El corazón azul y oro empieza a palpitar más fuerte. Y no es para menos. A fin de cuentas, a orillas del Riachuelo se agita un cóctel de emociones. Adrenalina, ansiedad, ilusión, expectativa… Todas esas sensaciones anidan en la piel de los hinchas en la semana más importante del año.
Se viene el debut en la Bombonera por la Copa Libertadores, este martes contra Barcelona de Guayaquil, y después de dos temporadas ausentes, la gente se moviliza. Pero el domingo llega otro partido atrapante que lo condiciona, esa visita incómoda a River que pondrá a Boca frente a dos desafíos, ganar en el Monumental y saldar la deuda de los clásicos en la gestión de Juan Román Riquelme.
Desde que el ex enganche se hizo cargo de la conducción del fútbol xeneize, primero como vice de Jorge Amor Ameal y luego como presidente, el equipo disputó 49 clásicos y apenas ganó 11. Hubo 21 empates y 17 derrotas, es decir que su eficacia aborda 36,73%. Los números son magros. Y aunque la tendencia parecía revertirse con Diego Martínez, por un empate (con River 1 a 1 en Núñez) y cuatro triunfos (ante Racing, 4 a 2; dos veces frente a San Lorenzo, 2 a 1 y 3 a 2; y uno en Córdoba contra River, 3 a 2), la racha se cortó.
Fue justamente con la Academia (2 a 1 en el Cilindro), el 14 septiembre de 2024 y desde entonces, solo ganó uno de los últimos doce clásicos. Casualmente, fue ante River y de la mano de Claudio Ubeda, el 9 de noviembre del año pasado por el Torneo Clausura (2 a 0). Perdió media docena (tres veces con Racing, el mencionado 2 a 1 y dos veces por 1 a 0; otras dos River, 1 a 0 y 2 a 1; y una contra Independiente, 1 a 0). Empató en dos oportunidades con Racing (1 a 1 y 0 a 0), dos con el Rojo (0 a 0 y 1 a 1) y una con San Lorenzo (1 a 1).
Ubeda no quiso ir más allá del duelo con los ecuatorianos. “Cuando planificamos cada partido dejamos un mensaje claro que el más importante es el que viene. Barcelona es un equipo que juega bien de visitante y hay que tener varias precauciones. Confiamos que vamos a hacer un buen partido, solo pensamos en el martes», afirmó el entrenador en la conferencia de prensa del sábado, después de la igualdad ante Independiente.
No falta a la verdad cuando apunta que el conjunto de Guayaquil es peligroso rodeo ajeno. Sin ir más lejos, venció a Argentinos Juniors y Botafogo en La Paternal y Río de Janeiro para llegar a la fase de grupos.
El Sifón tiene claro que, más allá del duelo de la noche copera, el Superclásico lo interpelará. Sin ir más lejos, el triunfo del año pasado en la Bombonera (con los goles de Exequiel Zeballos y Miguel Merentiel) lo impulsó en la consideración de los hinchas. Hasta la derrota y eliminación frente a Racing, que se clasificó a la final del Torneo Clausura.
En cuanto a la formación, todo indica que haría diez cambios. Continuará Agustín Marchesín y volverán los habituales titulares, entre ellos el capitán Leandro Paredes, aunque para Ubeda nadie tenga el puesto asegurado. Al menos, así lo sostuvo el último fin de semana. “Lo positivo es que, en general, están todos para competir de igual a igual, y eso mejora al equipo. No hay titulares ni suplentes. Esto eleva el nivel general del equipo”, dijo con el manual de Russo, a quien acompañó hasta su fallecimiento.
Hay una duda: Merentiel arrastra una molestia física. Aunque fue suplente y entró en el segundo tiempo contra el Rojo, terminó con dificultades físicas. ¿Lo arriesgará Ubeda? ¿O continuará Milton Giménez como referente del ataque?
Hoy, toda la responsabilidad es suya. El rosarino de 56 años lo tiene claro. Arrancó con el pie derecho en la Copa ante Universidad Católica de Chile, hace once partidos que no pierde, pero la deuda interna son esos grandes partidos que deberá empezar a ganar para cristalizar un futuro más allá de junio, cuando vencerá su contrato.










