«Mauricio es un personaje muy incómodo, es un villano o es un héroe»

«Mauricio es un personaje muy incómodo, es un villano o es un héroe»


En Chile, se le conoce como el comandante Ramiro, una figura clave de la organización guerrillera Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que resistió la dictadura de Augusto Pinochet e incluso intentó asesinarlo el 7 de septiembre de 1986. Sin embargo, su nombre es Mauricio Hernández Norambuena. En Chile, cumple una condena de 26 años por un secuestro en Brasil y por el asesinato del senador Jaime Guzmán, principal ideólogo de la dictadura, además de otros delitos. Sin embargo, es también considerado uno de los últimos revolucionarios de América Latina. Hasta su celda llegó la escritora trasandina Nona Fernández (Santiago, 1971) para conversar con él, para intentar entenderlo, para poner un poco de humanidad entre tanta violencia.

Hace un frío pasmoso en Buenos Aires, pero del otro lado de la Cordillera, donde Nona Fernández se conecta en una videollamada, los 22 °C y el cielo mayormente despejado regalan una tarde amorosa de otoño. La charla con este diario será también amorosa, humana, empática, aunque también crítica con ese hombre que militó la revolución socialista y perdió; luchó contra la dictadura de Pinochet y perdió; partió a Colombia para sumarse a la guerrilla y perdió; fue apresado y se escapó colgado de un helicóptero; delinquió de muchas y variadas maneras y perdió; pasó veinte años en un régimen de aislamiento en Brasil y lleva varios en Chile también encerrado con rigor. Marciano es una novela, aunque también una entrevista y una biografía y una crónica sobre el camino que construyó Mauricio Hernández Norambuena y el tendal de violencia, muerte y dolor (ajeno y propio) que fue quedando a su paso.

Nona Fernández presentó Marciano en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires ayer en el espacio cultural de Clarín-Ñ y volverá a hacerlo mañana martes a las 20:30 en la sala Alejandra Pizarnik. Pero antes revisó en esta entrevista aquellos años, esa lucha, los pliegues de esta historia de vida y los ecos que suenan en el presente.

Marciano tiene un protagonista con una vida llena de acción, hay crímenes, fugas, una revolución, distintos presidios, ¿cómo hacer una novela cuando el material en sí mismo ya es extraordinario?

–A mí me gusta llamarla novela, pero evidentemente es un libro raro, muy marciano también el propio libro, porque contiene y se debe a un archivo que tiene nombre y apellido y es el de Mauricio Hernández Norambuena, y todo lo que tiene que ver con su vida, con sus ideas, con sus opiniones y sus puntos de vista es algo que el libro no transgrede. Pero me gusta llamarle novela, porque evidentemente hay cosas que tienen que ver con la ficción en el libro. Y yo creo que para la lectura son evidentes: cuando comienzan a hablar los muertos, por ejemplo, ahí hay un trabajo con otros archivos, con investigar a los personajes, y tener el punto de vista de Mauricio en relación a esos personajes, aunque todo eso sea ficción. Entonces, hay lugares de la novela en los que yo juego, me tomo licencias, y muchos de ellos están explicitados en la ficha de lectura que Mauricio hace de este libro, que aparece al final. Por supuesto, tampoco fue él quien la escribió, pero recogí un poco sus opiniones para ponerlo ahí. Es un libro tramposo al decir que es novela, pero también sería muy tramposo si yo dijera que es un libro de no ficción. No lo es tampoco. Y en ese lugar intermedio, y que me encanta, decidí que era una novela.

–Ese territorio híbrido en el que situaste tu historia, ¿fue una decisión que tomaste antes de comenzar las charlas con él o fue algo que se fue construyendo?

–Me demoré bastante, la verdad, porque era tan inconmensurable el material y era, a ratos, tan exquisito el material con el que me encontraba, que evidentemente no tenía idea de lo que iba a hacer, no sabía. Yo normalmente me lanzo a la escritura, primero a la investigación y luego a una escritura sin saber. Entonces, tampoco es algo que me preocupe. Y lo que me empieza a pasar siempre, y con este material muchísimo más, es que el material comienza a adecuarse y a pedirte cosas, empieza a decirte cómo se manifiesta y yo tenía muchas ideas sueltas: cuando Mauricio me contó que hablaba con sus hermanos muertos, yo sabía que eso era un material exquisito que tenía que trabajar; cuando me encontré con esas cartas de su familia, también dije que ese archivo era fantástico, pero todo eso fue tomando un camino. Luego, entendí que, si bien yo quería que esa voz fuera la protagónica, sentí que no podía asumir la voz de Mauricio, hay cosas donde nosotros no estamos en completo desacuerdo. Y ahí comenzó la idea de hacer diálogos entre N, que es Nona, y M, que es Mauricio o Marciano, que van conversando, yo voy incitando algunas conversaciones y a ratos no estamos de acuerdo y, a ratos, las voy elaborando de manera tal que se entiendan dos puntos de vista distintos.

–Antes de que se cruzara Mauricio en tu vida, ¿qué recuerdo tenías vos de aquellos años?

–Yo soy un poquito más de 10 años menor que Mauricio. Entonces, todas las acciones del Frente Patriótico en tiempos de dictadura las observaba, salían en las noticias, los apagones llegaban a mi casa, el atentado a Pinochet lo seguimos en la televisión… son parte de mis recuerdos de adolescente. Pero a Mauricio Hernández Norambuena, en lo específico el comandante Ramiro, recién lo empecé a individualizar cuando ocurrió el rescate y aparecieron cuatro nombres. Aquí en Chile, para las generaciones que vivieron la dictadura y parte de la transición con cierta lucidez y conciencia, Mauricio es un personaje muy polémico y muy incómodo, porque la mitad del país lo adora y lo considera un héroe o una especie de santo, mientras que la otra mitad del país piensa que es un criminal y que tiene que pudrirse en la cárcel. O sea, es un villano o es un héroe, un santo o un demonio. Esa es la figura de Mauricio acá en Chile.

–¿Cómo conseguiste entrevistarlo a lo largo del tiempo en una cárcel de máxima seguridad?

–Fui convocada por una productora que me invitó a escribir un proyecto de serie sobre el Frente Patriótico en el que Mauricio iba a ser la fuente principal de información. La idea era que yo pudiese tener conversaciones con él y ese permiso lo consiguieron sus abogados. Cuando el proyecto de la serie se canceló, me quedo con el permiso y seguí yendo, aunque ahora el pacto que establecimos con Mauricio era que esto iba a ser un libro, un libro literario. Así es que yo iba los viernes, los tres primeros años siempre fue con un gendarme cerca, yo entraba con un lápiz y un papel, pero era poco lo que anotaba, porque nuestras conversaciones eran muy álgidas, también muy desordenadas. Luego, me subía al auto, sacaba el celular y grababa todo lo que recordaba de la conversación.

–Él protagonizó un puñado de hechos muy notorios: un atentado contra Pinochet, una fuga espectacular de una cárcel en helicóptero, un asesinato, secuestros, la guerrilla en Colombia, pero son momentos que vos no explotás demasiado en el libro. ¿Por qué?

–La serie, por supuesto, tomaba todos esos materiales como protagónicos, las persecuciones, el villano, todo se trataba de eso. Yo trabajo para la televisión y sé que es así, pero al poder encontrarme a conversar con Mauricio, me sorprendí porque me encontré con una persona, me encontré no con el comandante, sino que con Mauricio Hernández, un buen estratega, un gran lector, un hombre bastante claro en relación al presente del mundo. Todo eso me sorprendió mucho y me dije que eso era lo más interesante que había ahí. Porque esa es una historia que se ha contado, pero no desde el lado humano. Entender las torpezas, los miedos, las dificultades. Se cuenta la épica de aquello y también ese trazado de grandes acciones, ese grupo de personas que se cuidaba y se quería mucho. Eso es lo que empezó a aparecer, el territorio de la humanidad y el de la persona que Mauricio fue y es, me pareció infinitamente más importante.

Marciano, de Nona Fernández (Random House)

–¿De qué manera el libro permite meterse en las mentes y las vidas de aquellos jóvenes que aceptaron la lucha armada como herramienta política, algo que hoy es incomprensible?

–Para mí siempre es interesante entrar a un libro porque yo sé que en ese libro, cualquiera sea, hay un material o un enigma sobre el cual reflexionar y cuando entro a la escritura, empiezo a entender la dimensión de esa juventud apasionada, a ratos chiflada, que comienza a levantar un sueño colectivo y es capaz de todo, pero absolutamente de todo, de sacrificar la vida entera por eso. Por supuesto que eso es muy marciano en la actualidad, es una una mirada del mundo que yo creo que ya nadie tiene. Incluso quienes éramos más chicos y mirábamos con admiración todo aquello, si tú me lo preguntas en la actualidad, yo creo que nadie tiene que dar su vida, ni perder la vida, por ningún objetivo. Hoy día, no somos capaces, nuestro mayor gesto revolucionario es poner un like en Instagram y, en un intento revolucionario completo, podemos lanzar un tweet y, con eso, creemos que vamos a cambiar el universo. Entonces, a la luz del presente, ahí queda rebotando una inquietud. Y aquí vuelvo a lo que decía antes: cuando uno comienza a comprender que ellos avanzaron y se equivocaron y todo eso lo hicieron personas comunes y corrientes como somos todos, que tomaron decisiones.

–Hay una deriva entre el revolucionario y el criminal, que secuestra a cambio de dinero, al que no le escapás y que también se repitió en otros grupos de la época. ¿Era incómodo ese aspecto?

–En un momento en el que el mundo nos lo están organizando tan polarizadamente, donde todo es blanco o negro, de héroes o villanos, no se trata de las grandes definiciones, ya que todo merece una mirada un poquitito más compleja. Y Mauricio tiene que ver con eso. La historia de Mauricio representa también la historia de la transición a la democracia en Chile, que es una historia que todavía no terminamos acá, es una historia incómoda. Todo lo bueno de la transición, y yo soy una agradecida de la llegada a la democracia, implica también una parte oscura que nosotros no hemos conversado. No es tan extraño que un grupo de jóvenes que estuvo trabajando por liberar un país después, cuando el tirano es senador de la República, diga: “esto parece que no es democracia”, que diga: “si aquí no se va a hacer justicia, la vamos a hacer nosotros”. Claro, yo no comulgo con eso, pero puedo entenderlo. Así como también hay cosas que me siento a conversar con él y no logro entender para nada, como el tema de los secuestros. En el caso de Mauricio, él dice que todas las acciones tuvieron que ver con un gesto político. Podemos estar de acuerdo o podemos estar en completo desacuerdo, pero el suyo no es el mismo caso de algunos otros compañeros de Mauricio, que han terminado secuestrando para poder tener su casa y su vida. Mauricio en este minuto es un hombre que no tiene nada.

La escritora chilena Nona Fernández. Foto: archivo Clarín.

–En un país polarizado, en el que Mauricio representa lo heroico y lo criminal, ¿qué posición toman las fuerzas políticas que ideológicamente están más cerca, sea el caso del expresidente Gabriel Boric, por ejemplo?

–Es muy complejo porque como son personas incómodas, cuando no se está en el poder, evidentemente los sectores más de izquierda sí se preocupan por ellos. Yo diría el mismo Boric antes de ser presidente y aunque nunca visitó a Mauricio, sí tuvo conversaciones con la familia. Digamos que hay una solidaridad con el tema. Pero es distinto cuando se tiene el poder porque Mauricio es una especie de chivo expiatorio para las culpas de todos. Además, una de sus condenas es por ser el autor intelectual del asesinato de un senador que fue muy importante para la derecha por ser el gran ideólogo de la dictadura, entonces, que alguien lo indulte, que alguien lo saque de la cárcel, que alguien lo trate bien, es un problema, es muy difícil, se vería muy feo.

Nona Fernández presentará su novela Marciano mañana martes a las 20.30 en la sala Sala: Alejandra Pizarnik del Pabellón Amarillo.

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