Miguel Poveda: “Monté un altar lorquiano con sus libros. Veía sus fotos y le pedía perdón” | ICON

Miguel Poveda: “Monté un altar lorquiano con sus libros. Veía sus fotos y le pedía perdón” | ICON


Miguel Poveda (Barcelona, 53 años) asegura que la historia de su obsesión por Federico García Lorca está llena de casualidades. Fue por azar como encontró la clave para la portada del primer disco que le dedicó –un libro se abrió exactamente por la página donde estaban los dibujos que le sirvieron de inspiración–, y también por casualidad se topó un día con la casa de Granada donde había transcurrido la primera adolescencia del poeta, que hoy se ha transformado en la Casa Cultural Federico en Granada.

Pero su último hallazgo tiene no solo relevancia personal, sino también filológica: tal y como anunció el 16 de abril en RTVE, el cantaor ha encontrado unos versos inéditos de Lorca en el reverso de un poema manuscrito que adquirió en subasta. “Todo empezó cuando llegó el manuscrito de La raíz amarga, poema de Federico que llevaba dando vueltas durante años en subastas y ventas de diferentes anticuarios”, responde Poveda por escrito días después de la realización de esta entrevista, que tuvo lugar en persona antes del anuncio del hallazgo. “Finalmente, al comprarlo, comprobé que detrás había un texto escrito a lápiz y con Pepa Merlo, experta y doctorada en tesis sobre Federico García Lorca, nos dimos cuenta de que era un poema inédito”.

La última casualidad es que todo esto le pilla en vísperas de estrenar su proyecto más reciente, que no es un disco ni un espectáculo, sino una película. Se titula Enlorquecido: solo el misterio nos hace vivir, se estrena el 23 de abril en cines y es algo así como un diario de viaje. En él, el cantaor recorre los lugares donde vivió Federico García Lorca y profundiza en los motivos de su obsesión por el poeta granadino. Aunque, más que obsesión, él prefiera hablar de “zarandeo”.

“Necesito saber más de él, porque su sentido de la justicia, de la igualdad, sus valores humanos, todo lo que he leído de él dibuja un perfil que me seduce mucho. Quiero saber más de él porque esos valores me han hecho mejor persona”

Cuenta Poveda que su primera aproximación a Lorca fue casi tímida. Conocía el disco de canciones populares de Carmen Linares, las letras de Camarón y poco más. Al poco de despuntar como cantaor, Umberto Eco le invitó a cantar en la universidad de Bolonia y le pidió que la base del recital fuesen textos poéticos. “Yo estaba recién salido del cascarón, tenía 20 años, acabo de ganar la Unión, no había leído nunca poesía”, recuerda. Aquel fue un primer encuentro. Pero el decisivo llegó por sorpresa. “Un amigo venezolano, dramaturgo, me regaló para mi cumpleaños el libro de Sonetos del amor oscuro. Leí aquello de ‘Tengo miedo de perder la maravilla de tus ojos de estatua’ y me sentí muy identificado. Yo en aquel momento tenía una pareja que estaba de paso en Barcelona y, al acabar sus estudios, volvía a Venezuela. Era una relación con fecha de caducidad y ese poema me hizo llorar. Pensé que quería cantar eso, lo que me estaba pasando”. Poco a poco, cuenta, Lorca fue calando en su vida, “un pequeño goteo, continuo, continuo”. Llegó un momento en que pensó que Lorca merecía un proyecto propio. “Sumergirme en todas las entrañas”.

Esta película surgió durante la pandemia, cuando el cantaor empezó a revisar los vídeos que había grabado con el móvil durante la gira internacional de Enlorquecido, el primer disco que dedicó a la obra del poeta granadino, y que declinaba su faceta más surrealista y atormentada, la de Poeta en Nueva York y los últimos sonetos. El álbum fue un éxito y, poco después, Poveda emprendió otro proyecto con espíritu casi minimalista: grabar el Poema del cante jondo junto al guitarrista Jesús Guerrero. El documental, que reúne imágenes de todo este proceso además de metraje especialmente rodado para la ocasión –incluidos viajes a Buenos Aires y Montevideo–, cuenta con guion del dramaturgo Alberto Conejero y la locución de Juan Echanove en algunos puntos, aunque la voz principal es la del propio cantante.

“Mi idea era contarle al mundo mi periplo hacia el corazón del poeta, que no es solo su obra, sino el hombre, el ser humano”, reflexiona. Por eso, a pesar del hallazgo de estos versos inéditos, asegura que su intención es otra: acercarse a la vida de Lorca “con amor y curiosidad”. Incluso después de cerrar el documental. “Siguen ocurriendo situaciones muy mágicas con cosas que son inesperadas para mí, porque mi búsqueda con Federico tiene más que ver con conocer y comprender ese corazón al que le arrebataron su latir una noche de agosto de 1936, cuando solo tenía 38 años y un mundo en sus manos llenos de arte y de ideas por enseñarle al mundo”.

“Vale, muy bien ustedes han matado a Federico por homosexual, lo han querido silenciar, pero a mí me tiene que servir para que esto no ocurra más. Yo el asesinato de Federico no lo uso como arma arrojadiza, que eso lo han hecho muchos políticos”

La primera vez que cantó versos de Lorca apenas conocía su historia. Hoy es casi un erudito. Lo que me sorprende muchísimo es que, aunque vivió solo 38 años, porque lo asesinaron muy joven, le dio tiempo a vivir muchas cosas. Hay un mundo infinito en Federico que nunca terminas de aprender. Abarcó mucho. Era un hombre muy inquieto, muy viajero. Leo mucho y sigo aprendiendo cosas sobre él. Pero no me considero un erudito.

¿Dedicarle dos discos y una película ha aplacado su curiosidad? Cuando grabé Enlorquecido monté en mi despacho un altar lorquiano con sus libros, con cosas que me habían regalado. Y después hice un disco para celebrar mis 30 años en la música y tenía la cabeza en otras cosas. Recuerdo que en traba en ese despacho y veía sus fotos y le pedía perdón. Le decía “estoy contigo, de la mano, ya volveré. No estoy, pero estoy. Espérame”. Y repente, pasado un tiempo, me dije que debería hacer el disco del poema del cante jondo. Como cantante flamenco tenía que acudir a esa obra. Y ahí empezó otra vez la llama de la obsesión. Al final es siempre una obsesión. Estoy todo el día leyendo cosas de Federico. Ahora estoy leyendo un libro que ya había leído hace muchos años, de Carlos Morla-Lanch. Es un diario que cuenta muchas anécdotas de Federico. Cuanto más ves su parte humana, más lo quieres.

En el documental, cuando visita la universidad de Columbia donde estudió Lorca, explica la necesidad de encontrar el rastro del hombre real, para no mitificarlo. Claro, es que es un hombre real. Quiero humanizarlo y hacerlo un poco más tangible a través de los testimonios de sus amigos, porque es un hombre que encierra mucho misterio. No se sabe dónde está enterrado, no apareció su cuerpo, tampoco quedan rastros de su voz, a pesar de que hizo muchas entrevistas radiofónicas en Cuba, en Buenos Aires y aquí, en Madrid. Y también, durante más de cuarenta años de dictadura, fue silenciado, ocultado, prohibido. Fue brutalmente asesinado, borrado del mapa, nunca mejor dicho. Y de eso no se hablaba. Ni se enseñaba a la escuela.

¿Y qué ha encontrado al buscar esa figura real y tangible? Necesito saber más de él, porque su sentido de la justicia, de la igualdad, sus valores humanos, todo lo que he leído de él dibuja un perfil que me seduce mucho. Quiero saber más de él porque esos valores me han hecho mejor persona. Es como una lamparita que uno siempre quiere tener enfrente. Fue un adelantado a su época en su defensa de la mujer, su defensa del desfavorecido, su defensa también del teatro. Era un hombre acomodado económicamente, y veía el teatro en relación con el pueblo. Cuando ya era un autor de éxito seguía yendo a los pueblos para llevar la obra de Calderón. Tuvo que tener carisma, además de un halo de misterio. Y todo eso lo necesitamos. Creo que cualquier persona que sea sensible necesita ese tipo de personajes como apoyo. Su vida es como un abrazo a este mundo que viene con una ola de sinrazón horrible. De repente, Federico es un muro al que agarrarte. Nos salva. Es un símbolo contra el odio.

Para varias generaciones de artistas, Lorca ha sido un modelo de conducta y de implicación social. A mí me transformó. A medida que cumplo años y me adentro en su manera de pensar, entiendo mi profesión como algo que va más allá de disfrutar de un don que al universo te ha dado, cultivarlo un poco y tirar de él para ganarte la vida. Mi trabajo también puede ser transformador para la sociedad. Entonces yo necesito recoger ese mensaje y que lo que yo haga no solamente sea para envanecerme, aunque nunca lo hago nunca desde ese lugar, por fácil y goloso que sea. Me gustaría que mi don sirviese no solamente para que me den una palmadita en la espalda y me digan “qué bien cantas”, sino para que algo bueno ocurra en el que está enfrente. Porque esta sociedad cada vez me parece más peligrosa y hostil. Y, teniendo un hijo, quiero que el mundo sea distinto. Cuando parece que la cabeza te va a estallar ante las cosas que suceden en el mundo, artistas como Federico son un refugio.

“Ver la cultura de Federico frente al Teatro Español es algo que me reconforta. Es humanizar al personaje, llevarle una flor, decirle gracias. Es alguien que ya no está ante nosotros, pero tampoco tiene una tumba”

Hay mucho debate sobre cómo vivió Lorca su homosexualidad, pero lo cierto es que con los años se ha convertido en una figura tutelar para el colectivo LGTB. En un refugio, como usted dice. En primer lugar, porque uno de los motivos de su asesinato es que era homosexual. Y creo que ese mensaje de odio no se contesta con odio. Vale, muy bien ustedes han matado a Federico por homosexual, lo han querido silenciar, pero a mí me tiene que servir para que esto no ocurra más. Yo el asesinato de Federico no lo uso como arma arrojadiza, que eso lo han hecho muchos políticos. Yo no lo uso para odiar al de enfrente, sino para que no vuelva a ocurrir, para transformar la mentalidad de las personas. Es un ejemplo de hasta dónde puede llegar el odio. Y como su caso hubo miles. Necesitamos un referente, pero no para utilizarlo como riña, sino como elección de vida, como referente.

Hay una escena en que visita la tumba del padre de Lorca a llevar flores. Y uno tiene la sensación de que va a esa tumba porque no puede ir a la de Federico. Claro, y lo mismo pasa cuando visito las tumbas de su familia o sus amigos, que sí han tenido una sepultura. No es tanto lo religioso como tener un lugar al que llevar una flor.

¿Por qué el gesto de llevar flores sigue siendo importante? Porque es una muestra de gratitud, la gente necesita humanizar. Por eso también las esculturas, ¿no? A mí, por ejemplo, ver la cultura de Federico frente al Teatro Español es algo que me reconforta. Es humanizar al personaje, llevarle una flor, decirle gracias. Es alguien que ya no está ante nosotros, pero tampoco tiene una tumba. No tenemos sus restos. Por eso voy a dar gracias a su madre, por la educación que le dio, a sus hermanas, a su padre también, porque siendo un hombre de su época apoyó mucho la carrera de su hijo. También le doy gracias a Rafael Rodríguez Rapún, su amor, a lo mejor no por la buena vida que le diera, pero sí por lo que le inspiró. Yo creo que esta pregunta la pueden contestar muy bien las personas que perdieron a sus familiares en la guerra y que se han pasado la vida buscando a sus seres queridos. Es un capítulo que no está terminado de cerrar.

Esa fue una de las polémicas. Su propia familia decía que no era necesario saber dónde estaba. Ese discurso se podía entender antes, cuando ninguna de las personas que fueron brutalmente asesinadas entre Víznar y Alfacar habían sido halladas. Buscar a Federico, que era un símbolo, era buscar a uno entre muchos. Yo entiendo ese discurso en su momento. Hoy en día no, porque ya se han levantado muchos más cuerpos, cientos o miles de cuerpos. Quedan muchos por identificar, pero muchas familias han podido dar sepultura a sus parientes. Así que, ahora, ¿por qué no seguir buscando? Ahora sí se puede.

¿Le gustaría que se encontraran sus restos? Todo en la vida son etapas, y ahora ya no vivo tan obsesionado con encontrar el cuerpo de Federico. Ahora estoy más centrado en toda la luz de Federico en vida, en ese Federico joven adolescente, que es el más desconocido, el que empieza a despertar a la literatura, a la música, ese joven entusiasta que viene a Madrid desde la Vega de Granada, y empieza a descubrir cosas. Ese es el Federico que me obsesiona ahora. Pero cuando pienso en su muerte, la verdad es que sí me gustaría llevarle una flor al lugar donde estén sus restos.

¿Y tiene esperanza de que eso suceda? Me gustaría. No sé si llamarlo esperanza o no, pero es una proyección que yo hago. Es un sueño que no he abandonado.

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