Los arrecifes amazónicos: el riesgo olvidado en la exploración de petróleo en Brasil | América Futura

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Difundido hasta el 23 de enero de 2026, el informe de simulación de derrame de petróleo en el Bloque FZA-M-59 que se realizo en diciembre de 2025 por Petrobras, reavivó una señal de alerta sobre los posibles riesgos ambientales que tiene esta área de exploración petrolera costa afuera situada en la cuenca de Foz do Amazonas, dentro del Margen Ecuatorial brasileño. El ejercicio se basó en un escenario de accidente realista y se centró en detallar cómo sería el monitoreo, rescate y cuidado de la fauna que podría terminar contaminada por el petróleo. Pero a pesar de ser un componente central en la margen ecuatorial, el Sistema Arrecifal Amazónico no se incluyó en la simulación, no formó parte del análisis y no se identificó como un área estratégica de protección.

En la práctica, esto significa que, si se aprueba la explotación y se produjera un derrame de crudo, los arrecifes amazónicos quedarían completamente excluidos de las medidas de respuesta a emergencias planificadas por Petrobras. La simulación es una de las condiciones impuestas por el Ibama (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables) para la emisión de la Licencia de Operación (de octubre de 2025) que autoriza, precisamente, perforar un pozo exploratorio. Sin embargo, la ausencia de los arrecifes en esta etapa del proceso no es un incidente aislado. Las omisiones han sido históricas.

Fue así desde que, en 2013, BP Energy adquirió el Lote 59. Los estudios de impacto ambiental, presentados en 2015, no incluyeron los arrecifes en el análisis de riesgo ambiental (ARA), un paso fundamental en el proceso para obtener la licencia. La primera mención de estos ecosistemas en el proceso provino del Ibama en 2016, al solicitar información sobre el “reciente descubrimiento de arrecifes en la Margen Ecuatorial”.

En 2017, BP presentó una revisión de los estudios, caracterizando el sistema arrecifal, su tamaño y biodiversidad, pero sin considerarlo un área de riesgo prioritaria. Tras la adquisición del bloque por parte de Petrobras en 2021, la empresa estatal realizó un examen, ampliando los análisis técnicos, pero manteniendo la misma evaluación de riesgos y excluyendo los arrecifes como ecosistema estratégico.

Este reportaje, con el apoyo de Victor Vieira, ingeniero ambiental especialista en licenciamiento y exconsejero de la Federación Nacional de Entidades de Ingeniería Ambiental y Sanitaria (FNEAS), analizó los Planes de Protección Individual (PEI) y los Planes de Protección de la Fauna (PPAF) entre 2015 y 2025. Tras el ejercicio, para Vieira no hay duda. “Hay una invisibilidad explícita del Sistema Arrecife Amazónico a lo largo de casi una década de revisiones”, asegura. “Esta falta de denominación y reconocimiento formal de un ecosistema estratégico, ya ampliamente discutido en la literatura científica, no es solo una deficiencia técnica, sino también simbólica y regulatoria, ya que impide que el sistema arrecifal sea tratado como un objeto legítimo de construcción de protocolos de prevención y respuesta”, afirma.

Por donde se mueve el petróleo

Petrobras señaló en un comunicado enviado a través de un correo electrónico que no hay indicios de la presencia de sistemas arrecifales ni de otros organismos de formaciones biogénicas en el área de perforación. “Las áreas mapeadas en artículos científicos recientes y en estudio se ubican en un rango de hasta 200 metros de profundidad. Por lo tanto, se encuentran bastante lejos del pozo Morpho”, afirmó, refiriéndose al estratégico pozo dentro del Bloque 59 en el que se probará si sí existen hidrocarburos que se puedan explotar a volumen comercial. El argumento fue corroborado por Ibama, que agregó, en otro comunicado, que “los modelos de dispersión de derrames de petróleo muestran una tendencia de deriva hacia el norte/noroeste, hacia aguas internacionales”. Según el instituto, en los últimos años se ha llevado a cabo una rigurosa evaluación de los impactos y riesgos ambientales, considerando todas las características técnicas del proyecto presentado.

Pero Suely Araújo, expresidenta de Ibama y actual coordinadora de políticas públicas del Observatorio del Clima, afirma que aún existen muchas incertidumbres sobre los sistemas de dispersión de petróleo, especialmente al tratarse de una región marcada por intensas corrientes oceánicas y una gran carga de sedimentos. “Este factor se está subestimando en el análisis, al mismo tiempo que se subestima el comportamiento del petróleo”, explica.

Además, el gran volumen de sedimentos del área es un factor que, en palabras de Kerlem Carvalho, coordinadora de Océano y Agua del Instituto Internacional Arayara, podría arrastrar al menos el 20% del petróleo al fondo del mar en caso de derrame. Según la coordinadora, datos de BP muestran que las corrientes subsuperficiales van hacia zonas con rodolitos y hábitats sensibles que no fueron bien evaluados. “En estas condiciones, la mera ausencia de arrecifes bajo el pozo Morpho no excluye impactos en áreas adyacentes o transfronterizas”, concluye.

Para Vieira, las conclusiones sobre la baja probabilidad de que el petróleo llegue a la costa o afecte a estos ecosistemas “se basan casi exclusivamente en estos modelos, lo que contradice las mejores prácticas internacionales”.

Más allá de los arrecifes

Adelino Cavalcante es un pescador originario de Limoeiro do Ajuru, un municipio de Pará, que se encuentra en la desembocadura del Amazonas, donde la incertidumbre sobre el futuro acompaña la vida cotidiana de sus habitantes. “Estos proyectos no son para nosotros. Y les diré más: nos destruirán”, afirma, vinculando la exploración petrolera con el desplazamiento silencioso de las comunidades pesqueras. Su preocupación tiene sentido: después de todo, las comunidades que viven en la margen ecuatorial no fueron consultadas ni informadas sobre los proyectos, como lo señala una acción pública de octubre del año pasado. Esto, a pesar de que dependen directamente de la salud de los ecosistemas marinos y costeros para su subsistencia.

El Sistema Arrecife Amazónico es el resultado de una combinación de factores que solo se encuentran en la desembocadura del río Amazonas, convirtiéndolo en un ecosistema único, complejo y aún poco conocido. El río actúa como un canal que drena toda el agua de una inmensa red de ríos y arroyos formada por las lluvias que caen en toda la cuenca, la más grande del mundo. “La cantidad de agua es tan grande que fluye hasta 3.000 kilómetros mar adentro. Es increíble”, afirma el oceanógrafo y profesor de la Universidad Federal Rural del Amazonas (UFRA), Eduardo Tavares Paes.

Esta agua aparece como una gran mancha fangosa que se extiende por la superficie del mar, formando lo que se conoce como la pluma amazónica. “Es básicamente agua, pero agua que transporta una gran cantidad de materia orgánica y nutrientes, tanto disueltos como en partículas. Esta materia se convierte en alimento, se acumula en el lecho marino y comienza a sustentar a los organismos que allí viven”, afirma Paes.

La pluma, además, se conecta con el sistema arrecifal que, a su vez, se une con la inmensa extensión de manglares a lo largo de la costa, también la más grande del mundo. “En estas zonas, aparecen esponjas de gran tamaño, algunas centenarias, que alcanzan casi dos metros de altura. Ya existen estudios que demuestran que la composición química de estas esponjas es similar a la de la pluma amazónica”, explica el profesor.

Estos tres sistemas —el arrecife, los manglares y las esponjas— funcionan como partes de un mismo cuerpo, donde uno depende del otro para existir. Muchos peces, por ejemplo, pasan su juventud en los manglares, donde encuentran refugio y alimento, y solo más tarde migran a los arrecifes como adultos. “Estas relaciones más íntimas entre los sistemas, la biología básica de las especies, son poco conocidas”, dice Paes. Eso es lo que podría estar en riesgo y no se ha considerado.

Y es que la amenaza existe. Pocos días después del ejercicio de simulación, un derrame de fluido durante la perforación del pozo Morpho obligó a suspender las actividades en el lugar. El incidente ocurrió el 4 de enero. En un comunicado, el Ibama informó que el fluido derramado es una mezcla de productos utilizada en las actividades de exploración y producción de petróleo y gas. Hasta el momento, ese derrame derivó en una multa de 2,5 millones de reales (alrededor de 475.000 dólares) para la empresa y en la suspensión de operaciones por más de 30 días.

*Traducido del portugués al español por Omar Albornoz.

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