“¿Algún día inventaré algo?” se preguntó la escritora, música y tallerista Gabriela Bejerman (Buenos Aires, 1973). Se refería a escribir ficción porque de un tiempo a esta parte solo aborda la escritura autobiográfica. Cuenta ahora mismo en un bar de Colegiales: “Nosotros tenemos en nuestra experiencia personal un caudal y una materia prima suculenta, que es mucho más fácil de darle forma que inventar, donde muchas veces las historias son inverosímiles y los protagonistas son personajes de cartón. Y en mi experiencia de coordinar grupos de escritura nació mi interés por lo vital y me quedé ahí que es infinito».
Hay un año puntual que Bejerman llega a visibilizar como ese punto en el almanaque en el que la vida le inclinó la balanza hacia la unión de existencia y escritura: el 2010. ¿Qué le pasó ese año? Empieza a enumerar: “Ese año se murió mi mamá, quedé embarazada, mi papá al toque ya estaba en un hogar, supongo que tiene que ver con esas cosas. Aunque ya venía pensando que iba a ir más por lo autobiográfico. Y ese año me transformé y quedé del lado de la vida«.
Y sigue repasando lo que ocurrió desde entonces: “Cuando publiqué Un beso perdurable (Rosa Iceberg, 2017) hablé de la familia por primera vez, nunca me había parecido un tema ni copado ni jugoso pero no me quedó otra que hablar de este momento de inflexión que me interpelaba que era convertirme en huérfana y madre al mismo tiempo. Y después salió Aurelia (Nebliplateada, 2019) que surgió de esta misma etapa».
Por otra parte, explica, salió El libro de escribir (Rosa Iceberg, 2021) y Pomba (Mansalva, 2022): “Fue como un tiempo de cosecha”, dice. Ahora es el momento de Diario de familia (Bosque Energético).
La historia de esta familia
Escribe la autora en este Diario, en la página 156: “Hoy escribí la historia de esta familia. Iba a escribir “mi” familia, pero ese posesivo sigue significando para mí otra cosa, sigue significando para arriba. ¿Mi familia cuál es? ¿Puedo preguntarme eso todavía? ¿La familia en la cual soy protegida por dos altas columnas que se aman, padre y madre? Mi familia es esta, los cuatrito. Hace rato que una de las dos columnas soy yo».
Diario de familia pasa por ahí: una indagación, una exploración, una búsqueda de comprensión (que no siempre ocurre) y un estado de cosas (complejas y conflictivas) que solo queda registrar. Una familia ensamblada, una madrastra (la autora), una pareja que está en medio de su segunda vida luego de un reencuentro, una hijastra en plena adolescencia furiosa (como debe ser a esa edad) y un hijo biológico que es una pieza fundamental de este rompecabezas.
Si hay una certeza en este época, y en todas las anteriores, es que cada familia es un mundo y este Diario lo refleja muy bien con un tono que muchas veces retrata el horror como pasos de comedia o momentos de poesía. Sin embargo, la historia de esta familia tiene el aliento de una novela: con sus personajes primarios y secundarios, sus conflictos, su clímax, sus resoluciones. En este aspecto, es un libro que puede dialogar de igual a igual con el lector porque todo lo que ocurre establece un vínculo con la propia familia de cualquiera y eso, al día de hoy, vuelve a la familia como un tema universal.
Un encuentro con Gabriela Bejerman para hablar de este libro, pero también para reflexionar sobre el lugar de la familia, como institución o concepto, en una época tan cambiante e impredecible como la actual.
–¿Qué detonó el comienzo del Diario?
–Me vengo dedicando a lo autoficcional de un tiempo a esta parte, es lo que me interpela escribir y leer. Y venía de un momento muy intenso familiar, y escribir el diario fue una manera de estar sola y encontrarme conmigo y darle un espacio creativo a eso. Además fue una manera de mirar las cosas, de posicionarme, de pensar y a la vez de encontrar la libertad, que creo que es lo que más me importa en la vida: sentirme libre. La escritura es un buen espacio para la libertad. El Diario fue un ejercicio de tener todos los días ese espacio de libertad, de creación. El Diario de limpieza de Matías Moscardi me inspiró en su tono, me contagié de su humor, me permitió quejarme sin joder a nadie.
–En un momento del libro hablás de “purga” también. ¿Qué sentís que purgás en esta escritura?
–La convivencia no es algo sencillo. Durante muchos años de mi vida yo me vi sola, y de un día para el otro mi vida se transformó completamente. Pasé de vivir sola a tener una familia de cuatro en muy poco tiempo. Fue una decisión, pero no por eso dejó de ser un desafío. Creo que la purga consiste en transformar lo que está adentro medio purulento y poder sacarlo y volverlo otra cosa. Como extirpar algo alquimicamente sacarlo afuera y resulta que es otra cosa. Ahora ya no es más mío. Una vez que lo publicás ya está, es de los que leen.
–Muchas de las situaciones más tensas las llevás al territorio del humor o de lo poético. ¿Eso fue buscado?
–Eso lo produce la escritura. Me gusta el humor y me siento mejor cuando soy simpática y no me sentía para nada simpática cuando me sentaba a escribir. De hecho hay cosas que las escribí pensando que eran mala onda y cuando las leí me causaron riso. Ocurre algo medio mágico con la escritura y es que una no siempre está controlando el tono. La escritura te va llevando. El humor me permitió respirar. Yo estaba con la respiración contenida y la escritura me ayudó a atravesar eso. De la queja al humor hay un solo paso. Es un empujoncito verbal nomás.
–Hay una invocación al lector en muchos momentos. Como si fuera un diario pensado desde la exposición.
–Yo tengo mi diario que no le muestro a nadie y ahí está todo desordenado. La propuesta de la editorial Bosque Energético es publicar libros que son pensados como diarios. Más allá de esto, incluso en la soledad del diario más íntimo y privado hay alguien que está leyendo, que sos vos misma, que te vas autoconsolándose. Este diario desde le principio yo lo pensé como un texto literario, no como un archivo personal donde no hay una presión que otra persona más va a leer. Acá, en Diario de familia, hay como una influencia también de Diario de la dispersión de Rosario Bléfari al que llegué porque andaba buscando esos géneros que me inspiraron para crear un espacio de escritura. Porque eso me interpela, crear ese espacio. Después cómo se va formando, bueno, veremos. Es un lugar donde ir a abrevar y crear, abrir la voz y murmurar. Bléfari en ese último diario habla de los pequeños gestos, y creo que el diario nos permite esa relación con lo cotidiano. Es prestarle atención a los gestos mínimos. Y esa atención trae grandes satisfacciones. Como escuchar cuando todo está en calma. Pero la vida familiar es todo lo contrario a eso.
La escritora, música y tallerista Gabriela Bejerman. Foto: gentileza.–En un momento del Diario tu hijo dice: “Todos odian a la familia”. ¿Qué es la familia para vos?
–La idea antigua de la familia como base de la sociedad y de sentar cabeza siempre fue mi enemiga. Y por otra parte, es un concepto que siempre tiene que ver con determinados contextos y etapas de la vida de una. Por tener una familia no hay que dejar de hacer lo que tenés ganas de hacer, ¿no? Hay hay una lucha, y para mí fue una búsqueda a través de la escritura, y fue la de poder habitar el hogar sintiéndome más feliz, más yo misma, con la responsabilidad que implica tener una familia pero sin perderme. La escritura para mí es un valor, un poder, algo que atesoro. Además yo trabajo de dar talleres de escritura, entonces pienso constantemente en esto y en relación con las otras personas. Escribir transforma.
–¿Qué lugar tiene para vos la palabra “familia” en el contexto actual?
–Cuando yo me convertí en madre me apareció la palabra tribu. Que es una alternativa más nuclear a la palabra familia. A lo largo de mi vida como madre entiendo que esa idea de estar encerrados los tres o los que sean es totalmente antinatural, antiecológica, antipsicológica. Antes la palabra tribu me daba vergüenza ajena, pero entendí que armar esas redes y criar en comunidad es una manera de joda. Finalmente, tus mamiamigas son tus compinches con quienes te divertís mientras los críos se divierten juntos. Hay algo sabio y ancestral en la palabra tribu, y el capitalismo rompe eso, logrando que cada uno esté en lo suyo dando codazos al resto. Creo más en las comunidades y las redes que en la idea de familia.
–Aparecen en el Diario algo de los vínculos oscilantes y que van cambiando. Me preguntaba si eso es lo que actualmente hace que se puedan formar familias efímeras.
–Sí, los vínculos son cambiantes. Habitamos en el tiempo y vemos que todo está cambiando. Entonces, escribir te permite mirarlo, pensarlo, descargarlo y asentarlo. La escritura también es releer, darte cuenta de que hay cosas que venían de antes y hay cosas que ya son de otra manera. Y con la distancia que naturalmente tiene la escritura te permite ir eligiendo a qué querés prestarle atención, donde querés enfocarte. Porque somos sacados y temperamentales, y pareciera que nuestra emocionalidad nos lleva hacia lugares y la escritura de un Diario permite habitar eso más minuto a minuto y, perdón lo cursi, se puede ir sanando más rápido. En vez de arrastrar heridas en la inconsciencia se puede lograr otra cosa con la escritura.
–¿Hay corrección en Diario de familia?
–Sí, mucha corrección. Era más grande y se fue asentando. Saqué párrafos y párrafos. Entendí por dónde iba y desde ahí saber qué podar para lograr la unidad. Decidir el final fue algo vertiginoso. Intenté ser muy cuidadosa con todo. Lo que no me gustaba cómo quedaba lo sacaba de una. Quería volverlo un libro sólido y no solamente un diario íntimo. Ahí puedo ver una diferencia. Y seguí escribiendo. Me copé con el género y ahora hay un Diario de boda.
Gabriela Bejerman básico
- Nació en Buenos Aires en 1973.
- Publicó poesía: Alga, Crin, Pendejo, Ubre, Querida y Aurelia. Y narrativa: Presente perfecto, Linaje, Heroína y Un beso perdurable.
- A fines de los noventa creó junto a otros artistas Nunca nunca quisiera irme a casa, icónica revista literaria del underground porteño.
- Como Gaby Bex, editó un disco de música electrónica y poesía: Mandona.
- También tradujo a Jane Bowles para Eterna Cadencia y se inspiró en ella para la obra teatral: Campo Cascada. Hace un par de décadas disfruta coordinando talleres de escritura.
Diario de familia, de Gabriela Bejerman (Bosque energético).










