Se reestrenó el espectáculo Unidad Básica, creación de Pompeyo Audivert y Andrés Mangone, ahora los domingos a las 18.30 en el Centro Cultural de la Cooperación. Vuelven con algunos cambios en su elenco: Hernán Fernández, Abel Ledesma, Fernanda Pérez Bodria, Gustavo Saborido y ahora, Mangone se suma como intérprete.
—¿Cómo se vuelve a una obra después de más de veinte años de su estreno?
AUDIVERT: Fue por un hecho fortuito. Viendo el video de aquella puesta me asombró el fenómeno más allá de la política que entraña la obra, el asunto formal que estaba en juego. Tiene que ver con las temáticas aparentes como el peronismo, el Golpe de estado de 1955 y los símbolos incandescentes o de las brasas del sentido político que estos personajes intentan resguardar. Sobre todo me llamó la atención el procedimiento escénico teatral que de algún modo fue el que generó en aquel momento la aventura de la obra. Me sorprendió lo que se parecía aquella etapa con ésta. Sentí que ahora tenía mucho más sentido de ser puesta.
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MANGONE: Es emocionante porque tiene toda la carga del tiempo que ha pasado y volver a juntarse en torno a esa misma jugada. Casi es el mismo elenco, en realidad no actuaba en aquella versión era solamente director Tiene ese aspecto divertido, el de ser unos cuerpos que han avanzado en su propia vida. La obra vuelve a tener un sentido, está muy ligado a una situación, a un contexto social y político que no es el mismo, pero que por algunas razones traerla hoy cuenta, casi como una especie de intuición. La estrenamos en el 2003, pero ese trabajo lo iniciamos en 2001, con lo cual tenía un contexto muy crítico, político y social.
—¿Cómo es dirigir entre dos?
AUDIVERT: Con Andrés tenemos desde aquella época la costumbre de trabajar juntos en la dirección y en la creación, Tenemos una familiaridad con el lenguaje y fue muy simple volver. La reposición de la obra estuvo a cargo en términos de dirección prácticamente de Andrés. Hay una mirada compartida, no hay discusiones.
MANGONE: La codirección tiene una historia larguísima porque hicimos muchos trabajos juntos. La primera etapa la empezamos en 1997. Se dio con mucha naturalidad y comodidad. Tenemos un acuerdo, parecidos y una tendencia de estilo.
También compartimos una mirada teatral y artística que es muy familiar. Fui primero su alumno y luego me fui quedando.
—¿Por qué eligieron el truco como juego nacional?
AUDIVERT: La obra es una extraña comedia metafísica donde estos personajes patéticos están perdidos e intentan recordar quiénes son o restablecer sus identidades. Empiezan a suceder una serie de circunstancias muy típicas de lo argentino y en ese en ese sentido hay un momento donde aparece el truco, es un juego muy particular. Tiene una dinámica política en términos de la ocultación, la mentira, el engaño o la sospecha sobre lo que se tiene o no se tiene. Creo que la obra tiene hoy un valor histórico, con la realidad en la que estamos muy superior a la que tenía en su momento.
MANGONE: Todas nuestras asociaciones se ponen a funcionar, no podríamos estar jugando al póker en ese momento. Cuestiones ardientes como el peronismo, el truco o podría ser el fútbol. Tenemos esa tendencia que es tomar todos los elementos que nos sean muy propios, conocibles y nuestros.
—Se habla mucho de renuncias y traiciones…
MANGONE: Tiene que ver con un juego dramático de estos personajes que llegan del aparente golpe de 1955. Lo mismo que el truco el teatro usa para unos fines que son más de una libertad asociativa. Hay algo muy reconocible para un público interesado o conocedor de la historia. El teatro hace su agitación y de alguna manera tampoco se trata de saber, sino de presenciar un acto poético que busca tocar cuerdas que apuntan a algo más profundo.
AUDIVERT: Sí, cobra mucha actualidad. Me parece que hay una crisis de la identidad histórica argentina que estaba constituida en torno a ardor restallante del peronismo y que en este momento está en una suerte de crisis convulsiva vinculada a la aparición de una monstruosidad que ha copado la parada y que no tiene del todo una forma de ser definida. No se puede formular una salida o una identidad de lucha para enfrentar esas fuerzas oscuras que ahora están apareciendo. Hay que hablar cómo reconstituir una identidad que se está desmoronando. En este momento estamos en una caída histórica y la obra de algún modo habla de esas fuerzas que no cesan en nuestro territorio, pero que están en una encrucijada existencial.
La provocación del teatro
A.S.
Volver con un espectáculo titulado hoy Unidad Básica suena a provocación. Es Andrés Mangone quien subrayará: “Sí, lo es y lo era cuando la estrenamos. Es una manera de referirnos a un lugar de encuentro político y es el nombre popular. Tiene una raíz profunda en el proceso histórico nacional, no es una provocación en el sentido de una cargada, sino de algo afectivo: El teatro siempre debe provocar. Justamente lo que está claro es que es una instancia crítica del tiempo, del lugar y que son unos personajes que tratan de averiguarse a sí mismos qué está pasando y dónde están”.
Agregará Pompeyo Audivert: “El teatro es una máquina que sondea identidad y pertenencia a una escala extraordinaria. Creo que lo que estamos haciendo es señalar que por detrás de la dimensión histórica hay una existencial de fondo a la que el teatro se debe, que sería nuestra casa y en ella estamos ahora replegados. Hoy este espectáculo es muy provocador y metaforizador, habla de esta circunstancia, pero no olvidemos que el teatro no se debe a lo político, por más que tenga relación con el grito histórico, porque de ahí también saca su potencia. El teatro se debe a esa dimensión física de la identidad y la pertenencia que debe ser manifestada en el escenario como el último remitente de nuestra existencia. Aquella zona de la que venimos y a la que volvemos todo el tiempo en un sistema de muerte y resurrección permanente, que atañe a lo individual, pero también a lo colectivo”.










