Donald Trump está cada vez más furioso con los aliados europeos por no unirse a su guerra (y la del israelí Benjamín Netanyahu) contra Irán, y lo deja claro. El presidente estadounidense, que trató también de que los socios organizaran una operación para forzar la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, no solo ha vuelto a cargar este miércoles contra la OTAN, sino que en esta ocasión ha asegurado que se plantea “seriamente” retirar a su país de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, creada en 1949 y que desde entonces lidera el país norteamericano. “Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y el presidente ruso, [Vladímir] Putin, también lo sabe, por cierto”, ha dicho Trump en una entrevista con el periódico conservador británico The Daily Telegraph.
Los comentarios son los últimos en una serie a lo largo de estos días, en un tono cada vez más crispado y al que se han venido a sumar otros miembros de la Administración estadounidense. No es la primera vez que Trump amenaza con la salida de la Alianza, algo con lo que ya amagó durante su primer mandato (2017-2021), pero sí es la primera desde que él y los líderes europeos parecieron ponerse de acuerdo sobre el aumento del gasto en defensa y las ambiciones estadounidenses sobre Groenlandia. También es la primera en la que le secundan en público asesores de su Gabinete.
Trump tiene previsto ofrecer un discurso televisado a la nación este miércoles a las 21.00 en Washington (03.00 en la España peninsular) para hablar de la guerra. Él mismo ha apuntado, en declaraciones a Reuters, que aprovechará parte de su alocución para dejar clara su ira contra una OTAN y unos socios de los que piensa que le han dejado tirado en su guerra más complicada. “Absolutamente” se plantea la salida de Estados Unidos o la reducción de su papel dentro de la Alianza, ha subrayado.
La nueva amenaza de Trump ha generado ansiedad en Europa, aunque se ha tratado de restarle importancia. Alexander Stubb, el presidente finlandés, jugador de golf y uno de los europeos que, gracias a eso, tiene más sintonía con el estadounidense últimamente, habló con el magnate republicano sobre Irán, Ucrania y la OTAN. Fue una conversación “constructiva”, dijo Stubb en redes sociales. “Los problemas están ahí para resolverse de forma pragmática”, añadió el mandatario finlandés.
En Alemania, donde está la mayor base de Estados Unidos en Europa, su nexo de operaciones, han insinuado que el nuevo aviso de Trump puede quedar en una amenaza vacía. “No es la primera vez que hace esto, y dado que es un fenómeno recurrente, probablemente puedan juzgar las consecuencias por sí mismos”, ha dicho este miércoles el portavoz del canciller alemán, Friedrich Merz. “No me corresponde a mí comentar las palabras del presidente estadounidense. Simplemente quiero afirmar, en nombre del Gobierno alemán, que, por supuesto, estamos comprometidos con la OTAN”, ha añadido. Merz conversó por teléfono con el primer ministro británico, Keir Starmer.
No obstante, las declaraciones del mandatario a The Daily Telegraph y a Reuters se publican después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmase a comienzos de esta semana que Washington podría reconsiderar su relación con la OTAN una vez que termine la guerra contra Irán, una aseveración que expertos y analistas consideran muy seria.
Las declaraciones del secretario de Estado son tanto más llamativas cuando se recuerda que fue uno de los patrocinadores de la ley aprobada durante el mandato de Joe Biden para blindar la membresía de Washington dentro de la OTAN. Planteada a raíz de las amenazas de Trump durante el primer mandato, exige esa mayoría de dos tercios en el Congreso para dar un paso que haría saltar por los aires la estructura de seguridad transatlántica de los últimos 80 años.
“Ha sido difícil de creer. Y no es que lo vendiera muy caro. Solo dije: ‘hey’, no insistí demasiado. Imaginé que sería automático [que el resto de miembros respondiera a la convocatoria de Estados Unidos para una misión que reabra el paso de Ormuz]”, dijo el mandatario en su entrevista con el periódico británico. “Nosotros hemos estado ahí de manera automática, incluido en Ucrania. Ucrania no era nuestro problema. Fue una prueba, y estuvimos ahí para ayudarles, y siempre habríamos estado ahí para ayudarles. Pero ellos no estuvieron para ayudarnos a nosotros”, se ha lamentado el inquilino de la Casa Blanca, en una queja que formula ya casi a diario en el contexto de la guerra contra Irán, que ha cumplido un mes.
Salvaguardas contra la retirada
Para pasar de las palabras a los hechos, el mandatario estadounidense necesitaría una supermayoría del Senado —el voto a favor de dos tercios de los 100 senadores— o una ley del Congreso. Así que Trump no puede sacar a su país de la Alianza Atlántica sin más, de manera unilateral.
Tampoco tendría fácil tomar otras medidas punitivas contra Europa, como la retirada de tropas. Una ley aprobada en diciembre pasado, y que representa toda una declaración de intenciones del Congreso para proteger las actuales estructuras de seguridad, le impide reducir el número de soldados estadounidenses en el Viejo Continente por debajo de los 76.000; en la actualidad hay unos 85.000. Esa misma ley le impide renunciar al puesto de comandante supremo aliado, a menos que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, certifique al Congreso que es una decisión consensuada con los socios europeos.
Luis Simón, director de la Oficina de Bruselas del Instituto Elcano, explica que aunque existe esa serie de salvaguardas para evitar que un presidente retire al país de la OTAN o zanje su participación sin una salida formal, la postura de Trump sobre la Alianza puede dañarla seriamente. Si el presidente estadounidense apunta que ya no se siente vinculado al articulo 5 de defensa colectiva, por ejemplo, o que no defenderá a un aliado concreto en caso de ataque, debilitaría de facto a la organización. “No sería necesariamente el fin de la OTAN, pero sí un golpe muy duro”, señala el experto. Esa garantía de defensa colectiva, que actúa como disuasión, es la base de la Alianza. Su espíritu principal.
A Trump nunca le convenció la OTAN. Ya en su mandato anterior, el magnate republicano criticó duramente a la organización y a sus aliados europeos por considerar que gastaban poco en defensa. Los llegó a llamar “gorrones” y aseguró varias veces que se aprovechan de EE UU. Ahora, la Alianza Atlántica, creada en un contexto internacional marcado por la Guerra Fría, pasa por una de sus crisis más graves debido a los continuos embates de Trump y pese a que los aliados europeos, espoleados por Washington, pero también por la guerra de Rusia contra Ucrania, han elevado su inversión militar hasta cotas inéditas. La OTAN, además, ha crecido hasta los 32 miembros (España lo es desde 1982): los últimos en unirse debido a la amenaza rusa son Finlandia (2023) y Suecia (2024).
En enero, el enfrentamiento escaló a cuenta de Groenlandia, ante la insistencia de Trump en hacerse con el control de la isla autónoma ártica bajo soberanía danesa. La crisis solo se difuminó después de que el republicano diera repentinamente por pasada la página en el foro de Davos, tras intensos contactos con los aliados.
Ahora, los socios europeos están dando la espalda a la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán. España ha cerrado su espacio aéreo a los aviones estadounidenses que participan en operaciones del conflicto. Italia ha negado el permiso para aterrizar en una base de Sicilia a aeronaves militares de Estados Unidos que se dirigen a Oriente Próximo. Francia ha denegado a los aviones con suministros militares estadounidenses que usen su espacio aéreo. Polonia, por otra parte, se ha negado a reubicar sus baterías antimisiles Patriot a la región en conflicto, como había sugerido Washington.
“Estados Unidos lo recordará”, escribió Trump en su red social Truth. Tras la negativa de los aliados a apoyarle en el avispero en el que se ha metido, el jefe de la Casa Blanca ha llegado a decir que su petición fue, en realidad, una “prueba” para la Alianza. Una que no ha pasado. “Por eso estoy tan decepcionado con la OTAN. Porque esto fue una prueba para la OTAN”, dijo el jueves pasado durante una reunión del Gabinete en la Casa Blanca.
En las declaraciones publicadas este miércoles, el mandatario reserva especial inquina para el Reino Unido, el país —junto a España— cuya actitud hacia la guerra más le ha escocido. “Ni siquiera tenéis una Armada”, ha dicho al periódico británico. “Sois demasiado viejos y tenéis portaviones que no funcionan”, apuntó, en referencia al estado de la flota de ese país. Preguntado si el primer ministro, Keir Starmer, debería invertir más en defensa, respondió: “No le voy a decir qué tiene que hacer. Que haga lo que quiera. No importa. Todo lo que quiere son turbinas de viento que están disparando vuestros precios de la energía”.
Reevaluar la relación
“El presidente y nuestro país tendrán que reexaminar todo esto después de que esta operación haya terminado”, dijo, por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, en una entrevista con Al Jazeera. “Si la OTAN solo consiste en que defendamos a Europa si la atacan, pero luego nos niegan los derechos de base cuando los necesitamos, ese no es un acuerdo muy bueno. Es difícil seguir comprometido con eso y decir que es bueno para Estados Unidos”, añadió.
Washington ha cambiado su foco de interés de Europa a Asia, según sus últimas estrategias. Y ha pactado con sus aliados europeos la retirada consensuada y progresiva de las tropas que envió para reforzar el Viejo Continente después de que Putin comenzara en 2022 la invasión a gran escala de Ucrania, una operación que continúa más de cuatro años después.










