«Nos llegaron amenazas, es usual, pero te estudian y te dan miedo»

«Nos llegaron amenazas, es usual, pero te estudian y te dan miedo»

Nicolás Jarry está atravesando un duro momento en su carrera desde hace casi dos temporadas. El chileno sufre neuritis vestibular, una enfermedad que provoca mareos, náuseas y problemas de equilibrio y que tuvo un impacto grande en su rendimiento dentro de las canchas. Ex 16 del mundo, hoy se ubica 155° en el ranking, se mueve entre los Challengers y las qualys de los torneos ATP, y la semana pasada volvió a ganar un partido después de nueve meses. Las causas de su afección son las situaciones de alto estrés, como la que vivió -según reveló ahora su esposa Laura Urruticoechea– en el Masters 1000 de Roma de 2024.

En esa edición del torneo romano, en el que cayó en la final ante Alexander Zverev, Jarry y su familia fueron blanco de la mafia de las apuestas, un problema cada vez más preocupante en el mundo del tenis. Pero, como relató Urruticoechea en un posteo en su cuenta de Instagram, las amenazas fueron más allá de los mensajes que habitualmente reciben los jugadores antes y después de sus partidos, como le pasó a Román Burruchaga en febrero durante el Challenger de Rosario. Y todo comenzó tras la victoria del chileno en su debut ante el local Matteo Arnaldi.

«El primer partido de Nico fue con un italiano y nos llegaron amenazas que, lamento decir, es usual que uno las reciba. Las reciben todos (generalmente vinculadas a las apuestas). Te llegan, aunque tengas perfil cerrado o abierto. De verdad que te estudian y dan un poco más de miedo. Estábamos en Roma, llegan estos mensajes de ‘Te voy a llevar a tus hijos en cajón’. Lo miré justo cuando se acabó el partido. Dije: ‘Wow, qué agresivo, pero será normal’«, comenzó Urruticoechea.

«Llegamos a la pieza del hotel con los niños antes que Nico, que estaba haciendo sus cosas. Y alguien se había metido en la pieza de los niños, había fumado un cigarro y lo había dejado apagado en la cama. Sacaron las almohadas, como ocho puestas en el suelo estratégicamente, desordenando todo», continuó.

La mujer explicó que cuando fue a hablar con la gente del hotel, le dijeron que seguro el desorden lo habían hecho ellos mismos. Que la burocracia italiana y la barrera del idioma hicieron muy complicado hacer una denuncia ante la policía, al punto que tuvieron que ir con el papá de una amiga, que es romano, para que los escucharan. Que cuando regresaron al hotel, habían ordenado la pieza y desaparecido toda evidencia de lo ocurrido; pero que poco después, cuando finalmente la policía se acercó a corroborar todo, se encontró otra vez con la misma escena desordenada de antes.

«El miedo que sentimos y la invasión de los límites. Fue muy fuerte», explicó. Y contó que cuando Jarry llamó a la ATP para contar lo ocurrido, la reacción fue sorpresiva: «Nos dijeron algo como ‘No te puedo ayudar mucho, lo único es cambiarte de hotel, ¿querés?’«.

«En mi cabeza creía que íbamos a tener guardaespaldas, que algo iba a pasar, pero no… Es como que fue normal. Fue muy difícil…», recordó. «Hay que tener pruebas para que puedan mirar tu pieza. Cuando logramos mostrar las pruebas habían pasado tres o cuatro días, al hotel justo se le habían echado a perder las cámaras y no hicieron nada. Nunca se siguió el tema, nunca pasó nada».

Según Urruticoechea, después de ese traumático episodio -que igual no evitó que su esposo firmara la mejor actuación de su carrera en un Masters 1000– comenzaron los problemas de Jarry con el vértigo y la neuritis vestibular. Y se empezaron a acumular los malos resultados, que derivaron en un fuerte descenso en el ranking y en una racha negativa que recién terminó hace unos días.

Es que tras superar la qualy de Wimbledon y alcanzar los octavos de final del Grand Slam británico a principios de julio de 2025 -un resultado aislado en este flojo presente-, Jarry hilvanó 12 derrotas consecutivas y pasó nueve meses sin ganar un partido. Cortó la sequía la semana pasada en el Challenger de Madrid, en el que alcanzó la final. Aunque todavía lucha para superar un durísimo momento provocado por aquel feo momento en Roma y su problema de salud, de los que el propio jugador había hablado, sin tantos detalles, en agosto, en una entrevista con el medio La Tercera de su país.

«En Roma tuve mi primer episodio, entrando a la cancha en el partido de la cuarta ronda. Jugué los primeros tres o cuatro juegos con un episodio de vértigo, todo girando. Pensé que era solo nervios, pero después me di cuenta de que no lo era», relató. «Antes se habían dado dos partidos de mucho estrés contra locales (NdR: Arnaldi y Stefano Napolitano en segunda). Y una noche tras cenar llegamos al hotel y nos encontramos la habitación revuelta. No se habían llevado nada, pero mi primera reacción fue cambiarnos de hotel y quedarme tranquilo. Hicimos el cambio esa misma noche. No dormimos mucho y jugaba al día siguiente. Fueron días muy intensos».

«Después tuve otro episodio justo antes de Roland Garros y luego, cuando llegué a Chile, desperté un día y no podía abrir los ojos. Me tuvieron que llevar en ‘upa’ a la clínica. Estuve internado todo un día y después estuve toda una semana en cama sin poder abrir los ojos. Y luego, poco a poco, intentando recuperarme», agregó.

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