Antonio Ávalos: el zapatero del tango

Antonio Ávalos: el zapatero del tango


En agosto, la ciudad de Buenos Aires celebró el tango y un fervor popular contagió no solo a los porteños sino además a visitantes extranjeros que se apasionan con el baile. Vienen a las milongas, a tomar clases y asisten al Festival y Mundial de Tango que no sólo incluye la danza -tango escenario y de salón- sino también orquestas y cantantes.

Cada vez es mayor el interés por el calzado de los bailarines, que apenas un par de décadas atrás tenía cierta importancia, aunque incomparable con la que reviste hoy. ¿Los zapatos son fundamentales o aportan sólo una cuota estética?

Viva consultó tanto a profesionales como amateurs, y fue contundente la unanimidad cuando coincidieron en decir que la estructura del zapato, el taco y la caída son esenciales para obtener estabilidad y buen porte. Y que hay dos elementos que pueden transformar por completo la forma en que se baila: el taco y la caída del zapato.

Para lograr precisión del eje y del pivot o deslizamientos seguros, los zapatos son clave para sostener el peso -y el cambio de peso- y definir el equilibrio.

Faltaba la voz del artesano, el constructor de estas piezas que ya no son accesorios y se han vuelto protagonistas. Así escuchamos la historia de Antonio Ávalos, zapatero y dueño de Todo Tango Shoes, uno de los locales del rubro que están en el microcentro porteño, sobre la calle Suipacha.

-¿Cuándo empezaste a confeccionar zapatos para bailar tango?

Arranqué con mi papá, Eugenio, a los 18… y tengo 46. Papá era un hombre mayor, como un abuelo para mí y hacía zapatos Luis XV con taco aguja, para la época dorada, que las mujeres usaban para ir a trabajar. Era representante de Christian Dior; yo llevo el oficio en mi ADN.

-¿Cómo fue tu paso a paso, con zapatos propios?

-Primero trabajé para varias casas; para Artesanal, luego para NeoTango y otras marcas que nos pedían distintos pares. Estábamos en el barrio de Boedo.

Ávalos en su taller, donde hace los diseños sobre la horma del calzado. Foto: Martín Bonetto

-¿Te formaste en el oficio por experiencia o hiciste alguna capacitación?

Papá era modelista de calzado, yo no hice el curso, pero él fue mi maestro. De chico no teníamos mucho dinero y a mí me gustaban las zapatillas que no me podían comprar. Entonces me enseñó a hacerlas. Claro, iba al colegio y era el bicho raro que tenía zapatillas diferentes. Y no era bien visto no tener zapatillas de marca. Hoy es distinto.

Papá fue mi maestro. De chico no teníamos mucho dinero y a mí me gustaban las zapatillas que no me podían comprar. Entonces me enseñó a hacerlas.

-¿Cómo se hace un zapato de tango, cuál es el proceso?

-Con respecto al diseño, antes yo me guiaba por lo que pedían los clientes que eran los dueños de las marcas. Ahora tengo contacto directo con los usuarios y vienen con sus problemas como pie ancho o buscan un zapato que les agarre bien el empeine, por ejemplo. En base a estas necesidades, voy pensando modelos que resuelvan esas cuestiones.

-¿Hacés el diseño en computadora o un dibujo a mano alzada?

-No. Directamente sobre la horma. Tomo una y dibujo sobre ella. No es una idea abstracta. Digo, en este modelo quiero cubrir esta parte entonces marco trazos directamente sobre la horma. Yo no estudié y trabajo artesanalmente, a mano. Escuchar al cliente, entender lo que necesita, es para mí una clave para empezar a crear. El zapato no tiene que ser solo lindo; tiene que ser funcional.

Yo no estudié y trabajo artesanalmente. Escuchar al cliente, entender lo que necesita, es para mí una clave para empezar a crear.

-Dicen que el taco y la caída del zapato son determinantes para bailar. ¿Por qué?

La caída depende mucho del cuadro de la horma. No podés poner un taco de 7 cm en una horma de 9, porque te va a caer mal. Para una horma de 9, tiene que haber un taco de 9. Si no, el zapato pisa mal. O pisa mucho en la punta o en el talón, se ve chueco… La altura del taco depende de cada cliente. Yo trabajo a partir de 5,5 a 9 cm.

Dice que muchas compran los zapatos para fiestas, porque son muy cómodos. Foto: Martín Bonetto

-La pulsera al tobillo o las tiras son además de estéticas necesarias para el agarre…

Son estéticas, pero hacen a la función de tomar el pie. A algunas mujeres le gustan las tiras al tobillo, otros las cruzadas sobre el empeine y ahora se están usando las tiras largas cruzadas, como de sandalias romanas. Quedan lindas, te hacen la pierna más larga, aunque no sé si agarran tan bien el pie.

-Con respecto al talón, vi que hay modelos con talón abierto y también cerrado.

-Sí. Depende del bailarín, de lo que sienta más confortable. Hay personas que están tan acostumbradas a bailar sobre los metatarsos, que no apoyan el taco ni el talón. Son profesionales.

-¿Y qué tipos de suela se usan?

Las de cromo, para pisos pulidos, que no resbalan, pero deslizan. Y las de cuero, las de toda la vida, que sirven para todo tipo de piso y se usaron mucho en la pandemia cuando se empezó a bailar en las plazas.

-Tenés zapatillas y botitas.

-Sí. Las zapatillas vienen del jazz, con suela de goma. Y para tango hubo que cambiarles la suela por la de cromo. Piden zapatillas especialmente para la práctica, aunque también las usan en milongas más under… son para toda edad. Y las botitas las usan mucho las chicas jóvenes.

-También vendés zapatos para bailar bachata. ¿Cómo son?

-Son parecidos a los de tango, a los de ballroom. El diseño se caracteriza por muchas tiritas en el empeine, sobre la capellada, lo que les da flexibilidad, porque en la bachata se paran de punta. No así en el tango. Y el taco es chupete, apenas más bajo y más ancho en la punta.

-¿Qué materiales estás usando?

Cuero, telas, billoné, glitters, charol, estampados animal print. Acá se consiguen de China y Brasil. Trato de no usar cuero ecológico porque tiene vencimiento, se deshace.

Además de tango, hace calzado para bailar bachata y rock. Foto: Martín Bonetto

-Tenés el show room adelante y atrás el taller. ¿Quiénes trabajan con vos?

Mi mujer Analía -en ventas- mi hijo Tobías (24) y un muchacho… Todo empieza cuando armo el prototipo sobre la horma. Es un par único que lo puedo hacer completo porque sé y me gusta verlo. Cuando está terminado, lo pongo en la vidriera y veo si gusta. Es mi tester. Por lo general es un 37; se lo prueban y van opinando.

Si siento que funciona, despiezo ese molde original y se manda a hacer una escala de todos los números, a un escalista, con toda la numeración. Sigue el corte, luego el aparado o costura, el armado sobe la horma de madera, la colocación de la suela y, al final, va al empaquista que hace la terminación y lo pone en caja.

Y ahí, lo ideal, sería tener en el taller una persona que corta, otra que cose, otra que arma, otra que pone la suela y la que hace la terminación. Así es la rueda. En mi caso, las terminaciones las hacemos con mi hijo; tenemos quien cose y pone la suela… optimizamos el trabajo sin descuidar lo que realiza el colaborador.

Hay modelos que tienen muchos detalles y no se pueden hacer porque no hay un aparador que los confecciones bien en tiempo y forma, y sea rentable. O capaz lo puede hacer y después lo mato al que lo cose. O lo hace y me cobra fortuna porque le lleva mucho tiempo… Entonces fui rediseñando muchos modelos, por ejemplo, que puedan cortarse a máquina en vez de a mano. Con una máquina podés cortar en un día los 50 pares que producimos en una semana.

-Dicen que el que baila bien, puede hacerlo en alpargatas. Que los zapatos de tango son más accesorios que necesarios. ¿Qué opinás?

-Puede ser. Pero está en juego la elegancia. Muchas bailarinas profesionales vienen y se compran un par de zapatos para tango para un casamiento y después los usan para bailar. Y muchos, tanto mujeres como hombres que no bailan, los compran para una fiesta porque son más cómodos, la horma es más ancha y son livianos.

Es un negocio familiar, trabaja junto a su hijo Tobías y su mujer Analía. Foto: Martín Bonetto

-Sí. Hace poco empecé a milonguear. Y me sirvió mucho porque ahora los uso, los siento en los pies, me doy cuenta la diferencia en los diseños y puedo hacer cambios.

-También hacés zapatos para bailar rock.

-Son las botitas y las zapatillas. Ahora estoy haciendo un modelo nuevo, más varonil, pero lo pueden usar también las mujeres. Se acabó lo del varón o mujer; ahora se habla de líder y seguidor, porque los roles en el baile son intercambiables.

-¿Los hombres compran zapatos de taco?

-Vienen profesores y compran porque enseñan el rol de seguidor. Por eso fabricamos hasta el 42 y si no, se hacen a medida y por pedido. En general el bailarín varón no calza más de 41, 42. Son delgados, de contextura media. En cambio, las gringas son grandotas con pie grande, calzan 43, 44…

-¿Cuánto cuesta un par de zapatos?

-Yo los tengo a todos en 130 mil pesos, mujer y varón. Tener un precio único nos ordena y es atractivo para el cliente.

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