Hace poco más de un año, después de caer en la primera ronda de Wimbledon y acentuar así su crisis de resultados, Alexander Zverev se abrió en canal y confesó de forma pública que estaba sumergido en una profunda crisis que traspasaba la línea de los resultados y abarcaba también lo existencial. “A veces me siento muy solo ahí fuera, en la pista, sufriendo mentalmente; tratando de encontrar el camino para salir del agujero”. “No sé, en general, me siento solo en la vida. Muy, muy, muy solo…”, decía el alemán, quien después de un truculento viaje identitario por la soledad, las dudas y la crisis, con el yugo del marcador de un deporte tan erosivo como el tenis, encontró por fin la redención en París.
Caída y auge de Zverev, liberado en París: “Pase lo que pase, ahora siempre seré un campeón”










