Luego de que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) elevara al 90 por ciento las chances de que a partir del trimestre que comienza se desarrolle el fenómeno de “El Niño” en Sudamérica, la titular del organismo advirtió sobre tres fenómenos extremos que puede traer a la Argentina y anticipó que esas situaciones pueden poner en riesgo la integridad de las poblaciones.
Se denomina El Niño, y su fase opuesta La Niña, a una variación natural del clima, que provoca una marcada variación de la temperatura de las aguas del océano Pacífico ecuatorial.
Esto modifica la circulación atmosférica mundial y puede ocasionar fenómenos extremos en un gran número de regiones. Suele producirse cada dos a siete años y dura alrededor de nueve a doce meses.
El último episodio de «El Niño», en 2023 y 2024, convirtió esos años en los dos más calurosos jamás registrados. «Debemos prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente potente, que agravará la sequía y las lluvias intensas”, advirtió ahora la argentina Celeste Saulo, titular de la OMM.
Para el período junio-julio-agosto, la OMM prevé un conjunto de condiciones que favorecen «un predominio de temperaturas superiores a lo normal en casi todas las regiones del planeta», algo que –como adelantó Clarín– en Argentina ya fue anticipado en el último pronóstico trimestral. Existe un riesgo adicional de estrés térmico, con sequía en algunas regiones y fenómenos extremos como inundaciones o sequías severas.
Saulo señaló que El Niño tendrá «efectos en cascada», con posibles repercusiones en el comercio mundial. Estos efectos abarcan «desde la variabilidad del clima hasta la economía y la seguridad de las poblaciones. Por eso esta información es tan pertinente y tan importante», declaró.
Al describir las consecuencias probables en Sudamérica y Centroamérica, la científica argentina mencionó en primer lugar al «Niño Costero», como se denomina a este fenómeno en Perú y Ecuador.: «El Niño Costero genera una serie de impactos que conocemos y que van desde aumentar la lluvia y el calentamiento del mar, lo que hace que toda la industria pesquera se vea fuertemente afectada», explicó.
Continuó con el norte de Sudamérica, América Central y el noreste de Brasil, que quedan expuestos a «sequías o lluvias por debajo de lo normal» y recordó que se han visto fenómenos de El Niño «muy extremos» que llegaron a dañar la capacidad operativa del Canal de Panamá o provocar problemas de manejo y acceso al agua en casos de sequías severas.
«Luego tenemos el sudeste de Sudamérica, lo que sería el sur de Brasil, Paraguay, el norte de Argentina, el noreste de Argentina y Uruguay», donde pueden esperarse lluvias por encima de lo normal, con tres consecuencias extremas: riesgo de inundaciones, tormentas severas y deslizamientos de tierra.
Ante el temor y desinformación que esta situación puede causar en las distintas poblaciones, Saulo pidió a la gente «confiar en las instituciones que están a cargo del manejo de la información meteorológica y que en cada país son sus respectivos servicios meteorológicos nacionales. «Ellos son los últimos responsables y las voces autorizadas».
La ciencia no ha demostrado que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño, pero lo que sí se sabe es que ambos pueden combinarse y amplificar sus impactos en términos de fenómenos meteorológicos extremos que su vez pueden originar desastres naturales.










