La lenta y sutil entrada definitiva de México al ‘fracking’

La lenta y sutil entrada definitiva de México al ‘fracking’


La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha anunciado sin ambages la apertura de su Gobierno al fracking —o fracturación hidráulica— para extraer gas del subsuelo, con la finalidad de reducir las importaciones de ese recurso desde Estados Unidos. El anuncio se ha dado tras meses de movimientos sutiles y discursos ambiguos, lanzados como globos sonda para ir preparando el terreno sin despertar tanta polémica. Las organizaciones ambientalistas y los movimientos progresistas del mundo han estado en la primera línea de batalla contra una técnica que consideran muy dañina, debido a la cantidad de agua que se requiere y a los impactos a la salud de las comunidades. Dentro del oficialismo también hay voces contrarias, a tono con Andrés Manuel López Obrador, expresidente y líder de Morena, el partido oficialista, y quien impuso un veto al uso del fracking. Sheinbaum tiene ahora el reto de convencer a propios y extraños de que existe tal cosa como una fracturación hidráulica amigable con el medio ambiente, como deslizó durante la conferencia en la que ha hecho el anuncio.

La apuesta de la presidenta resulta paradójica. Sheinbaum estudió Física e Ingeniería en Energía. Antes de incursionar en la política, hizo varias publicaciones en revistas especializadas que la perfilaron como una de las pioneras en los estudios sobre el cambio climático en México, en la década de los noventa. Años después formó parte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), donde participó como coautora de una investigación sobre las emisiones de efecto invernadero del sector industrial. En 2007, esa organización obtuvo el Premio Nobel de la Paz por sus aportaciones al entendimiento del cambio climático, ya por entonces considerado uno de los grandes retos de la humanidad. Todavía durante su campaña a la presidencia, Sheinbaum se comprometió a mantener la prohibición al fracking instaurada por su antecesor, “porque —dijo en diciembre de 2023— requiere grandes cantidades de agua, además de que el agua que se ocupa difícilmente se puede reutilizar, y justamente en la zona centro-norte del país es donde hay más escasez de agua”.

Como presidenta, Sheinbaum ha tenido que poner en segundo plano esas preocupaciones ambientales y dar paso al pragmatismo, priorizando la soberanía energética de México respecto de EE UU. El tránsito ha sido silencioso. Una de las primeras señales de cambio —aunque entonces escapaba a la comprensión— fue el rechazo de Morena en el Congreso a aprobar una enmienda con la que López Obrador quería prohibir desde la Constitución la fracturación hidráulica. Un legislador de Morena con acceso a Palacio Nacional confirmó a este periódico que esa renuncia fue intencional, a fin de dejar abierta la ventana que hoy permitirá la entrada de lleno al fracking.

Otra señal vino con el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, elaborado para reflotar las finanzas tan comprometidas de la paraestatal, donde se estipuló reactivar “la evaluación de yacimientos de geología compleja” —uno de los eufemismos más recurrentes para evitar el espinoso término de fracking— mediante “esquemas contractuales que permitan la participación de inversión privada”. Paralelamente, se asignó un presupuesto millonario para Pemex en rubros relacionados con este tipo de extracción. La maquinaria ya estaba en marcha. En los últimos meses, hubo reuniones de trabajo entre especialistas y representantes del Gobierno en las que se fue diseñando la estrategia técnica, económica y política para dar el salto al fracking, como adelantó en exclusiva EL PAÍS en febrero.

Sheinbaum se ha dejado asesorar por un grupo de expertos que la han convencido de que la fracturación hidráulica se ha sofisticado tanto que sus impactos al medio ambiente son menos dañinos que antes. Por ejemplo, según enumeró Sheinbaum durante su conferencia de este miércoles, se puede utilizar agua salada —no potable— para estimular los yacimientos de gas; que los químicos que se agregan al agua que se inyecta al subsuelo ya no son “tan potentes” y hasta pueden ser “sustancias orgánicas”; y que esa agua congénita se puede reutilizar. “Si vamos a hacer explotación de gas no convencional, tiene que ser de una manera sustentable, que los impactos ambientales se disminuyan al máximo”, dijo la mandataria.

Las organizaciones ambientalistas refutan el “fracking sustentable” que postulan los promotores de la técnica. “Esa tecnología sigue sin existir”, ha señalado anteriormente la Alianza Mexicana Contra el Fracking, un colectivo de más de 40 organizaciones de varios Estados del país. “Hasta hoy, la ciencia ha demostrado de múltiples formas que esta tecnología siempre conlleva graves riesgos. Tan solo la exploración de yacimientos […] requiere el uso de agua que, al ser fuertemente contaminada, queda fuera de la posibilidad de ser reciclada y de regresar a su ciclo natural”, ha indicado, y agrega: “Tratar esta agua es tecnológicamente posible, pero económicamente inviable; la industria usa agua dulce simplemente porque es más barata”.

Otro punto de disenso es la creencia en el gas natural como un recurso “de transición” hacia las energías limpias porque supuestamente “genera energía con una menor cantidad de emisiones contaminantes”, según afirmó la secretaria de Energía, Luz Elena González, en la misma conferencia. Las oenegés sostienen que hay evidencia de que el uso del gas a la larga puede resultar altamente contaminante, debido a las emisiones de metano durante su extracción y transporte. Para los críticos del fracking, la apuesta de México por el gas únicamente confirma la dependencia del país de los combustibles fósiles, mientras las fuentes renovables siguen sin ser prioritarias.

Los mayores yacimientos de gas “no convencional” o “de geología compleja” —otro de los eufemismos favoritos— se encuentran en el norte del país y en torno al Golfo de México, en los Estados de Coahuila, Tamaulipas, Puebla y Veracruz, Estados caracterizados por su estrés hídrico. En esos campos hay aproximadamente 141 billones de pies cúbicos de gas, de acuerdo con las estimaciones de Pemex, que espera comenzar a explotar esos recursos en 2027. De acuerdo con sus proyecciones, para 2035 se podría alcanzar una producción de 3.196 millones de pies cúbicos diarios (Mmpcd) adicionales de gas no convencional y 960 Mmpcd de gas convencional, que se complementarían con 4.154 Mmpcd de producción base de Pemex. Actualmente, México consume 9.000 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, de los cuales, el 75% es comprado a Estados Unidos, mientras que el restante es generado por Pemex.

Extraer gas natural mediante fracking es un proceso lento y muy costoso económicamente, por lo que el Gobierno también trabaja en la elaboración de esquemas de inversión público-privadas para aliviar la carga al erario. Los empresarios esperan que haya reformas a las leyes hacendarias que les otorguen beneficios fiscales, a fin de hacer rentables sus inversiones, según ha podido conocer este diario. El costo político, que es el reverso de la moneda, recaerá sobre Sheinbaum, que ha decidido ir a contracorriente de los movimientos progresistas de todo el mundo, e incluso contra sus propias promesas de campaña.

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