Héctor Abad Faciolince contó como sobrevivió en Ucrania

Héctor Abad Faciolince contó como sobrevivió en Ucrania


Por esa múltiple y caleidoscópica agenda que propone la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, anoche sábado, a las 20.30, los visitantes se podían dar el lujo de elegir escuchar, entre otros, al poeta costarricence Luis Chaves, al escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, a la narradora peruana Katya Adaui –como parte de la delegación de Perú, país invitado–, a la escritora, dramaturga y actriz argentina Camila Sosa Villada, y al escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, para presentar su más reciente libro, Ahora y en la hora (Peguin Random House). Este año, además, Abad Faciolince, autor del entrañable libro El olvido que seremos, es un de los tres jurados de Honor del Premio Clarín de Novela.

Publicado a fines de 2025, Ahora y en la hora narra la desgarrada crónica del viaje realizado a Ucrania, en el que el autor casi pierde la vida por la explosión de un misil ruso en la pizzería donde se despedían, junto a una comitiva de amigos y colegas, luego de visitar algunas de las zonas desvastadas por la guerra.

En el trágico atentado murió, sin embargo, una de las escritoras y guía de la comitiva: la ucraniana Victoria Amélina, además de causar otras 12 víctimas fatales y alrededor de 60 heridos. De allí que Abad Faciolince diga que este es un libro escrito «en carne viva», entre la rabia, la culpa y la locura. De estas experiencias, y otras obsesiones filosóficas como el lugar de la voluntad, el azar, la casualidad, el destino, en nuestras vidas, discurre este libro.

Un país lejano

Martín Sivak comenzó consultando a Abad Faciolince por su «tardío enamoramiento por un país tan lejano como Ucrania».

El colombiano respondió que fue algo que se dio azarosamente: «Yo no tenía una idea muy clara de lo que era Ucrania, hasta que unas chicas muy jóvenes me dijeron que querían traducir El olvido que seremos al ucraniano. Francamente yo sabía muy poco de Ucrania. En el mapamundi de mi casa, la Unión Soviética era una mancha verde gigantesca: ahí estaba Ucrania, y ahí estaba Kiev, y a esa mancha gigantesca del país más grande del mundo le decíamos Rusia, ahora pienso, injustamente. Pronto me di cuenta de que algunos de los escritores que más quiero habían nacido en lo que hoy es Ucrania, en particular Joseph Roth; otros, como Vasili Grossman, Joseph Conrad, no eran de lengua ucraniana, pero los adoraba, tanto como a Alejandra Pizarnik, y la gran escritora brasileña, Clarice Lispector. Entonces sí: sobrevino en mí un amor tardío, pero muy intenso por este país, un país que está siendo agredido, destrozado, masacrado inclementemente desde 2014, pero con más intensidad desde el 2022. La indignación hizo crecer en mí el amor y la rabia».

A lo largo de la charla, Abad Faciolince comentará cómo abrazó y acompañó la causa de «Aguanta Ucrania», sin ocultar la decepción que le produjo no conseguir el aval de escritores latinoamericanos: «Me costó mucho, en particular en México y en Argentina, encontrar colegas que quisieran apoyarnos en el movimiento: o no me contestaban mis mensajes, o no decían nada, o me decían: No, eso es culpa de la OTAN, culpa de Zelensky. Me decían lo mismo que dice hoy Donald Trump, no sé cómo se sentirán hoy en día tan de acuerdo con Donald Trump, de estar tan de acuerdo con este señor».

Tajante, ahondó: «En literatura uno tiende a ver los grises, a ver los matices, a entender los motivos del otro, pero en el caso de la invasión rusa a Ucrania, para mí es un asunto de negros y blancos, y no logro entender que esta operación militar especial para desnazificar Ucrania pueda ser rechazada por ninguna mente poderosa del mundo».

Lejos de sentirse un escritor profesional o experto –«tengo que aprender a escribir cada libro«–, en este libro, en particular, se sintió un aprendiz absoluto: «Por un lado, por mi ignorancia sobre Ucrania, tener que empezar a documentarme, y tratar de entender su historia. Por otro lado, porque la experiencia de muerte directa, de casi morir ahí, le deja a uno el cerebro como una maraca. Yo no fui, obviamente, a que me mataran o a que mataran a mi compañera de viaje. Pero fui y pasó. Entonces, todo eso me dejó completamente atónito, devastado y con la incapacidad de escribirlo bien».

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince presentó su libro  Ahora y en la hora en diálogo con Martín Sivak. Foto: gentileza Penguin Random House.

El autor fue explícito al sincerar las arduas condiciones de escritura de este libro: «Para escribir bien algo horroroso tienes que escribir bien el horror, para lo cual tienes que revivirlo, pero yo tomaba antidepresivos, para no deprimirme. Esa tensión produjo en mí un conflicto mental continuo porque, si dejaba los antidepresivos, no dormía o tenía pensamientos mágicos, místicos, incluso creía que efectivamente me había muerto en Ucrania, que no me había dado cuenta pero que yo me había muerto, que sí me habían matado, que yo era un muerto que seguía vivo».

Imbuido por la lectura de un ensayo de Borges sobre el místico sueco Emanuel Swedenborg, el autor –pese a decir «Yo soy ateo, yo soy racionalista, yo creo en la ciencia–, llegó a sentir «que Victoria Amélina y su fantasma, su Dibuk, estaban en mi casa y me dictaban pedazos de este libro».

Sivak indagó porqué menciona la culpa tanto en el caso de su padre, Héctor Abad Gómez, asesinado en Colombia, historia narrada en El olvido que seremos, como en el de Victoria.

«Sabíamos que papá estaba en una lista de amenazados, ¿por qué no lo obligamos a irse, a venirse a Buenos Aires o a Madrid? Yo sentía que tenía la culpa de que hubieran matado a mi papá por no haberlo obligado amorosamente a salvarse. Y en el caso de Victoria, yo no tenía la culpa, pero por un cambio fortuito de ubicación en la mesa, porque no escuchaba bien y decidí pasarme al frente para poder oír con mi oído bueno, eso llevó a que Victoria ocupara mi lugar, y eso fue lo que la mató. Entonces yo estoy muy contento de haber sobrevivido, de poder estar aquí conversando, pero eso no me quita la culpa de haber sobrevivido».

Nada de heroico

La presentación del libro El olvido que seremos en Ucrania suponía un viaje breve con visita a unos museos y un pronto regreso a Polonia. Instado por la reportera de guerra Catalina Gómez a ir un poco más hacia el este «para que realmente puedas volver a Colombia y decir que fuiste testigo del horror, de los horrores de la guerra», aceptó ir dos días más cerca del frente.

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince presentó su libro  Ahora y en la hora en diálogo con Martín Sivak. Foto: gentileza Penguin Random House.

«Y de repente pasa esto. Yo no tengo nada heroico, como mi papá que era un gran luchador por los derechos humanos. Yo hubiera querido escribir novelas de adulterio y novelas de ladrones de bicicletas, pero por las cosas que me han pasado en la vida me toca escribir otros asuntos. A mí la historia con mayúsculas no es lo que más me interesa, pero es como si la historia con mayúsculas me arrastrara y en Ucrania me arrastró, me arrastraron estos amigos».

«¿Qué recordabas de la escena? ¿O necesitaste de otros para reconstruir el momento de la explosión?», preguntó Sivak.

«Lo último que yo pensé cuando cayó el misil en el techo de esa pizzería –nosotros estábamos en la terraza y yo caí al suelo con el estruendo o no sé si con la onda explosiva– fue: Nos mataron. Este hubiera sido mi último pensamiento si me hubieran matado o fue mi último pensamiento si en verdad me mataron, pues sencillamente eso fue lo que yo pensé. Luego uno se levanta y hay humo, hay polvo y hay gritos en una lengua que no conoces. Y es verdad lo que hacen en las películas, como que el tiempo se vuelve mucho más lento, como en cámara lenta. Todos estábamos bien, menos Victoria que no respondía, estaba ahí simplemente con la cabeza un poco inclinada hacia atrás y le decían Victoria, Victoria, tiene pulso, y en un momento dado ya abrió los ojos», recordó.

El escritor contó que se fue, escapó: «Porque sabía que los rusos hacen lo que se llama en términos de guerra el double tap, es decir, tiran un segundo misil en el mismo sitio donde tiraron el primero para rematar a los heridos y para matar a los socorristas. Y efectivamente cuando yo me alejé unos 100 metros sonó otra explosión que afortunadamente cayó lejos en una calle en el asfalto. Pero yo me sentí muy mal de haberme ido de ahí, de no haberme quedado socorriendo a Victoria como se quedaron mis compañeros de viaje, eso es también parte de mi culpa«.

Por eso, aclaró, «digo que yo escribí este libro porque me tocó, porque la historia me arrastró, porque el río de la historia con mayúsculas me arrastró, pero insisto en que no tiene nada heroico, heroicos son los que siguen en Ucrania y resisten por el país, por la democracia, por las libertades, contra Putin».

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince presentó su libro  Ahora y en la hora en diálogo con Martín Sivak. Foto: gentileza Penguin Random House.

Como en la infancia, cuando su padre volvió decepcionado de un viaje a la Unión Soviética, ahora Abad Faciolince siente la decepción de lo que observa en el campo intelectual latinoamericano que, para él, no fue lo suficientemente enfático con la defensa de Ucrania.

De hecho, asevera que considerar a Putin como alguien de izquierda –solo porque viene de la KGB y de la Unión Soviética– «es la cosa más ridícula del mundo: probablemente es el hombre más rico de Rusia, uno de los hombres más ricos del mundo, es un perfecto clepto-dictador, un megalómano que ha llevado a la muerte o a la mutilación a más de un millón de rusos en esta guerra atroz. Yo no veo esta invasión y esta guerra como un asunto de derecha e izquierda. Yo no quiero tener banderas de izquierda o de derecha, yo quiero estar con las víctimas, las de Ucrania, o las de Gaza. De hecho, al mismo tiempo de la historia ucraniana escribí la historia de un viejo que va a Egipto y trata de meter comida de contrabando en Gaza, y va con una guía, una joven palestina, y mientras intentan meter comida en Gaza, la matan a ella y a él no. Iba a intercalar las dos historias. Pero al final mis editoras sacaron esa parte, porque era un poco delirante y entonces, digamos, el libro quedó podado de la parte izquierdista, lo que es ridículo de ser pensado así».

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