Cuando Agostina Burani disputó su primer Mundial de mayores, tenía apenas 18 años y estaba dando sus primeros pasos en una disciplina que en Argentina todavía no tenía una competencia doméstica consolidada. Dieciséis años después, siendo una de las figuras de la creciente Liga Femenina de Básquetbol, la pívot intentará la semana próxima conseguir la clasificación para su tercer Mundial con el seleccionado nacional, del que jamás se alejó en este largo camino.
“Cada vez que me toca representar a mi país es un orgullo como la primera vez”, remarca la subcapitana del seleccionado, quien será una de las 12 integrantes del plantel que competirá entre el 11 y el 17 de marzo en Estambul en uno de los Torneos Clasificatorios al Mundial Femenino Alemania 2026. En ese certamen, en el que habrá tres cupos en disputa, Argentina se medirá con cinco adversarios sumamente exigentes: Australia (ya tiene asegurada su participación en el Mundial por ser el campeón de la Asia Cup), Canadá, Japón, Turquía y Hungría.
“Estar en un Mundial es muy significativo para el país, pero también es muy difícil lograrlo. Vamos a por todo a tratar de conseguir uno de esos lugares. Sabemos que es un torneo muy complicado, pero no perdemos ese sueño de conseguir la clasificación después de tantos años. Y ese sueño te da fuerzas hasta cuando ya no tenés para tratar de conseguirlo”, asegura la interna, de 1,86 metros.
La posibilidad de participar en este Torneo Clasificatorio de Estambul, en el que no partirá como favorito a lograr un lugar en el Mundial, marca un paso más en la evolución que ha mostrado el seleccionado femenino en la última década y, sobre todo, desde que Gregorio Martínez tomó el mando del equipo en julio de 2020. Burani valora haber llegado hasta aquí, pero destaca que ni ella ni sus compañeras se conforman con esto: “Yo no lo llamaría ‘fracaso’, pero si no nos clasificamos, vamos a desilusionarnos porque es algo que venimos buscando desde hace años”.
Argentina consiguió su pasaje para el certamen de Estambul en julio del año pasado al terminar cuarta en la AmeriCup de Santiago de Chile, en la que estuvo a un lanzamiento de subir al podio (cayó 76-75 ante Canadá en el partido por el tercer puesto). Diez meses antes, se había quedado con el título en el Sudamericano que se llevó a cabo también en la capital chilena derrotando a Brasil en la final.
– ¿Cuáles fueron las claves que permitieron que el equipo lograra este progreso?
– Llevamos varios años de trabajo con el mismo proceso, con Gregorio a la cabeza y con un estilo de juego bastante determinado. El equipo se siente cómodo con eso y año a año fuimos mejorando y consiguiendo cosas. Además mantenemos una base de jugadoras desde hace tiempo y se fue haciendo una transición de a poco, se fueron sumando algunas chicas y no nos costó el ensamble. Ojalá podamos completar este proceso con la frutilla del postre, que sería la clasificación al Mundial. Eso sería muy bueno para el crecimiento del básquet argentino.
Al ampliar la mirada sobre los motivos de este crecimiento, la jugadora nacida el 4 de octubre de 1991 en Lanús también hace foco en la evolución de la Liga Femenina de Básquetbol, a la que regresó en julio pasado. Después de cinco temporadas en la Liga Endesa de España, el torneo nacional más competitivo del universo FIBA (vistió las camisetas de Movistar Estudiantes, Campus Promete, Kutxabank Araski y Spar Gran Canaria), se sumó a Obras Sanitarias, al que ya había representado en la temporada 2019 y en la Liga Sudamericana 2024.
“Nunca se me había pasado por la cabeza que podría jugar profesionalmente en mi país. Obviamente el nivel no es el mismo que el de la Liga Endesa, pero en Obras tengo las mismas condiciones de trabajo, me entreno todos los días. La Liga está creciendo, año a año vuelve a jugarse, se suman más equipos y eso hace que vengan jugadoras de afuera y quieran quedarse. Eso también influye en nuestro crecimiento. Y si conseguimos la clasificación al Mundial, eso será otra motivación para seguir apostando al femenino, que nuestra Liga y nuestras jugadoras sigan creciendo, y seamos muchísimas más”, valora la pívot.
La selección ha sido una presencia constante en la carrera de Burani. Desde que debutó en la mayor el 23 de septiembre de 2009 en un partido contra Venezuela por el Campeonato FIBA Américas (hoy denominado AmeriCup) en Cuiabá, acumula 103 partidos. En este período, compitió en los Mundiales de República Checa 2010 y España 2018, en seis ediciones del Sudamericano y en cinco de la AmeriCup (también integró el plantel en San Juan de Puerto Rico 2021, pero no pudo jugar por haber contraído covid-19), entre otros torneos. Y fue protagonista de dos de los tres títulos sudamericanos que Argentina consiguió en su historia, en Tunja 2018 y Santiago de Chile 2024 (el restante fue en Buenos Aires 1948).
– Después de tanto tiempo, ¿cómo es hoy tu relación con la selección?
– Pasaron muchos años, en los que fui creciendo y fueron cambiando mis roles y la forma en que vivo las experiencias con la selección. Me encuentro bien, el equipo me hace sentir bien, cómoda. Todo lo que pude aprender en cada proceso y en cada torneo lo transmito ahora a las más chicas, a las que suben y a las que ya estuvieron, pero nunca jugaron un torneo importante. Y en la cancha siempre dejo todo y aporto mi experiencia y mis cualidades deportivas.
A los 34 años, la exjugadora de Lanús y Unión Florida tiene claro que el final de su ciclo en la Albiceleste no está lejos, pero, por ahora, no quiere fijarle una fecha: “Siempre que estoy en la selección lo disfruto al máximo, como si fuera la primera y la última vez, porque no sé cuándo se puede terminar. Mientras esté bien, lo disfrute y pueda aportar al grupo, siempre voy a estar. Pero la selección exige que cada una esté en el mejor momento. Quizás el año próximo hay otra jugadora en mejor nivel y quedo fuera. Ya veremos si este torneo es el último o quedará alguno más”.










