Dos mil metros son un mundo y más si son cuesta arriba y si se hacen al sprint tras 212 kilómetros pedaleando. Pero en la segunda etapa de la Vuelta fue el mundo de Visma y de nadie más, que, con un juego de trileros, doble apuesta al amarillo, resolvieron a la grande. “Es un final duro, con rampas. Será para hombres fuertes, me gusta”, resolvía Van Aert desde Montecarlo. Pero no fue tan fuerte el hombre, desdibujado por Pogacar, que le cogió la rueda, finalmente absorbidos por el pelotón. Pero justo en ese momento atacó Mathew Brennan y ya nadie pudo seguir su estela, ni siquera el supersónico Pedersen, acaso un poco Pau Miquel (segundo), yellow power. Un triunfo para paladear y Pogacar de nuevo de rojo, que, como en la jornada anterior, le arrebató el maillot a Hayter por los pelos, por centésimas.









