcionados y doloridos con lo que les toca y aquello de lo que están privados.
La salvaje cacería de los motochorros a nuestros vecinos, cual leones- ¿qué digo?: ¡hienas! – que siguen a las manadas de animales de presa: siempre caerá alguno. Una malicia despiadada que nos hiere la moral y hiela los principios. Y nos condena al encierro. Mientras ellos se multiplican libremente por nuestras calles con su innoble cosecha.
Los valores que se diseñan desde las redes, los medios y la publicidad, impregnan las mentes de ideologías bastardas, como si fueran lo mejor que te puede pasar, dilapidando la esperanza en bagatelas y consumos intrascendentes, pero que se tornan imprescindibles. Como el slogan de un super: “Yo te conozco”: sabiendo de vos más que vos mismo –como tantos libros de autoayuda- pero te vas a enterar lo que sos y querés, comprando.
De las tres publicidades dominantes en la pantalla, una es la de las iglesias salvacionistas: las cosas no te funcionan por tu culpa, tus pecados y la falta de la buena fe. Pero eso se resuelve mejor si aportás el diezmo que las enriquece. Otra proficua publicidad aspira a mejorar tu cuerpo mediante una poción natural, un ungüentoignoto o una cirugía salvífica de quienes pretenden administrar los cuerpos. Gastan fortunas, pero les debe rendir, aun eligiendo los horarios trasnochados y al alba que son más baratos, pero es cuando la desesperación, la angustia o la falta de sueño te hacen hurgar detrás de la pantalla. Pero la relación costo/ beneficio, la tienen bien calculada: siempre ganan.
Pero hay una tercera publicidad, esta vez en “prime-time”, anunciada por los periodistas más destacados y figuras de impronta influyente: “celebrities”, que es más caudalosa que la de las gaseosas, lácteos y productos de belleza, que prometen a la mujer ganarle años y cutis lozano a la vida, como si se pudiera.
Se trata de la que te sugiere, propone y seduce a entregar tus joyas de familia y laminillas de oro, mal llamados lingotes, para cumplir tus “proyectos”, de los cuales siempre te preguntan.
Es tan raro, porque ninguno- son obviamente videos de diseño -ninguno dice que te despojás porque no podés pagar la luz, el alquiler, la comida o todo eso junto. Lo que es la verdad. Te despojan “cuidando tus sentimientos” y hasta sugieren que, de qué vale dejar esas joyas en el cajón.
¡En “el Cajón”! Para la gente, claro, es una necesidad venderlas, pero el forzareste cambio ideológico,que hace que lo malo se torne bueno, es cruel.
Estudios en las aguas de nuestros ríos indican significativos restos de anfetaminas, tranquilizantes tipo clonazepam y trazas de la salvífica pastilla azul. Indicadores de trastornos en el sueño, de ansiedad y desesperación. Pero también caída del erotismo y del encuentro amoroso- un fenómeno mundial- compensado desde temprano por el socorro de la pornografía y el goce al alcance de la mano.
Cada vez más los jóvenes apelan al “sindenafil“ pero, a su vez, los mayores con el avance de sus edades, persistenen habitar la ternura, la capacidad de amar y la sexualidad, maliciosamente señalados con la verde esperanza.
Como nunca se agredió a los docentes de escuela y secundario y se apeló a la violencia maligna del bullying: el aislar a la presa indefensa bajo la mirada de mudos y despavoridos compañeros. Esa experiencia que quiebra los espíritus de los niños y de los jóvenes, dañándolos de por vida. No pocos avances se han logrado con la enseñanza de habitar sentimientos y poder nombrarlos, en el trabajo de convivencia desde el jardín maternal, así como en los aportes de la mediación y gestión de conflictos entre los estudiantes. Hay países en que por el trabajo programado y sostenido, como Suecia y Dinamarca, no hay bullying. No hay.
Tanto hemos habitado la vivencia de las catástrofes naturales que se han tornado en el pan amargo de cada día. Inundaciones que destruyen ciudades y tu casa, que arruinan los esfuerzospara el cultivo yla cría de animales. Sequías que se podrían evitar, así como incendios por ambición o descuido. La sensación que los gobiernos no han sabido prever y proteger lo suficiente a sus conciudadanos.
Sí, la vivencia de incertidumbre y frustración, nos ha golpeado de modo traumático: a veces son tantas, que nose tiene la suficiente capacidad para afrontar tantas adversidades que te desborda.
Tampoco habría que exacerbar la decepción y la angustia. Han habido logrosinspirados en deportes, ciencia e investigación;la capacidad de nuestros estudiantes y los premios internacionales que han obtenido. Con los esfuerzos de docentes y profesionales de la salud en sostener con toda su alma las escuelas, universidades, investigaciones y hospitales. La impronta de los esfuerzos colectivos ysolidarios para mejorar las condiciones de la vida en común.Hay tantos.
El oficio de crear y producir obras teatrales y cinematográficas, conciertos, óperas y la multiplicación de ofertas de obras teatrales y hasta conciertos sinfónico corales de coreutas aficionados. La edición de libros al infinito y la enorme producción de poesía, novelas y ensayos. Sin duda, nuestro orgullo.
Sin embargo, hay tantos que se sienten más solos, másaisladosdel entornoy hasta de la gente más cercana. La sensación de incumplir nuevamente y postergar indefinidamente acciones y anhelos, va de la mano con la sensación de fracaso, de los que uno pareciera tener siempre la culpa.
El malentendido en las parejas, la dificultad de hablar con los hijos, los enojos y la ira que se escapa, las vivencias depresivas, la insoportable envidia que todo lo destruye, en el anhelo de ser otro del que uno es y la vivencia de sin salida.
No obstante, se sigue anhelando el encuentro y la alegría, la satisfacción y la realización. Es que, no pocas veces, nos salva la palabra amiga, la ternura que contiene, la sinceridad que cuida al otro y a uno mismo, que habilita salidas vitales. Se sabe pensar que, ante vivencias traumáticas de toda índole, se pueden desarrollar capacidades para sobreponerse, encontrar el propio eje y salir mejor parado como persona.
Se lo denomina resiliencia, aunque, como tantas palabras, se ha vaciado de sentido o yerra en su clave fundamental. Pues ese camino se puede recorrer con alguien que está contigo, que sabe esperar a que uno se sobreponga, que quiere que encontremos el camino y sabe acompañar a encontrarlo. Que aun en los peores momentos, cree que uno vale la pena y puede tener un buen destino. Sin atribuir culpas, sin ordenar lo que conviene, sin sugestionar, o sea, sin “melonear”.
Eso a veces se logra con la pareja, otras con un amigo o un familiar amable. Un maestro, quizás un sacerdote. Alguien que te acompañe y albergue, ayude a sostener tus propósitos y el sentido de tu andar. En nuestro país, quizás el que más psicoterapeutas tiene en el mundo, en proporción a su población, se torne un tema cotidiano y aceptado.
Si en otras partes del mundo no es tan bien visto, el “hablálo con un psicólogo” es la consigna más frecuente, cuando un amigo no sabe qué hacer o decirnos, y siempre hay alguno a la vuelta de tu casa. Y sí, pues se habrán graduado cursando conmigo unos 25.000. Una enormidad.
Puede ser que los sinsabores que vengo de contar puedan explicar el llamativo fenómeno delinusual incremento de consultas a fin de año, cuando ya se nos escapa de las manos.Es que las buenas conversaciones que te albergan, que permiten atravesar el dolor o la penuria, para saber esperar algo mejor: el encuentro, la alegría, la ternuray el acercamiento a nuestros anhelos.
Sugiero que la consigna o el desvelo sea “no renunciar a desear”.










