Contra el silencio oceánico: un sistema para que los aviones se comuniquen en zonas marinas sin cobertura | Tecnología

Contra el silencio oceánico: un sistema para que los aviones se comuniquen en zonas marinas sin cobertura | Tecnología

El 4 de junio de 2025, los controladores aéreos de las islas Canarias mantuvieron una conversación clara e ininterrumpida con un piloto comercial que sobrevolaba el Atlántico. Para la mayoría de las personas, esto podría parecer rutinario. En el caso de los vuelos lejos de tierra, no lo es en absoluto.

La comunicación clara e instantánea del tráfico aéreo sobre el océano sigue siendo la excepción y no la norma. En lugar de esto, los largos intervalos entre mensajes obligan a los pilotos a recorrer rutas menos eficientes y dificultan la gestión del tráfico en amplios tramos de cielo abierto.

Realización de un cielo único europeo

Para hacer frente a estos puntos ciegos de la comunicación y la vigilancia, un equipo transfronterizo de ingenieros de satélites, especialistas en tráfico aéreo, compañías aéreas y organizaciones de investigación de España, Portugal y Alemania unió sus fuerzas en una iniciativa de cuatro años de duración cofinanciada por la UE denominada ECHOES.

El equipo se propuso modernizar la gestión del tráfico aéreo en Europa. Esta iniciativa, en funcionamiento hasta diciembre de 2025, probó unos sistemas espaciales de radio de muy alta frecuencia (VHF) y unos sistemas de seguimiento de aeronaves por satélite (ADS-B) para mejorar la gestión del tráfico aéreo en el espacio aéreo oceánico y remoto.

“En la actualidad, la aviación se basa en la radio VHF como principal medio de comunicación, pero hay muchas zonas del mundo que carecen de ella”, explicó Gabriel García, coordinador y gestor de programas de ECHOES en Startical, una empresa público-privada española que desarrolla servicios mundiales de navegación aérea por satélite.

Un vacío sobre los océanos

Una vez que los aviones abandonan el alcance de las estaciones costeras terrestres (normalmente unos 350 kilómetros en alta mar), desaparecen del radar y pierden el contacto estándar por radio VHF. A partir de ese momento, la comunicación se vuelve más lenta, más fragmentada y menos precisa.

En su lugar, la comunicación pasa a la radio de alta frecuencia más antigua, en la que las transmisiones a menudo se ven afectadas por interferencias, ruido de fondo y retardos. Los pilotos aún pueden notificar su posición y recibir instrucciones, pero no de forma instantánea.

El retraso en la comunicación puede ser significativo. El capitán Pablo Poza, piloto veterano que vuela en rutas transatlánticas, afirmó que los intercambios entre pilotos y controladores sobre el océano pueden acarrear retardos de hasta cinco minutos y, en casos urgentes, de tres minutos en cada sentido.

“Si tengo algún problema al sobrevolar el océano y tengo algo que decirles a los controladores, su respuesta podría tardar hasta seis minutos”, dijo Poza.

Explica que la espera añade estrés y reduce el tiempo disponible para responder si algo sale mal.

Dado que los controladores no pueden supervisar continuamente las aeronaves con radar ni hablar instantáneamente con los pilotos, lo compensan aumentando las distancias de separación. Sobre tierra, las aeronaves pueden volar con una separación de entre 8 y 10 millas náuticas.

Sobre el océano, la separación puede extenderse hasta 50 o incluso 80 millas náuticas. El sistema es seguro, pero limita la capacidad y la eficiencia.

Una llamada desde la órbita

El equipo de ECHOES se propuso cambiar esta situación. Basándose en trabajos anteriores de prueba de concepto, los investigadores desarrollaron y lanzaron dos pequeños satélites en la órbita terrestre baja en 2025.

Los satélites —el primero con un peso aproximado de 35 kg y el segundo con un peso aproximado de 100 kg— transportan antenas VHF capaces de retransmitir las mismas señales de voz y datos que ya utilizan las aeronaves para comunicarse con las estaciones terrestres.

“La tecnología espacial ha evolucionado y la miniaturización y los menores costes de los lanzadores de satélites han hecho realista esta provisión de VHF”, afirmó García.

Estos pequeños satélites se sitúan en la órbita terrestre baja (con altitudes entre los 160 y los 2 000 km). Esta proximidad a la Tierra y a las trayectorias de vuelo de las aeronaves ayuda a reducir los retardos y a que las comunicaciones VHF sean claras.

El avance se produjo cuando los investigadores mostraron con éxito, por primera vez, comunicaciones de datos VHF en tiempo real desde el espacio. En términos sencillos, demostraron que las aeronaves no solo podían comunicarse vía satélite como lo harían normalmente por tierra, sino que también podían enviar y recibir mensajes de datos operativos a través del espacio.

Tras esta primera conversación, el equipo de ECHOES llevó a cabo con éxito nuevos ensayos con aviones de varias compañías aéreas que sobrevuelan el Atlántico entre Europa y América. Estos ensayos demostraron que la VHF espacial puede funcionar junto con los sistemas terrestres y el seguimiento de aeronaves por satélite para proporcionar una cobertura continua en el espacio aéreo oceánico.

Para los pilotos, la experiencia les resultó tranquilizadora por lo familiar que era. “Simplemente hablamos con ellos, como lo hacemos normalmente con las estaciones VHF terrestres”, dijo Poza tras participar en los ensayos. “No observé ninguna diferencia. Lo que observé era que era normal”.

Esta normalidad es precisamente el objetivo.

Cielos más seguros, vuelos más ecológicos

Ahora que el equipo de ECHOES ha demostrado que la comunicación por VHF espacial funciona, el siguiente paso es ampliarla a todo el mundo. Un servicio verdaderamente mundial necesitaría muchos más satélites.

“Para tener una cobertura mundial continua, hemos calculado que necesitaríamos unos trescientos satélites”, afirmó García.

Unos enlaces por satélite fiables podrían permitir a los pilotos ajustar las rutas en tiempo real en respuesta a las condiciones meteorológicas, las turbulencias o la congestión.

“Si pudiéramos comunicarnos continuamente con el control del tráfico aéreo y pedir informes a otros pilotos, esto mejoraría la información sobre lo que está sucediendo a nuestro alrededor”, dijo Poza.

Las aeronaves podrían volar por rutas más directas, reduciendo así el uso de combustible y las emisiones. Una mejor comunicación también permitiría a más aeronaves utilizar de forma segura los concurridos corredores oceánicos, lo que aumentaría la capacidad del espacio aéreo.

“La comunicación mundial por VHF vía satélite cambia la forma en que se conectan los pilotos y los controladores aéreos”, dijo Poza.

“Ampliando la cobertura VHF desde el espacio, podemos garantizar una comunicación continua y normalizada. Así se mejora la seguridad reduciendo los retardos y ofreciendo a los pilotos una comunicación bidireccional fiable”.

Si se ampliara, el sistema podría garantizar que las aeronaves que sobrevuelen el Atlántico estén tan conectadas como las que vuelen por los cielos más concurridos de Europa, convirtiendo así las lagunas de comunicación actuales en una red mundial sin fisuras.

Al poner en órbita la VHF estándar, los innovadores europeos del ámbito de la aviación están mostrando cómo la tecnología espacial puede transformar discretamente los vuelos cotidianos, haciendo que los viajes de larga distancia sean más seguros, más eficientes y mejores para el planeta.

Este artículo se publicó originalmente en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE.

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