Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia logró editar el ADN de embriones humanos tempranos con una precisión sin precedentes. El avance, liderado por el genetista Dieter Egli, utilizó una tecnología reciente conocida como edición de bases, la cual permite reemplazar letras genéticas individuales en las secuencias de ADN. Este logro abre la perspectiva de la ingeniería de embriones, un escenario que genera alarma entre los bioeticistas a nivel global.
La investigación, que ya se encuentra publicada en la web y bajo revisión para una revista científica, busca corregir mutaciones genéticas sin provocar los daños extensos en el genoma que caracterizaban a los métodos anteriores. El hallazgo promete reavivar una controversia de años, dividida entre quienes defienden la reparación de enfermedades hereditarias y quienes advierten sobre una posible deriva hacia la eugenesia.
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A diferencia de la conocida herramienta CRISPR, introducida en 2012, la edición de bases no corta de forma drástica los fragmentos genéticos. Según los antecedentes recolectados por Egli en 2020, el uso de CRISPR en embriones con la mutación del gen EYS provocó consecuencias absolutamente catastróficas en la mitad de los casos, destruyendo cromosomas enteros.
Ante este panorama, el método desarrollado originalmente en 2016 por David Liu, genetista de la Universidad de Harvard, se posicionó como una alternativa superadora. La edición de bases solo realiza una pequeña muesca en una hebra de ADN y guía a la célula para reparar la mutación de forma controlada.
En este nuevo experimento, el equipo de Columbia se propuso alterar dos genes específicos: el PCSK9, vinculado al riesgo de enfermedades cardíacas por niveles de colesterol LDL, y el HBG, que dirige la producción de hemoglobina en fetos. Los investigadores introdujeron los editores en óvulos fertilizados y embriones de dos células, logrando modificar con éxito ambos genes de manera simultánea en algunos casos.
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Los riesgos del mosaicismo genético y la optimización de embriones
Pese al éxito inicial, los científicos advirtieron que las ediciones aún no fueron perfectas. En varias ocasiones, las moléculas no detectaron el ADN objetivo, provocando que algunas células mantuvieran su estado original y otras resultaran alteradas. Este fenómeno convierte a los embriones en mosaicos genéticos, una condición que podría desencadenar problemas médicos si se desarrollaran hasta el nacimiento.
Debido a estas variables, especialistas externas como Ana Iltis, bioeticista de la Universidad de Wake Forest, manifestaron su preocupación. La experta señaló que evaluar la seguridad de este método requiere análisis complejos, ya que algunos efectos potencialmente dañinos podrían no ser evidentes hasta después del nacimiento.
Por su parte, Nathan Treff, director clínico de Nucleus Genomics y coautor del estudio, defendió la utilidad clínica del avance para la fecundación in vitro. Según Treff, la técnica permitirá reparar mutaciones en embriones que habitualmente se descartan en las clínicas de fertilidad.
La empresa Nucleus Genomics, que financiará la próxima etapa de la investigación de Egli, ya comercializa el análisis de embriones para detectar riesgos de afecciones como diabetes y rasgos físicos. Recientemente, la firma generó fuertes críticas tras lanzar campañas publicitarias que invitaban a los usuarios a «tener a su mejor bebé», lo que fue catalogado por detractores como una biotecnología eugenésica.
La oposición del proyecto
Desde la vereda opuesta, científicos como Fyodor Urnov, genetista de la Universidad de California en Berkeley, cuestionaron la necesidad de arriesgarse con técnicas experimentales en embriones humanos. Urnov afirmó que la selección tradicional en fecundación in vitro es segura y argumentó que este nuevo método proporciona un manual para avanzar más allá de los límites éticos a quienes buscan el diseño a la carta de rasgos humanos.
Finalmente, el propio Egli aclaró que la investigación aún no está lista para aplicarse en clínicas y que quedan muchas preguntas sin respuesta. Respecto a la modificación de múltiples rasgos, el científico estimó que existe un límite técnico complejo, ya que la mayoría de las características humanas dependen de cientos o miles de genes interactuando entre sí.
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