Las elecciones municipales en Francia han evidenciado la fractura que hay en la izquierda en el país, sobre todo entre el Partido Socialista y La Francia Insumisa (LFI), formación liderada por el polémico Jean-Luc Mélenchon. Esta cita electoral ha servido para reconfigurar las alianzas de cara a las presidenciales y legislativas de 2027. Uno de los dilemas era decidir si pactar con la extrema izquierda en las grandes ciudades amenazadas por la derecha o la ultraderecha para no perderlas o si, al contrario, estas alianzas podían ser perjudiciales.
Tras la votación en segunda vuelta del pasado domingo, la izquierda sí ha logrado mantener las alcaldías de las principales ciudades donde los candidatos socialistas formaron alianzas con ecologistas y comunistas, pero no con LFI, a pesar del riesgo de que el voto de izquierda se dispersara. En el caso de Marsella, amenazada por la ultraderecha, Benoît Payan retuvo la alcaldía sin pactar con el insumiso Sébastien Delogu, que finalmente retiró su candidatura para no perjudicar al bloque. En París, su compañera de partido en la capital, Sophia Chikirou, no hizo lo propio, lo que no impidió la victoria del socialista Emmanuel Grégoire.
La ineficacia de los pactos
El bloque progresista ha conservado también, sin necesidad de acuerdos, grandes ciudades como Rennes, Montpellier, Lille o Rouen. Los resultados de la segunda vuelta constatan la ineficacia de los pactos en otros municipios donde sí se contó con la izquierda radical. Es el caso de Clermont-Ferrand, dirigido por los socialistas desde 1919 y ahora en manos de la derecha. Otros ejemplos son Brest (gobernada por socialistas desde finales de los 80), Poitiers, Aviñón o Toulouse. Hubo alianzas en 36 municipios: la izquierda ganó en 14 y perdió en 22.
Tras la cita electoral, dirigentes socialistas y de LFI se han culpado mutuamente de haber hecho perder terreno al bloque y algunas alcaldías importantes que parecía claro que iban a ganar, como la de Toulouse. El secretario general del Partido Socialista, Olivier Faure, denunció que Mélenchon se ha convertido en “un lastre para la izquierda”.
Algunas voces dentro del partido han pedido la dimisión de Faure por haber asumido estos pactos y han exigido una clarificación en la estrategia a seguir para las presidenciales y legislativas de 2027. En esta cita electoral se había dado libertad a cada candidato para decidir. “Las alianzas con LFI no han funcionado, nos han hecho perder”, denunció el diputado socialista Boris Vallaud. “Tenemos que salir de la ambigüedad y ser claros sobre el hecho de que no es posible aliarse con LFI”, añadió.
El expresidente socialista François Hollande coincidió en que “ha llegado el momento de la clarificación”, mientras que el líder de Place Publique y posible candidato a las presidenciales, el progresista Raphaël Glucksmann, recordó que “a los franceses no les gustan los acuerdos de circunstancias ni las ambigüedades dentro de la izquierda”.
La Francia Insumisa, muy criticada
La Francia Insumisa ha sido muy criticada en estos comicios, sobre todo tras la muerte en Lyon, en mitad de la campaña electoral, de un joven de extrema derecha que recibió una paliza por parte de militantes de un grupo de extrema izquierda vinculado a esta formación. LFI reivindica haber ganado en esta segunda vuelta una decena de alcaldías importantes, como la de Roubaix, al norte del país, o Saint-Denis, municipio de la periferia parisina, donde su candidato se impuso ya en la primera votación.
El partido se creó en 2016, así que estas eran sus primeras municipales con cierta presencia, pues las de 2020 estuvieron marcadas por la covid. Además, LFI ha concentrado sus candidaturas en zonas favorables al voto melenchonista. “Vamos a dirigir una decena de ciudades. Para un partido que tiene apenas unos años de existencia, es un avance”, reivindicó la presidenta de LFI en la Asamblea, Mathilde Panot.
El líder de la formación, Jean-Luc Mélenchon, denunció una “demonización difamatoria” de su partido durante estos comicios y destacó que el movimiento ha sido una “fuerza útil” que ha permitido ganar en ciudades como Lyon o Nantes, donde la izquierda sí fue unida a las urnas. Estas dos ciudades son las raras excepciones.
Todos tienen ya el foco en la secuencia electoral de 2027, aunque es difícil que la izquierda pueda presentarse unida, como sí hizo en las dos últimas legislativas. En las de 2022 fue bajo las siglas de Nupes, aunque el bloque se acabó rompiendo. Se unieron de nuevo en las legislativas de 2024, convocadas de manera anticipada por Emmanuel Macron, esta vez bajo el nombre de Nuevo Frente Popular. El bloque logró ganar la segunda vuelta y evitar que la extrema derecha de Marine Le Pen ganara. Después, algunas posiciones de LFI, pero sobre todo las de su líder Jean-Luc Mélenchon, acusado de antisemitismo, han erosionado la alianza.
El reelegido alcalde de Marsella, Benoît Payan, denunció la “radicalización durante la campaña” de Mélenchon: “Ha privado [a LFI] de tener una mayor representación”, señaló. “Creo que hay que defender la unión de la izquierda y al mismo tiempo asumir la relación de fuerzas con LFI; no soy de los que piensan que hay dos izquierdas irreconciliables (…) Pero no creo en una unión a cualquier precio. Hay que salir de la trampa que nos tienden: si te unes, te humillan y si no te unes, te insultan”.









