Los mensajes son todos similares en los grupos de WhatsApp que nuclean a los hinchas argentinos que, desde el inicio del fin de semana, empezaron a desembarcar en Dallas, la tercera ciudad más grande del estado de Texas después de Houston y San Antonio, y donde la Selección jugará su segundo partido en el Mundial 2026. «Compro entradas», es el denominador común de la mayoría de quienes escriben y entran en desesperación conforme se acerca la hora del partido. Este domingo, la mayoría de ellos estarán en el habitual banderazo, que modificó su horario para las 15:00 (hora local, las 17:00 hora argentina) en el Klyde Warren Park ubicado en el centro de la ciudad, lejos del estadio AT&T, donde se jugará el encuentro este lunes.
Se especula que, respecto del primer partido en Dallas, la afluencia de público albiceleste se multiplicará. Es que, como suele ocurrir, muchos llegan a un Mundial avanzado el torneo tratando de soñar con llegar lo más lejos posible. Por eso es habitual, para aquellos que planean una larga estadía, «pasar» el primer duelo y llegar para el segundo, que en este contexto tiene la particularidad de repetir también para el tercero, por lo que no es necesario moverse de sede.
Pero el principal problema, al igual que ocurrió con muchos en Qatar 2022, es el de las entradas. A la dificultad para conseguirlas, se le debe agregar los precios que, por la reventa por demanda, los elevaron hasta más de 1.000 dólares para el cruce ante los europeos. Así lo había explicado a Clarín Carlos Abriata, el salteño de 42 años que creó la empresa que provee el soporte tecnológico para la venta de tickets.
«Sin dudas que es el Mundial más caro de la historia. Porque se aplica el pricing de acuerdo al país donde se juega y cuanto se consume. México, donde se juegan 13 partidos, es el consumidor número uno de fútbol y Fórmula 1. La final cuesta 8.300 dólares. ¿Sabés por qué? Porque es lo que se paga para ver el Superbowl y el Mundial es eso multiplicado por 200 países. Además, de esta manera se evita la reventa. FIFA se cansó de poner al expendio entradas a 2.500 dólares y que te las revendieran a cifras exorbitantes», aseguró Abriata.
Y los hinchas argentinos lo están experimentando en primera persona. Los testimonios parecen todos sacados del mismo casette, pero corresponden a diferentes personas que caminan por las calles de la ciudad que más partidos recibirá de esta Copa del Mundo, con nueve. El imponente estadio, cerrado y con capacidad para 70.649 espectadores, evidentemente no alcanza para la demanda de querer ver a los vigentes campeones del mundo. Aquellos que no logren ingresar, probablemente se reúnan en el Fan Fest de la ciudad, que tiene una buena capacidad para albergar fanáticos.
Ya en Kansas había habido unos 20.000 argentinos presentes, según estimó el Consulado argentino en Chicago, que tiene injerencia en esa ciudad. Muchos volaron desde el país, otros son residentes de esa ciudad o zonas aledañas que se dieron el gusto de verlo en el estadio Arrowhead. La salvedad es que, también para los norteamericanos o centroamericanos, también es un evento en si mismo ver a Lionel Messi en, quizás, su último Mundial. Por eso las camisetas albicelestes dominaron la escena visual en el triunfo 3-0 contra Argelia.
El banderazo modificó su horario original. Estaba previsto a las 18:00 y se pasó para las 15:00 de Dallas. ¿El motivo? Que muchos hinchas ya están dando vueltas desde hace unos días en la ciudad y la rutina se cambiará porque el lunes el encuentro se juega a las 12:00, hora local. Al igual que los futbolistas, los fanáticos también tienen que prepararse y concentrarse.









