Julieta Makintach (49) era hace un año una de las juezas a cargo de definir qué pasó con la muerte de Diego Armando Maradona (60) y se mostraba segura de cada una de sus decisiones. Hoy, lejos de los estrados y de los libros de Derecho Penal, está abocada a su familia, triste y añorando “la vida anterior” que tuvo dentro de la Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
Un día como hoy, hace exactamente un año, la por entonces jueza Makintach se sentaba en la silla principal del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 3 de San Isidro. Junto a ella se ubicaron sus colegas, Maximiliano Savarino y Verónica Di Tommaso.
Makintach no realizó ningún gesto. Miró al frente y comunicó que la dirección del debate quedaba bajo su órbita y que Di Tommaso ocuparía la presidencia del tribunal ya que el día anterior se había cumplido el ciclo de Savarino.
La magistrada, que naturalmente ejercía en el TOC N° 2 sanisidrense, intentó continuar como si nada hubiese pasado en el debate por la muerte del «Diez». Hasta ese momento habían declarado 43 testigos en 18 jornadas.
Durante varias audiencias se había visto el cuerpo de Maradona recostado, ya sin vida, con el abdomen hinchado. También se conocieron audios del entorno de la víctima y los profesionales de la salud que lo atendieron en sus últimos días.
En ninguna de esas jornadas se escucharon esas frases célebres del “Diez”. En la televisión instalada especialmente para exhibir las fotos de su autopsia o el expediente no se mostró ni uno de los cientos de goles que marcó con las camisetas de Boca Juniors, Napoli o la Selección Argentina.
Para ese día, jueves 15, estaba previsto la declaración del psicólogo Carlos Díaz (34). Era el segundo de los siete imputados que se iba a sentar frente a los jueces. La primera había sido la psiquiatra Agustina Cosachov (41).
El tribunal a cargo del primer juicio: Verónica Di Tommaso, Maximiliano Savarino y Makintach. Foto: REUTERS/Agustín Marcarián.Pero todo cambió. Ese día fue el punto de inflexión que derivó en un escándalo judicial a nivel mundial por la grabación de una serie documental titulada “Justicia Divina”, a cargo de una productora vinculada a la –ahora si- ex jueza Makintach, que incluyó un guión y hasta un trailer con imágenes del debate.
Dos “intrusos” en el público
Luego de escuchar la novedad sobre la conformación del tribunal fue el abogado Fernando Burlando, representante de Dalma y Gianinna Maradona, quien tomó la palabra y pidió un cuarto intermedio, sorprendido de la medida al igual que el resto de las partes.
En los siguientes minutos los pasillos de los tribunales de San Isidro se alborotaron. Acusadores y defensores empezaron a hablar de un dato que nació como un rumor entre los periodistas, pero que allí tomó otra dimensión: la grabación de un documental por parte de un integrante del tribunal.
Tras un cuarto intermedio Julio Rivas, defensor del neurocirujano Leopoldo Luque (45), tomó la palabra. Dijo que una de las preguntas que realizó Makintach al testigo Víctor Stinfale y a Cosachov fueron incisivas, como adelantando su postura a la hora de dictar un fallo, lo que consideraba como falta de parcialidad.
Luego pidió identificar a dos personas que estaban sentadas en la zona del público, entre los periodistas. La mujer dijo ser decoradora de interiores y no conocer a Makintach. El hombre se identificó como un “escritor maradoniano” y tampoco acusó relación con ninguna de las partes del debate.
Imágenes del tráiler del documental «Justicia Divina».Luego se conocería que esas personas eran María Lía Vidal Alemán, amiga de la jueza Makintach; y Juan Manuel D’Emilio; un reconocido y galardonado guionista.
La recusación y el principio del fin
“No estoy de acuerdo que sea la directora del debate”, expresó Rivas, antes de que cada uno de los abogados y los fiscales dieran su opinión.
Vadim Mischanchuk, defensor de Cosachov, acompañó el pedido de Rivas, pero no así el resto de los defensores. Entre los acusadores, los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren también se opusieron a la rotación del tribunal.
Rivas tomó nuevamente la palabra y expresó que tenía conocimiento de que Juan Makintach, socio del ex Puma Agustín Pichot, era dueño de una productora y que era hermano de la jueza. Ella dijo que su hermano era economista y que no tenía que ver con ningún documental.
El defensor de Luque continuó con su plateo de recusación. Luego de un cuarto intermedio por unanimidad se definió no hacer lugar al pedido del abogado. Tras ello se pidió un nuevo parate en el debate.
En ese momento, Burlando junto con Mario Baudry realizaron una denuncia en la Fiscalía N° 1 de San Isidro por averiguación de ilícito. El fiscal Ferrari consultó si el tribunal tuvo algún pedido sobre la realización de un documental, ya que consideraba que debían estar al tanto las partes. Como respuesta recibió una negativa de los jueces.
La jornada continuó con quien fuera –sin saberlo en ese momento- el último testigo en declarar: Carlos Bacchini, alias “Coco”, un acompañante terapéutico que estuvo con Maradona la última noche en la Clínica Olivos y los tres primeros días en la casa de San Andrés.
Recusación, investigación y escándalo
La siguiente audiencia comenzó fuerte con una nueva recusación de Rivas a la jueza Makintach. Se supo que las primeras medidas de la investigación determinaron que existió un vínculo entre la magistrada y la autorización para tomar imágenes en los lineamientos de apertura.
La fiscalía pidió 10 días para continuar con la investigación y calificó de “gravedad institucional” lo sucedido. Savarino, en su puesto de presidente, los otorgó. De nada sirvieron las palabras de Makintach y su defensa acérrima de “imparcialidad”.
En el medio de esos días se conocieron imágenes de la jueza tomadas en los tribunales, el domingo previo al inicio del debate. Los videos recorrieron el mundo. Cuando se mostró el guion y el tráiler en la sala todos los presentes se inmutaron, sorprendidos. El clima era tenso, había lágrimas entre las hijas de Maradona.
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Destituyeron a la jueza Makintach por el escándalo del caso Maradona
El juicio se declaraba nulo y todo volvía a foja cero. Meses después, un jury de enjuiciamiento destituyó a Makintach de su cargo de jueza, luego de pertenecer 27 años en la Justicia bonaerense.
La actualidad de Makintach
Makintach está recluida en su casa, junto a su familia. Se encuentra abocada a sus hijos, a quien los acompaña al colegio y los busca en sus actividades extracurriculares. Está alejada del Derecho.
Si bien su destitución aún no está firme, no puede matricularse en ningún Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires. O al menos, ninguno le propuso poder hacerlo.
La ex jueza durante en jury en La Plata y junto a su abogado. Foto: Francisco Loureiro. “En mi vida anterior”, menciona, entre gentes de su entorno, cada vez que se refiere a analizar un fallo o leer un libro vinculado al Derecho, profesión que ejerció los últimos 27 años de vida.
No hace cursos ni estudios, a pesar de que le insisten para que tenga una actividad. Tampoco asesora a ningún estudio jurídico ni fue a trabajar a Uruguay, como dijo en más de alguna oportunidad durante el jury en su contra.
“Se la pasa pensando en lo que pasó”, dicen personas que la conocen de muchos años de tribunales, como añorando su actividad, la que realizó hasta mitad de 2025.
Respecto a las causas que tiene en su contra, en la que investiga la justicia de San Isidro presentó un recurso en la Cámara de Casación. Con respecto al jury, Makintach apeló por queja directamente en la Suprema Corte bonaerense. También presentó un pedido para seguir cobrando su sueldo de jueza, porque el fallo no quedó firme, pero no obtuvo respuesta.
Mientras tanto, el segundo juicio por la muerte del «Diez» comenzó este año en el TOC N° 7 de San Isidro y en la audiencia del martes pasado, ante un desperfecto técnico con el equipo de sonido que demoró el desarrollo de la jornada, se escuchó decir entre los presentes, a modo de broma y entre risas, debe ser «el fantasma de Makintach».










