Colombia irá a las urnas el próximo 15 de marzo para una elección que, aunque formalmente es legislativa, funcionará en la práctica como el primer gran test del año electoral. Ese día se renovará el Congreso de la República (Senado y Cámara) para el período 2026-2030, pero además se celebrarán consultas interpartidistas que buscan ordenar la oferta de candidaturas presidenciales rumbo a la primera vuelta del 31 de mayo, con eventual balotaje el 21 de junio.
Las elecciones generales de 2026 se desarrollan en un contexto de alta polarización política, tensiones institucionales y creciente incertidumbre social. El proceso electoral se configura como un plebiscito implícito sobre la continuidad o ruptura del proyecto político que llevó a la izquierda al poder con Gustavo Petro. El electorado se encuentra movilizado por factores identitarios, económicos y de seguridad, en un clima de competencia ideológica intensa.
Esta jornada tendrá una particularidad clave: los dos candidatos que hoy encabezan las encuestas nacionales —Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella— no participarán en las consultas interpartidistas de marzo. Ambos ya tienen consolidada su candidatura y competirán directamente en la primera vuelta presidencial.
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En el caso de Iván Cepeda, fue el Consejo Nacional Electoral el que lo excluyó bajo el argumento de que ningún candidato puede participar en más de una interna interpartidista y que el candidato del Pacto Histórico fue ungido en una consulta en octubre de 2025.
Por su parte, Abelardo de la Espriella prefirió no participar de la alianza de la derecha por considerar que su “alianza es con el pueblo” aunque no descartó trabajar luego para la unidad de dicho espectro ideológico. El propio expresidente y líder de la derecha colombiana Álvaro Uribe anticipó, incluso antes de iniciada la campaña electoral, que en una eventual segunda vuelta entre el petrismo y De la Espriella acompañaría a este último. Anticipo que no cayó bien entre los partidarios de Cambio Democrático.
Al no estar presentes los punteros, el 15 de marzo pierde parte de su atractivo competitivo. Las consultas no definirán quién lidera la carrera presidencial, sino quién intentará posicionarse como alternativa frente a una polarización ya instalada entre izquierda y la extrema derecha. La jornada funcionará como una disputa por el tercer lugar y por la reorganización del centro y la centroderecha de cara a una probable segunda vuelta.
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Las tres consultas que se celebrarán en un mismo tarjetón son: la Consulta de las Soluciones (centro), encabezada por Claudia López; la Gran Consulta por Colombia (centroderecha), donde compiten desde outsiders como Vicky Dávila hasta dirigentes de trayectoria como Paloma Valencia, Juan Manuel Galán, Juan Carlos Pinzón y Juan Daniel Oviedo; y el Frente por la Vida (centroizquierda), liderado por Roy Barreras, tras la exclusión de Iván Cepeda.
La consulta de centro anticipa la victoria de la primera alcaldesa electa por el voto popular, mientras que la de centroderecha avecina una ventaja de Paloma Valencia, por la propia estructura del partido Centro Democrático, como por el apoyo explícito del expresidente Álvaro Uribe, quien incluso empuja su candidatura con la lista del Senado, donde va personalmente en el número 25.
La de centroizquierda tras la salida de Iván Cepeda, deviene en una consulta hecha a la medida de Roy Barreras para traccionar el voto de la izquierda dentro de un padrón nacional e intentar convencer al propio Gustavo Petro de las bondades de una posible candidatura progresista que pueda ampliar al centro en la primera vuelta.
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Más de 20 millones de electores están habilitados para votar, por lo que el incentivo de los precandidatos es medirse en clave nacional y proyectar volumen político hacia mayo.
El escenario electoral está atravesado por cuatro ejes prioritarios: seguridad y violencia; corrupción; economía y costo de vida; y agenda internacional, particularmente la relación con Estados Unidos y la crisis venezolana. Estos factores estructuran la competencia y refuerzan la polarización. Profundizando clivajes a menos de dos semanas de las elecciones Gustavo Petro firmó la solicitud para que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente.
La confianza ciudadana en las instituciones electorales es limitada y desigual. Mientras la Registraduría mantiene mayor credibilidad operativa, el Consejo Nacional Electoral enfrenta mayores cuestionamientos. La violencia política, el clientelismo y la influencia de actores armados erosionan la percepción de imparcialidad del sistema y elevan la demanda de transparencia.
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En las legislativas se renuevan 103 escaños del Senado y 183 de la Cámara. Se proyecta una consolidación del Pacto Histórico en el Senado apoyado por fuertes bloques regionales y una mejora del Centro Democrático. La incógnita será la performance de las listas de Salvación Nacional, conocidas como listas del Tigre que empuja Abelardo de la Espriella. Esas listas tienen al menos dos particularidades. La primera es que lleva varios pastores de iglesias cristianas buscando, como él dice, ser el “Ciro de Colombia” y apostando a que los creyentes sean un ejército dispuesto a servir a su campaña presidencial. La segunda particularidad es que en varias de ellas existen lugares vacantes, algo parecido a lo que pasó en Argentina en 2023 con las listas de La Libertad Avanza de Javier Milei.
De cara a may,o el escenario más probable es de alta polarización, con segunda vuelta entre izquierda y derecha/extrema. Un escenario menos probable implicaría la emergencia de un candidato moderado con capacidad de coalición, mientras que la fragmentación extrema aparece como hipótesis residual.
El 15 de marzo no definirá al próximo presidente. Con Cepeda y de la Espriella ya instalados en la primera vuelta, marzo no enfrenta a los punteros; enfrenta a quienes buscan evitar que la disputa de mayo quede reducida a un duelo binario.
Marzo reordena, mayo define. A una semana de las elecciones, el interrogante no es quién lidera hoy la contienda, sino si el centro logrará convertirse en actor decisivo o si el sistema terminará cristalizando una segunda vuelta dominada por los extremos. El tablero ya está dispuesto. Lo que resta saber es si alguien logrará moverlo.
Dolores Gandulfo es especialista en relaciones internacionales y procesos electorales (USAL, UNSAM, Gerogetown University), miembro del Consejo Asesor Latinoamericano de Institute for Integrated Transitions (IFIT) y de la Red de Politólogas.
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