Trump anuncia conversaciones “productivas” con Irán y pospone cinco días los posibles ataques a su infraestructura energética | Internacional

Trump anuncia conversaciones “productivas” con Irán y pospone cinco días los posibles ataques a su infraestructura energética | Internacional


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a abrir la perspectiva de una solución negociada a la guerra en los próximos días. A solo unas horas de que expirara el ultimátum que dio este fin de semana a Teherán para abrir el estrecho de Ormuz, ha anunciado un aplazamiento de cinco días a posibles ataques de sus fuerzas contra la infraestructura energética de Irán. También ha asegurado que se desarrollan contactos con Teherán y ya existen 15 “importantes puntos de acuerdo” con el régimen. Pero Irán niega que existan conversaciones, y atribuye los comentarios de Trump a un intento de ganar tiempo para reducir los precios de la energía.

“Me complace informar de que Estados Unidos e Irán han mantenido, durante los últimos dos días, conversaciones muy positivas y productivas”, ha señalado el republicano en un mensaje en su red, Truth Social. El mandatario estadounidense afirma que la decisión está “sujeta” al “éxito de las conversaciones” mantenidas, según él, entre Washington y Teherán, y en las que ya hay “importantes puntos de acuerdo”.

Las de este lunes son las declaraciones más positivas hasta el momento sobre la guerra de un Trump que ha venido ofreciendo posiciones contradictorias —en ocasiones en el mismo día— desde el comienzo de la guerra el pasado 28 de febrero. Con ellas, el republicano parece buscar una vía de salida a lo que apenas horas antes, de cumplirse las amenazas mutuas, parecía un camino inexorable a un recrudecimiento y ampliación del conflicto con nefastas consecuencias económicas, militares y para la población civil.

En comentarios cuando se disponía a embarcar en el avión presidencial Air Force One, Trump ha asegurado que ya se desarrollan contactos con Irán, en los que Washington cuenta con “fuertes puntos de acuerdo” con el país adversario. Esas conversaciones telefónicas comenzaron el domingo, continuarán este lunes y están encabezadas en la parte estadounidense por sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, según ha apuntado. Ambos ya estuvieron a cargo de las negociaciones indirectas con Teherán sobre el programa nuclear de la República Islámica en vísperas del comienzo de la guerra.

Trump se ha mostrado vago acerca de quién representa a Irán en esas negociaciones; solo ha precisado que se trata de un político “respetado”, y que no es el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí.

“Muy sólidas”

“Hemos tenido conversaciones muy sólidas, veremos a dónde llevan. Tenemos importantes puntos de acuerdo, diría que casi todos”, ha sostenido Trump. “Estamos rozando una verdadera posibilidad de llegar a un pacto”.

Teherán rechaza que existan contactos. “Las declaraciones del presidente de Estados Unidos se producen dentro del marco de esfuerzos por reducir los precios de la energía y ganar tiempo para poner en marcha sus planes militares”, ha señalado su Ministerio de Asuntos Exteriores, según la agencia Mehr. Trump alude a “iniciativas de los países de la región para desescalar las tensiones, y nuestra respuesta a todos ellos está clara: nosotros no somos los que empezamos esta guerra, y todas esas peticiones deberían plantearse a Washington”, defiende el ministerio iraní.

Trump ha ironizado sobre el desmentido: “Quizá no les ha llegado el informe. Tienen las comunicaciones interrumpidas por la guerra, ya saben”. En una entrevista concedida a la cadena Fox Business en paralelo a sus declaraciones a pie de avión, el estadounidense ha asegurado que “Irán realmente quiere llegar a un acuerdo” y eso “podría ocurrir en los próximos cinco días”.

Israel, quien lanzó el ataque contra Irán mano a mano con EE UU en febrero con el objetivo (que no parece cercano) de tumbar su régimen, ha reaccionado con silencio ante la posibilidad de un fin abrupto y negociado al conflicto. Es la enésima constatación de que, pese a la estrecha cooperación militar, los tiempos de este conflicto se marcan en Washington, no en Israel.

Las respuestas al anuncio de Trump, a través de la prensa nacional, han consistido más bien en dejar claro que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, estaba al tanto desde hace dos días de los intentos de mediación, y en presentarlo como el reconocimiento público de un canal de diálogo ya abierto, más que un golpe de timón. Unos minutos después de las declaraciones del republicano, el ejército israelí ha anunciado una nueva oleada de ataques contra Teherán, pero no contra el tipo de instalaciones sobre las que Trump ha situado la moratoria.

Israel, de hecho, viene modulando su discurso ante la posibilidad de un fin abrupto de la guerra sin haber tumbado el régimen nacido de la Revolución Islámica de 1979. Está enfatizando los logros militares, en particular contra el programa balístico de misiles, y dejando claro que ―aunque termine el conflicto con Teherán― seguirá combatiendo contra Hezbolá en Líbano, donde continúa volando puentes este lunes para aislar el sur del río Litani (el bastión chií donde están desplegados los cascos azules, entre ellos cientos de españoles) del resto del país. Su ministro de Defensa, Israel Katz, instruyó el domingo a las tropas a dejar las casas en las aldeas fronterizas libanesas “como en Beit Hanun”, una localidad del norte de Gaza hoy devastada. Y el de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha pedido directamente este lunes no solo tomar la franja hasta el río Litani, sino también anexionársela.

Destrucción ”total»

El cambio de discurso de Trump llega tras amenazar el sábado a Irán con la destrucción ”total» si no desbloqueaba en 48 horas el paso por el que circula en torno a un 20% del petróleo y gas licuado del mundo. A su vez, Teherán había respondido con la amenaza de atacar las plantas desalinizadoras de agua y otras infraestructuras básicas de los países árabes del golfo Pérsico, y llevar la guerra a un punto aún más intenso y peligroso.

La moratoria, a tenor de las palabras de Trump, solo afectaría a posibles ataques contra las infraestructuras energéticas. La inmensa mayoría de bombardeos estadounidenses se han centrado en aniquilar las capacidades militares del ejército y de la Guardia Revolucionaria, especialmente las lanzaderas de misiles, de drones y los centros de producción de armamento. El pasado día 3, Estados Unidos alcanzó casi un centenar de objetivos militares en la isla iraní de Jarg, corazón de su industria petrolera, pero sin tocar las instalaciones del sector.

En la cuarta semana de ofensiva contra el aparato militar y político iraníes, Trump ha vuelto a hacer gala de su capacidad para virar —lo que ya se conoce en Estados Unidos con las siglas en inglés TACO de la expresión “Trump siempre se acobarda”— y ha dado un nuevo vuelco a la crisis abierta en Oriente Próximo, que ha causado más de 4.000 muertos desde el pasado 28 de febrero, la mayoría en Irán y Líbano, donde el ejército israelí ha abierto de nuevo un frente contra la milicia Hezbolá.

El breve mensaje del presidente, un centenar de palabras, ha sido suficiente para hacer reaccionar de inmediato a los mercados. Tras el anuncio de Trump, el precio del barril de crudo ha caído un 10% y su precio ha bajado de la cota de los 100 dólares.

Las agencias de noticias iraníes Fars y Tasnim han citado a diversas fuentes oficiales para negar que haya negociaciones abiertas entre Washington y Teherán. El régimen había amenazado con responder a cualquier ataque a sus centrales eléctricas con ataques similares contra instalaciones de los países del Golfo. Este sábado, Irán amplió el rango de sus ataques con el lanzamiento de dos misiles de medio alcance a la base militar británico-estadounidense de Diego García, en el Índico.

El mensaje de Trump llega en medio del refuerzo del inmenso contingente desplegado por Estados Unidos en la región para aniquilar las capacidades militares iraníes y diezmar al régimen. Un grupo de buques anfibios y una unidad expedicionaria de infantes de Marina (entre 2.200 y 2.500 soldados) se dirigen en dirección al Golfo para unirse a más de una docena de buques de guerra y dos portaaviones ya en la zona.

Más de tres semanas después de iniciadas las hostilidades, las fuerzas armadas iraníes han logrado bloquear de facto el paso por el estrecho de Ormuz, solo abierto para un puñado de cargueros de países enemigos. Teherán mantiene que antes de la ofensiva del 28 de febrero, el estrecho estaba abierto y que así sigue salvo para aquellos que puedan “beneficiar” a los países agresores, en relación a Estados Unidos.

En la práctica, el tránsito por el paso es inviable o carece de garantías de seguridad para la mayoría de los buques de transporte y, por lo tanto, para los petroleros y metaneros de los que depende medio mundo.

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