¿Cereales solo “para machos”? La comida se convierte en el nuevo campo de batalla de la ‘manosfera’ | ICON

¿Cereales solo “para machos”? La comida se convierte en el nuevo campo de batalla de la ‘manosfera’ | ICON


“Por fin los cereales se han armado de valor y de hombría”. Ese es el lema de Man Cereal, una marca de cereales que no solo contiene creatina y un extra de proteínas -el sueño de los gym-bros-, sino que destaca por un diseño en su empaquetado que apela a la hipermasculinidad al huir de las coloridas cajas que caracterizan a la mayoría de cereales del mercado. “A medida que la masculinidad tóxica continúa extendiéndose por nuestra sociedad, existen productos de marca como Man Cereal para satisfacer a los hombres que solo quieren interactuar con cosas que sean indudablemente masculinas y que no amenacen su ego”, dice la periodista Austin Ashburn en la cuenta de Instagram de Impact, medio dedicado a analizar el consumo y la cultura popular entre la juventud.

Asegura que la masculinidad tóxica ha forzado a los hombres a sentirse avergonzados por comprar y emplear productos que tengan un packaging repleto de colores o que prometan ser buenos para la piel. Eso ha creado un nicho de mercado para hombres muy hombres, productos que hacen de la polarización su mejor campaña de marketing y defienden una idea tóxica y anticuada de la masculinidad. Un ejemplo es Bloody Knuckles (Nudillos Sangrientos), una crema de manos cuyo nombre hace pensar que quien lo usa es quien se lía a puñetazos. Según esa narrativa, la única manera plausible de que un hombre se cuide las manos sería si se las ha dañado en una pelea. También está Dr. Squatch, marca de geles y jabones cuyos envases muestran la bandera estadounidense ensangrentada y a hombres fumando en pipa. Algo parecido sucede con Man Cereal: no se trata solo del sobrio diseño de las cajas, también la narrativa que hay sobre ellas. Al sabor dulce de caramelo salado lo llaman “dominante”; al de canela, “seguro de sí mismo”; al de frutas, “legendario”; y al de bacon, “sigma”, o sea, un hombre poderoso pero independiente y libre.

“Nos dimos cuenta de que la mayoría de los hombres habían renunciado a los cereales; solo les quedaban las cajas infantiles azucaradas o las versiones saludables insípidas que no cumplían con las expectativas”, aseguran los creadores de Man Cereal. “Tras meses de pruebas, ajustes y degustaciones, creamos un cereal natural, rico en proteínas y bajo en azúcar, enriquecido con creatina. Con sabores irresistibles y una marca que conecta de verdad con los hombres”, añaden.

El periodista Paul Kita preguntó a diferentes nutricionistas qué opinaban de los ingredientes y las promesas de Man Cereal, para un artículo de la edición estadounidense de Men’s Health, y todos coincidieron en que se trataba de un producto “ridículo”. Kita se encargó de hablar de su sabor. “Lo que sea que recubre las bolitas esféricas de Man Cereal impide que el sabor se transfiera a la leche. Lo que significa que Man Cereal me privó del mayor placer de comer cereales con chocolate: poder beberme la leche con chocolate que queda en el tazón”, escribe. “Con cada sabor más horrible que el anterior, tenía miedo. Quizás eso sea faltar a mi deber periodístico, pero ¿sabéis lo que un hombre tiene que tener? Estándares”, añadió.

“Dime qué comes y te diré quién eres”, escribió Jean Anthelme Brillat-Savarin en La fisiología del gusto (Ediciones Trea, 2012). El problema es que en una cultura obsesionada con las etiquetas, la comida se ha convertido en mucho más que una necesidad: es una declaración de identidad. Lo que ponemos en el plato habla de pertenencia, estatus, sensibilidad estética e incluso de nuestros valores. Las dietas se entrelazan con cuestiones de clase, raza y nociones de sofisticación social. Y, a medida que la orientación sexual comenzó a entenderse como una expresión identitaria, las formas de alimentarse dentro de la comunidad queer también empezaron a ocupar un espacio propio dentro de la conversación cultural. El presentador de Fox News Jesse Watters criticó a Joe Biden por “lamer helado en público”, afirmando que no era “de hombres”. El analista especializado en asuntos internacionales y política exterior estadounidense Derek Davison comentó entonces que, habiendo muchas razones válidas para criticar a Joe Biden, era increíblemente gracioso que la derecha se hubiera vuelto “tan patológica que su principal argumento hoy sea ‘comer helado es de gays”.

Real men don’t eat quiche (Los hombres de verdad no comen quiche) (Pocket Books, 1982) es una guía en clave paródica de Bruce Feirstein sobre la masculinidad de su era. Afirmaba, por ejemplo, que la quiche no era algo que un hombre “de verdad” comería. Una vez más, ese “de verdad” alude al hombre heterosexual, claro. Ya al comienzo del libro, un hombre se burla de esos señores “cobardes” y “afeminados” que rechazarían un bistec con huevos. “La comida es horrible y comer es un suplicio. Yo como lo mínimo, lo indispensable y lo más rápido posible. Odio comer. Odio sentirme lleno. Los hombres que creen que cocinar los hace más masculinos son unos cobardes que le temen a la jaula y están desesperados por validar una masculinidad inexistente. Imagínate lo tonto que hay que ser para encontrar la comida entretenida. Literalmente vergonzoso”, dijo en X Andrew Tate, influencer misógino, rey de la masculinidad tóxica en Internet y defensor de la lion diet, que consiste en consumir casi exclusivamente carne, sal y agua. Sería, como el libro de Feirstein, algo que tomarse como chiste, como parodia, si no fuese por el número escalofriantemente alto de hombres que se lo toman en serio.

De hecho, si algo caracteriza al packaging de Man Cereals es negarse a hacer que la comida sea entretenida. “Creatina. Alto contenido protéico. Keto. Bajo en azúcares” es, junto a un solitario cereal, lo único que aparece en la caja. “Visualmente, los cereales Man proyectan un mensaje claro de virilidad espartana: nada de adornos, ni fruslerías ni mariconadas asociadas tradicionalmente a lo femenino, y por extensión, a lo gay», explica a ICON Mikel Iturriaga, director de El Comidista. “Con su paquete en blanco y negro, son el reverso machote de los muchos alimentos light o de dieta dirigidos a las mujeres, que suelen ser rositas y con dibujitos con curvas. Unos tratan de engatusarte diciéndote que vas a estar más delgada, y los otros, más fuerte, pero al final ambos se aprovechan de lo mismo: las inseguridades de unos consumidores bombardeados por tierra, mar y aire con la idea de que el único camino a la felicidad es tener un cuerpo normativo”.

Un profesor llamado Jacob Ryan Carlew mostró en su perfil de TikTok la presentación de uno de sus estudiantes llamada Cereales y sus sexualidades. El alumno comentaba que era evidente que los Fruit Loops (de Kellogs, muy coloridos) son gays, los Crunch Berries (con un capitán bigotudo en la caja) experimentan con la bisexualidad y los Lucky Charms (con una especie de duende que sujeta un arco iris), pansexuales. Bobby Lee y Andrew Santino, del podcast Bad Friends, debaten acerca de cuáles son los cereales más y menos gays. “Yo diría que los más hetero serían los Cheerios. O unos copos de avena sin jarabe de arce, sin pasas, sin nada. Y con un café sin leche”, dicen. “El más gay sería unos Fruit Loops con mermelada y té”, aseguran.

“El producto en sí no resiste el más mínimo análisis nutricional: son unos cereales de desayuno tan ultraprocesados como un Phoskito, enriquecidos con unas proteínas que en realidad no necesitas para nada ni van a mejorar tu salud o tu aspecto, y suplementados con una sustancia cuya eficacia real está limitada a casos muy puntuales, la creatina”, añade Mikel Iturriaga. “Su única virtud sería la de no llevar azúcar añadido, pero más allá de eso, son el enésimo intento de la industria alimentaria de venderte comistrajos funcionales absurdos e innecesarios con supuestas coartadas científicas. En cualquier caso, todo eso da un poco igual para la inmensa mayoría de sus potenciales consumidores, que no saben o no quieren ver esa realidad. La promesa de que desayunando esta basura vas a molar (y follar) más es lo importante. La presión que sienten muchos hombres para estar más fibrados y musculados es enorme, y la falsa creencia de que atiborrarte a proteína te va a dar vigor y potencia ya está implantada en los cerebros de la mayoría de la población, así que cualquier otra consideración pasa a segundo plano”.

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