Más que una muestra, Colección Helft, inaugurada recientemente en W-galería, es una narrativa viva que testimonia el valor del coleccionismo inteligente y sensible. Marion Eppinger y Jorge Helft se conocieron en el colegio secundario y se casaron en 1955. Durante la siguiente década recibieron a sus tres hijos y vivieron en Europa y Estados Unidos, hasta que en 1968 regresaron a Argentina, donde descubrieron con fascinación la escena cultural de una ciudad encendida.
Guiados por su visión, la pareja creó una metodología estrecha y personal a la hora de adquirir obras, además de ocupar roles cercanos a la gestión cultural, inexistente por entonces. Esta exposición, por lo pronto, es una historia de intuición y valor.
Con un escaso conocimiento del arte local, los Helft decidieron empezar de cero, frecuentando talleres y forjando amistad con artistas como Líbero Badíi entre tantos otros, que además empezaban a ir al departamento familiar de Palermo.
Mientras las salidas de los fines de semana giraban en torno a visitas a espacios y galerías de arte, sus ojos comenzaban a abrirse hasta que en una visita al Instituto Di Tella, les llamó la atención un móvil de Julio Le Parc que adquirieron por 300 dólares. Esa fue la base fundante.
Tanto Marion como Jorge habían nacido en Europa y venían de familias que encontraron en Argentina un nuevo hogar después de la Segunda Guerra Mundial y que estaban estrechamente vinculadas al coleccionismo, en especial el padre de Helft, por lo que vivir con arte no les era ajeno.
Sin opiniones ajenas
Lo particular de su experiencia era la escena en la cual estaban inmersos, donde la gente no compraba arte contemporáneo, lo que les dio la ventaja para construir su legado sin opiniones ajenas ni el arrebato de las modas.
Obras de Alberto Heredia y Antonio Berni en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.El catálogo que acompaña la exposición comienza con un texto de Nicolás Helft, uno de los hijos de la pareja, que confiesa que el arte le dio a su papá la posibilidad de salir de una vida gris y de oficina para encontrar su verdadero motor, que llenó la cotidianeidad de proyectos y posibilidades en una Buenos Aires que «le generaba un estado de exaltación».
Lentamente, empezó la convivencia con obras poco convencionales, que se salían de las paredes e invitaban al debate. Los Helft atesoraban lo que la mayoría no entendía, donde resonaban lo erótico, lo grotesco y la densidad de la mano de artistas que se arriesgaban contra todo pronóstico, desde Victor Grippo hasta Alberto Heredia, a quien Marion adoraba.
Atenta y sabia, es quien representa hoy al dúo que, si bien se divorció en 1996, no separó la colección, mientras que la presencia de Jorge, que falleció hace exactamente un año, se percibe en cada rincón. Eppinger explica que, cuando en los años 80 decidieron mudarse de Palermo a San Telmo, fue con el objetivo de «ganar metros» y diseñar un edificio sobre la calle Defensa, que pasó a conocerse como «enfrente» ya que hacía espejo con el nuevo hogar.
Desembarcar en el barrio más antiguo de Buenos Aires, que por entonces era ignorado por la mayoría de los porteños, debe de haber sido un contraste fascinante, en un momento donde la historia se debatía con el surgimiento del under.
Unos años antes habían inaugurado la legendaria Fundación San Telmo, donde desde 1980 organizaron muestras, conciertos y editaron catálogos, transformándola en un referente para una nueva generación, así como para los amigos de siempre.
Por allí pasaron desde Liliana Porter hasta Antonio Berni y Guillermo Kuitca, que con apenas 19 años tuvo la oportunidad de presentar una de sus primeras exposiciones, costeada con la compra de obras por parte de los Helft.
Con respecto a ese salto territorial, en el catálogo se aclara: «Lo cierto es que esta elección “excéntrica” expandió el movimiento que venía sucediendo desde el centro-norte de la ciudad hacia el eje sur, históricamente más postergado. La movida cultural se enraizó en esta nueva geografía y confirmó la agudeza de Jorge y Marion para interpretar su tiempo».
El circuito del arte, que por entonces era precario y no sostenía la economía de los artistas, hizo de la Fundación un oasis donde practicaron el rol de «administradores culturales», un término acuñado por Jorge, al darle oportunidades a artistas, curadores e incluso acercaron a la gente a las expresiones culturales del momento.
Obras de Juan Carlos Distéfano y Jorge de la Vega en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.Por medio de sus acciones e incluso de la propia colección, fomentaron la internacionalización del arte argentino, colocándolo a la par de referentes como Marcel Duchamp o Louise Bourgeois, que también adquirieron en estrecho diálogo.
Una corporalidad potente
Desperdigadas entre salas y espacios secundarios, el cuerpo de obras seleccionadas por Jimena Ferreiro, junto a la familia Helft y el equipo de W, despliega una corporalidad potente y exige ser abordado con atención.
Las lenguas y figuras danzantes de Heredia conviven con el narciso de Pablo Suárez, una pieza icónica de Rubén Santanonín y una obra de Víctor Grippo, que en su momento invitó a la crítica, cuando decían que Jorge había enloquecido al comprar «un pan quemado» por 500 dólares.
En el primer piso, se hacen presentes las «Bocanadas» de Graciela Sacco, las siluetas de Ana Mendieta, una obra de 1964 de Marta Minujín, que se mira con un Niki de Saint Phalle y una escultura en resina de Juan Carlos Distéfano, que recuerda a las pinturas de desnudos de Prilidiano Pueyrredón. Un tanto kitsch y otro poco sexy, todas están unidas por el hilo rojo que los Helft tejieron durante tanto tiempo.
«Narciso de Mataderos» (1984), de Pablo Suárez en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.Colección Helft permite comprender la relevancia de una forma de coleccionismo que no abunda, donde el valor simbólico supera al económico y la necesidad por la opulencia y la urgencia quedan de lado. Marion y Jorge crearon algo irrepetible, al sumergirse entre la vanguardia y el under floreciente, entendiendo la relevancia del arte argentino antes que la mayoría, hasta convertirse en figuras claves de una época que ya no existe.
Colección Helft en W—galería (Defensa 1369), de martes a sábado de 12 a 18, hasta el 13 de junio, con entrada gratis.










